San Martín camina por un hilo finito y peligroso

29 May 2020 Por Guillermo Monti
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San Martín transita por la cornisa en plena ventolera. Está solo en una pelea contra enemigos tan poderosos que tienen todas las cartas, las fichas, el paño y al croupier de su lado. La “nueva” AFA le provocaría vergüenza al propio Julio Grondona, que de estar vivo seguramente habría ido preso (figura como “co-conspirador número 10” en el informe del FBI que desnudó la corrupción en el fútbol internacional, el “Fifagate”). A esta “nueva AFA” le sobran personajes capaces de cualquier cosa en el juego del poder, dirigentes que a Grondona ni se le hubiera ocurrido elevar a puestos claves. Contra este entramado, lo de Roberto Sagra no sólo es quijotesco, también es riesgoso, y ya se lo hicieron saber al denunciarlo ante el Tribunal de Ética y Disciplina (de la propia AFA, o sea que el denunciante es juez y parte). Sin dejar de apuntar que un Tribunal de Ética, tratándose de esta AFA, carece de credibilidad y de prestigio. Pero no nos vayamos por las ramas.

A San Martín la puerta del reclamo se la abrió la propia AFA cuando dio por terminada la temporada en todas las categorías, cancelando los descensos y determinando -de prepo- la clasificación a las copas internacionales. Estaba claro que los ascensos se definirían de acuerdo con las posiciones de los torneos al momento de la suspensión de la actividad. “En caso de que suban Atlanta y San Martin de Tucumán serían los primeros de cada zona; en caso de que sean San Martín y Defensores de Belgrano, los mejores dos de la tabla general”, sentenció Marcelo Achile. Hay que grabarse a fuego esta frase y ese nombre.

En el medio pasó lo que todos sabemos. La marcha atrás. La voz del presidente Claudio Tapia cambiando de parecer y afirmando que los ascensos se definirían en la cancha. Claro que sin especificar cómo ni cuándo, sencillamente porque no lo sabe. Nadie tiene una idea precisa sobre la manera en la que el fútbol saldrá del intríngulis en el que se metió por culpa de no haber cerrado la boca a tiempo. Bastaba con seguir el ejemplo de los europeos: se limitaron a desensillar hasta que aclare, sin hacer promesas sobre el bidet. Pero no, la “nueva AFA” se encerró solita y en el camino dejó a San Martín pedaleando en el aire.

Lo que viene

San Martín presentó un pedido de reconsideración que el Comité Ejecutivo no tiene apuro en resolver. Estiró el plazo hasta el 7 de junio, pero nadie se hace ilusiones. Lo lógico es que rechace el planteo del club, lo que conduce a la promocionada apelación ante el Tribunal Arbitral Superior. Ese TAS del que tanto se habla funciona en Suiza y no lo hace gratis. Iniciar el trámite le costará a San Martín 50.000 euros (unos $ 3,8 millones al cambio oficial de ayer) y al costo económico se sumará la rotura de puentes que siempre implica acudir a una instancia superior. Así que antes de golpear la puerta del TAS, recurso extremo si los hay, seguramente Sagra apelará a la negociación política.

En este terreno San Martín tampoco lleva las de ganar. Daniel Angelici, un aliado de Sagra, salió de la escena -por el momento- y la capacidad de influencia que mantenga, en el caso de que esté dispuesto a desplegarla, la jugará desde afuera. Tapia podrá acreditar su pertenencia a Barracas Central, pero siempre fue una pieza del mundo Boca. Hoy, por conveniencia, tiene cerca a Amor Ameal, el presidente que -por obra y gracia de Juan Román Riquelme- extirpó al angelicismo de La Ribera. Tapia y Angelici eran buenos amigos, pero al parecer la relación se enfrió al punto de que ni Carlos Tevez, un amigo común, consiguió reunirlos. De todos modos, nadie imagina que Tapia vaya a cortar sus nexos con un operador tan poderoso de la política nacional como Angelici.

La “nueva AFA” sintoniza una onda acorde con los vientos que soplan en la Casa Rosada. Que Rodolfo D’Onofrio -y River por detrás- forme parte del flamante Comité Ejecutivo es una prueba. D’Onofrio se mantuvo fuera de ese radar durante los cuatro años de Cambiemos. Tapia celebró como un gol (propio) el retorno de ese hijo pródigo a la AFA. En esa mesa chica de las decisiones también se sienta Hugo Moyano, que además de presidir Independiente es el suegro de Tapia. A fin de cuentas, todo queda en familia.

Protagonistas

La cuestión es dilucidar cuáles son las puertas que Sagra puede golpear con la esperanza de que lo inviten a pasar. El Gobierno nacional está demasiado ocupado en la crisis sanitaria como para enfrascarse en esta clase de conflicto. En otros tiempos un contacto en las altas esferas era moneda corriente, hoy es impensado un escenario en el que Juan Manzur distraiga al Presidente de la Nación, en plena pandemia, con una cuestión futbolera. En ese sentido, el coronavirus también está complotado contra San Martín.

