
Según la mitología griega, Sísifo era el rey de Ephyra, una próspera ciudad en Corinto. Su padre era el rey Eolo de Tesalia y su madre Enarete. Estaba casado con la ninfa Merope, con quién tuvo cuatro hijos.
Sísifo era un rey muy astuto y gracias a él, Ephyra se convirtió en una ciudad muy próspera, un lugar donde fluía el comercio, tanto por tierra como por mar. Sin embargo, para lograr tal prosperidad recurrió a trucos y engaños.
Tanto es así que en muchas ocasiones violó el acuerdo de hospitalidad que había creado Zeus que promovía la generosidad con los viajeros que llegaban hasta otras tierras. Así Sísifo llegó a terminar con las vidas de muchos extranjeros para demostrar que además de astuto era despiadado. Pretendía que los hombres le tuvieran respeto y también miedo.
Zeus y Hades, hartos de los ardides y engaños de Sísifo, le impusieron un castigo ejemplar. Le condenaron a empujar eternamente una pesada piedra por la ladera de una empinada montaña. Al llegar a la cima, la roca rodaría hasta el valle y Sísifo tendrá que recogerla y volver a empujarla ladera arriba. Así se repite por toda la eternidad. Sísifo empujando la piedra hacia la montaña para que ésta vuelva a caer ladera abajo.
Default en 2001
En diciembre de 2001, luego de tomar posesión de su cargo de Presidente y frente a la Asamblea Legislativa en el Congreso, Adolfo Rodríguez Saá anunció la suspensión del pago de la deuda externa. Los miembros de la Asamblea Legislativa bochornosamente aplaudieron de pie como si el árbitro hubiera terminado el partido que consagrara a la Selección Argentina campeona del mundo. De esta manera, el país incumplió el pago de su deuda externa por la suma de 144.000 millones de dólares.
Roberto Lavagna, Ministro de Economía de Duhalde y de Néstor Kirchner lideró el proceso de negociación de la deuda en cesación de pago. Resumidamente, hubo dos exitosos canjes de esa deuda en los años 2005 y 2010, con quitas importantes de capital (nominal), espera y plazo para pagar. Sin embargo, tenedores de deuda en default -conocidos como holdouts- por 11.000 millones (7% aproximado del total defaulteado) no adhirieron a los citados canjes.
Muchos de esos tenedores de bonos en cesación de pago eran fondos buitres, que son fondos de capital de riesgo que mediante la especulación financiera compran títulos de deuda de países en una situación económica difícil, o incluso ya en default, a precio muy bajo para luego litigar en los tribunales internacionales e intentar cobrar la totalidad del valor de esos bonos. De esta manera, iniciaron el reclamo de su crédito ante la Justicia de Nueva York, específicamente ante el Tribunal del ya fallecido Juez Griesa.
El citado Juez entendió en febrero de 2012 que Argentina había violado los derechos de los tenedores de bonos en default y obligó al Gobierno Nacional a pagar a los holdouts conjuntamente y en proporción con el pago a bonistas de deuda reestructurada. Inclusive, y luego de varios años de duro batallar tribunalicio, llegó a definir a la Argentina como un “deudor recalcitrante” por su aversión a aceptar la deuda contraída y negociar el cumplimiento de su obligación.
Tanto la Cámara de Apelaciones como la Corte Suprema de Justicia (por omisión a entender en el asunto) ratificaron la posición del Juez Griesa, por lo que a mediados de 2015 no sólo mantenía deuda en cesación de pagos, sino que incumplía una sentencia judicial emitida por el Juzgado que el propio país había elegido para dirimir sus controversias con los bonistas.
El Gobierno de Macri consideró que terminar los juicios de la deuda en cesación de pagos era importante para poder acceder al mercado internacional, por lo que a pocos meses de asumir solucionó catorce años de conflictos con los tenedores de deuda soberana.
