Los juegos en la época colonial: ¿cómo se divertían los niños?

Hay juegos típicos del periodo de 1810 que aún continúan vigentes. Cambió la confección, pero no la risa.

26 May 2020 Por Guadalupe Norte
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EN GRUPO. Las escondidas, la rayuela y el gallito ciego divertían las tardes.

Pese a que el proceso revolucionario estaba en marcha, en el Virreinato del Río de La Plata aún había tiempo para divertirse.

Carentes de la tecnología que tenemos ahora, durante el periodo de 1810, los niños solían pasar el rato jugando a las escondidas, saltando la cuerda, remontando volantines o persiguiéndose con el gallito ciego.

También, el ocio los llevaba a medir sus destrezas con el yo-yo, el balero, el diábolo y los trompos; todos ellos hechos de madera ante la inexistencia de materiales de plástico. En el caso de las pelotas, estas eran de trapo y solían forrarse con medias.

“Otras alternativas eran los caballitos de tela o la payana. Un juego en que hay cinco piedras (más o menos parecidas) y tenés que tomarlas del suelo, de a una, e ir colocándolas en la palma de la mano”, comenta Mirta Mabel del Valle Catania, jefa del área educativa del Museo Casa Histórica.

Sin embargo, las diferencias de estatus siempre estaban presentes. Para los niños que pertenecían a las clases bajas no existían distinciones de género a la hora de entretenerse. Pero, en las familias pudientes, las mujeres podían pasar el rato con muñecas o practicando dominó. El resto del día, ajenas a las actividades físicas, se les enseñaba a cocinar o a bordar.

“Las muñecas de la élite eran confeccionadas con tela (para armar el cuerpo) y con porcelana para crear la cabeza, las piernas y los brazos. En cambio, la plebe las hacía con retazos de tela”, añade Catania. El ocio en el periodo colonial se acompañaba además con la rayuela, la taba y las bolillas (que, según apuntan algunos historiadores, eran piedritas o esferas de barro seco).

LA SOGA. Se jugaba en las calles.

En lo que respecta a los juegos de mesa, hay páginas educativas que registran dados, cartas y diseños de tableros similares a “La oca”. Lo curioso es que muchos de estos objetos han resistido los años e incluso siguen siendo una alternativa lúdica en nuestro presente. Nuevamente, la historia se filtra por pequeños huecos del tamaño de una canica.

Curiosidad

Cuando no era un caldero de agitación política, la Plaza de Mayo representaba un espacio de distensión con shows circenses o comedias gauchas ocasionales.

En el libro “Mil y una curiosidades de Buenos Aires”, escrito por Diego Zigiotto, se detalla que en 1758 ocurrió el primer espectáculo de acrobacias al tenderse una soga entre dos edificios cercanos al Cabildo.

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