
WASHINGTON, Estados Unidos.- El asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Robert O’Brien, rechazó que en los cuerpos de policía del país haya un “racismo sistémico” y atribuyó a unas pocas “manzanas podridas” incidentes como el que la semana pasada costó la vida al afroamericano George Floyd. “No creo que haya un racismo sistémico. Creo que el 99,9% de nuestros agentes son buenos americanos”, afirmó O’Brian. En una entrevista con la CNN, O’Brian recordó que muchos policías son afroamericanos, “hispanos” y asiáticos y “creo que son estadounidenses extraordinarios. Son mis héroes”. “Pero hay algunas manzanas podridas dentro que dan mala fama. Hay algunos malos policías que son racistas y hay policías que puede que no tengan la formación adecuada y hay otros que simplemente son malos policías que deben ser extirpados”, agregó.
Agentes como el “sucio policía que mató a George Floyd” deben ser extirpados, dijo, sin mencionar a Derek Chauvin, quien el lunes 25, tras detener y esposar a Floyd lo mantuvo contra el piso durante 9 minutos, con la rodilla apoyada en el cuello, sin hacer caso a los ruegos del afroamericano, que le decía que no podía respirar. Chauvin fue detenido e imputado por asesinato el viernes, cuando las protestas ya estaban en plena expansión.
O’Brian recordó que Chauvin tiene un “largo historial de estas conductas”, e intentó criticar a los fiscales y la dirección de la Policía por no haberlo corrido.
La negativa del gobierno a reconocer la responsabilidad de la Policía y de su propia narrativa “amable” con los movimientos supremacistas blancos y de ultraderecha no ha hecho más que encender la indignación, en una nación dividida política y racialmente.
Anoche, decenas de ciudades se preparaban para enfrentar otra ola de protestas. Los manifestantes se estgaban volcando a las calles, después de semanas de confinamientos debido a la pandemia de coronavirus, que dejó a millones sin trabajo y afectó con más fuerza a las comunidades minoritarias.
Las multitudes y la presencia de miles manifestantes que no llevaban mascarillas provocaron temores de un resurgimiento de covid-19, que ha costado las vidas de más de 100.000 estadounidenses. La violencia se extendió durante la noche del sábado, a pesar del toque de queda en varias ciudades importantes sacudidas por los disturbios en los últimos días, incluyendo Atlanta, Los Ángeles, Filadelfia, Denver, Cincinnati, Portland, Oregón y Louisville, Kentucky. Las protestas estallaron en Chicago, Seattle, Salt Lake City, Cleveland y Dallas, donde se vio en video a manifestantes golpeando al dueño de una tienda que los persiguió con un machete. (Reuters)