¿Y qué hay de los pares de Sagra, los dirigentes del ascenso? Acá los enemigos se pintaron la cara para la batalla.

Es cierto que a Sergio Massa le encantaría encontrar un atajo para llevar a su amado Tigre a Primera. Pero antes que por Massa, los hinchas deberían estar atentos a las movidas de Achile. Sí, el mismo que hace unos meses daba por hecho el ascenso de San Martín. En su caso, el pez por la boca no murió.

Achile es uno de esos personajes en los que Tapia se apoyó para construir su formidable salto a la conducción de la AFA. A cambio lo premió con una de las vicepresidencias. O sea que el dirigente más interesado en que San Martín no ascienda, en su carácter de mandamás de Defensores de Belgrano, es un incondicional del presidente y forma parte del Comité Ejecutivo. ¿Cómo hizo Achile, con pasado ligado a la barra brava, denuncias por violento y negocios que incluyeron la propiedad de un boliche (Millenium) que funcionó sin autorización dentro del predio del club para acumular tanto poder?

El rastro de su actuación pública, antes de ser elegido presidente de Defensores de Belgrano, lo liga a Alberto Fernández. Su militancia en el albertismo porteño lo condujo a la jefatura de Gabinete en la Secretaría de Deportes de la Nación, en los años en que Claudio Morresi conducía ese organismo. De Achile se recuerda que manejaba la caja y era el encargado de repartir subsidios a los clubes. En 2016, cuando el caos era mayúsculo, Achile lanzó su candidatura a la presidencia de la AFA y hasta empapeló Buenos Aires con afiches. Le faltó espalda en ese momento, pero el suyo fue un mensaje pintado con el color de la ambición.

Hoy Achile es un peso pesado de la “nueva AFA” y cuenta con el respaldo suficiente para haber cambiado su discurso hasta afirmar: “acá el campeonato estaba abierto. San Martín había perdido los dos últimos partidos, así que desde lo deportivo venía cayendo. Me extraña que tome una posición individualista. No tienen por qué sentirse perjudicados en Tucumán. Creo que San Martín quiere aprovechar la pandemia para un beneficio personal. Arengan porque en algún momento se sintieron campeones de algo que no fueron”. Defensores de Belgrano era el escolta de San Martín en la zona y debía recibirlo en su estadio. Para Achile, como para todo Defensores de Belgrano, la posibilidad de subir a Primera es ahora o nunca.

La “nueva AFA” alberga también al clan santiagueño. Uno de esos dirigentes, al que Sagra viene criticando sin eufemismos, es Pablo Toviggino, quien desde la presidencia de la Liga Santiagueña fue escalando posiciones hasta tornarse imprescindible en el esquema de poder diseñado por Tapia. Toviggino es el tesorero de la “nueva AFA”, pero sus funciones van más allá de manejar los números. Se trata del máximo operador de Tapia, de perfil bajísimo y muy ejecutivo en el día a día de una organización tan compleja, llena de recovecos. El hombre ideal para que Tapia se ocupe de lo que le gusta: la Selección nacional y las relaciones públicas.

De Toviggino se dice que le gusta más la equitación que el fútbol. Es muy cercano al gobernador Gerardo Zamora, a quien le brindó un servicio inestimable: preservar a Central Córdoba del descenso por los próximos dos años. Alguna utilidad hay que darle al estadio nivel primer mundo que Santiago tiene listo para el estreno.

El otro miembro del clan es un viejo conocido de los tucumanos, Guillermo Raed, presidente de Mitre y representante en el Comité Ejecutivo de los “clubes del interior”. Achile, por su parte, representa a los clubes del ascenso del área metropolitana. Ninguno de esta lista puede considerarse aliado de San Martín. Lo de la soledad en la pelea no es una metáfora, por más que Amor Ameal haya hablado en favor de dar por terminada la Primera Nacional. Una cosa es declarar y otra levantar la mano al momento de una votación.

En síntesis

La marcha del sábado pasado fue, cuanto menos, una irresponsabilidad. “Es que ustedes no entienden la pasión”, decían los hinchas que marcharon en respaldo de la dirigencia. Una cosa es la pasión, otra quebrar la normativa en el marco de una delicadísima situación sanitaria. El mundo San Martín está ansioso, expectante, movilizado, aunque demasiado lejos de la cocina de las decisiones.

La situación de Sagra es por demás incómoda. Asumió un compromiso ante su gente -socios e hinchas- y se mueve en consecuencia, tomando decisiones al filo (¿una apelación al TAS no debería contar con el aval de una asamblea?, aún a sabiendas de la emergencia por la pandemia). Por ahora hay un factor favorable a San Martín y es el tiempo. Cada semana que pasa complica la hipotética programación de lo que faltaría jugar del torneo. Sin contar lo referido a contratos y a gastos, una bomba que la “nueva AFA” intenta desactivar con la misma torpeza que exhibe en casi todos los frentes. Para San Martín, lo esencial es que cada movida no se convierta en un bumerán, porque en el fondo late una preocupación: que a todo esto, de la manera más contundente, se lo hagan pagar.

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