Cuando pase la pandemia

03 Jun 2020 Por Marcelo Aguaysol
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La sangre no llegó al río. El bloque oficialista legislativo no se quebró. No hay llaneros solitarios, como tampoco un escenario de enfrentamiento entre sus miembros. Los cortocircuitos en tiempos de pandemia no fueron más que eso. En la bancada no miraban con buenos ojos las jugadas de Gerónimo Vargas Aignasse, uno de los legisladores más cercanos al gobernador Juan Manzur. Osvaldo Jaldo, el presidente de la Cámara, había advertido, un día antes de la cumbre, que no se pondrían palos en la rueda si alguno decidía sacar los pies del plato. Pudo haber sido una frase más, pero no. La dijo horas después de un encuentro en la Casa de Gobierno con el propio titular del Poder Ejecutivo. Otra tregua más y van...

Manzur arrancó el año con la idea de observar si había consenso social para permitirle un mandato más después de 2023. Su proyección electoral fue muy prematura. En el medio pasó una batería de medidas de ajuste que, al final, terminaron esfumándose hacia marzo. Y luego vino la pandemia del coronavirus que, entre otras situaciones, le permitió recuperar el centro de la escena y capitalizar todo lo que Alberto Fernández le prometió antes de convertirse en presidente de los argentinos: un respaldo financiero a una provincia cuyas finanzas lucen deficitarias.

En la última semana, el gobernador logró que el Ministerio del Interior, a través del Fondo Fiduciario para el Desarrollo Provincial, le acreditara $ 6.000 millones en un préstamo que recién comenzará a pagarse el 1 de enero de 2021. De esta manera, el rojo fiscal presentado al mismo ministro de Economía, Martín Guzmán, en Buenos Aires, se reduce a $ 12.000 millones. No es un dato menor tampoco. Se trata de un monto equivalente a dos planillas salariales. Ese déficit tiene mayores márgenes de maniobra. Asimismo, el propio Fernández firmó la resolución para enviar, en los próximos días un 30% de una partida total calculada en $ 1.800 millones para encarar obras hídricas, tal el acuerdo suscripto hace algunos días en Tucumán.

La Ley Micaela permitió al Ejecutivo reunir a la totalidad de los intendentes en el Salón Blanco de la Casa de Gobierno. Más allá de la capacitación que ese programa implicará en cuestiones de género, la postal le sirve al mandatario para mostrar que mantendrá la tutela financiera a esas jurisdicciones, incluyendo a la Capital. La relación con el intendente Germán Alfaro está reencauzándose y parece que hay más sintonía que en otros tiempos. Pensando en tiempos electorales, no es descabellado sugerir que el acompañamiento del jefe municipal será vital para el test electoral de medio turno que se avecina para 2021. Independientemente de las candidaturas, a Manzur esas elecciones le marcarán si goza de la popularidad de los votos o si deberá conformarse con el “Plan B”, ese que pergeñó a principios de año: imitar a Cristina Fernández de Kirchner y convertirse en el gran elector. El gobernador ha ensayado varias fórmulas en el laboratorio justicialista. Pero no hizo más que enfermar al paciente peronista. Jaldo ha sido uno de los principales infectados por el virus de la corona-2023. Las bendiciones prematuras de Manzur a algunos postulantes fueron el principal motivo de los chisporroteos de la fórmula gubernamental. El mandatario se ve, en caso de no lograr la reelección, volviendo a la Legislatura, de la misma manera que Jaldo siente que dentro de tres años tendrá la oportunidad de luchar para llegar a la Casa de Gobierno. Ese choque de aspiraciones es constante; pero, como en las novelas, las peleas matutinas se convierten en reconciliaciones nocturnas que dejan en off side a la dirigencia.

Las peleas del pasado (Ramón Ortega vs Julio Díaz Lozano; José Alperovich vs Fernando Juri, por mencionar algunas) son un claro ejemplo de que el Partido Justicialista, hoy como barco insignia del Frente de Todos, puede llegar a tambalear en las urnas si, por esos enfrentamientos, baja el piso histórico de sufragios a menos del 45%. Hacia el futuro eso es más que peligroso para el PJ. La sociedad está más divorciada que antes de la política y de los nombres que vienen repitiéndose en las boletas que se depositan en las urnas. Esa es la clave real por la que Manzur y Jaldo siguen unidos. Y continuará así, al menos hasta después de 2021, si es que alguno de ellos encuentra el antídoto para reconciliarse con los votantes y avanzar con sus proyectos políticos. Eso abre dos escenarios: el de una puja directa entre Manzur y Jaldo o, definitivamente, la repetición de la fórmula. Todo comenzará aclararse cuando pase la pandemia.

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