A la vez, el Gobierno de Cambiemos realizó durante su mandato importantes emisiones de deuda pública e instrumentó un préstamo por 56.000 millones de dólares con el FMI, convirtiendo a la Argentina en el mayor deudor de este organismo. De esta manera, el ratio de deuda pública/PBI aumentó durante el gobierno macrista. Más allá que los funcionarios salientes manifiestan que más de 2/3 de la deuda contraída fue para pagar deuda existente y financiar el elevado déficit fiscal recibido del período kirchnerista.
Oferta inicial del Gobierno
Ya desde la campaña electoral, el actual Presidente manifestó que la deuda pública no podía obstaculizar el crecimiento del país, por lo que el mercado descontaba una reestructuración de deuda, y hasta temía un nuevo incumplimiento en su obligación de pago. Así, a mediados de abril, el ministro Martín Guzmán presentó la propuesta unilateral de canje de títulos argentinos bajo legislación extranjera por 66.000 millones de dólares.
La oferta del Gobierno consiste en canjear 21 bonos por papeles con vencimiento 2030, 2036, 2039, 2043, 2047. La mayor reducción pasaría por el recorte de cupones, implicando un ahorro de 37.900 millones de dólares. El costo promedio bajaría de 6,7% a 2,33%. Los intereses se capitalizarían hasta 2022, fecha de primer pago, a una tasa creciente desde 0,5% hasta 4,75% para el vencimiento más largo.
El principal atractivo de la oferta argentina es que la quita de capital promedio es baja (5,4%), acelerando ciertos pagos. Se reemplazan bonos que mayormente cancelaban capital al vencimiento por bonos que lo amortizan en cuotas. Por ellos, algunos analistas consideran que la propuesta es interesante para quiénes entren con bonos cortos o sean inversores de largo plazo.
Los vencimientos de deuda del país este año bajo legislación extranjera (la que se está negociando ahora) son bajos en comparación con los compromisos en dólares que tiene por bonos bajo ley local, y que ya postergó para el año que viene mediante un decreto. En total, son 4.500 millones de dólares que el Gobierno debería desembolsar en lo que resta del año.
El pasado 22 de abril vencieron intereses de los bonos a reestructurar por 503 millones de dólares correspondientes a los cupones de los bonos globales 2021, 2016 y 2046, por lo que ya están corriendo los 30 días de gracia antes de que Argentina entre, nuevamente, en default.
Los bonistas con los que negocia contrarreloj el Gobierno se pueden dividir en 3 bloques. Grupo Argentina Ad Hoc, que lidera BlackRock, Fidelity y Ashmore; el Comité de Acreedores de la Argentina, encabezado por Greylock Capital; y el Grupo de Bonistas del Canje, integrado por Monarch, Cyrus, HBK y VR, entre otros fondos de inversión.
Estos representantes financieros tuvieron una posición inicial hostil y se preparaban para un posible default del 22 de mayo. Afortunadamente, el Gobierno modificó su supuesta posición inamovible y se abrió lugar a una negociación seria y lógica como este caso amerita. Así, los grupos de bonistas acercaron contrapropuestas y se encuentran negociando. Difícilmente lleguen a un acuerdo antes del viernes 22. Sin embargo, si las partes llegan en buenos términos y deseos de concordar una propuesta satisfactoria, los bonistas podrían no solicitar la aceleración de los bonos e iniciar acciones ante los tribunales extranjeros. Así, se evitaría que la salida de la crisis por el Covid-19 sea aún más complicada.
El incumplimiento de pago trae aparejada una serie de complicaciones y adversidades que el Gobierno debería evitar. Imposibilita el acceso al mercado de crédito, a la vez que empeora el clima de negocios y disminuye (o hasta frena por completo) la inversión extranjera directa. A la vez, se pierden beneficios comerciales y complica las negociaciones comerciales en curso que fomentan e incentivan las exportaciones. También afecta a las empresas multinacionales instaladas en Argentina, ya que sus casas matrices restringen las inversiones de los países en default. Por último, el mercado podría reaccionar de forma negativa ante la cesación de pago y con consecuencias aún más complejas para el sistema financiero y el resto de la deuda soberana.
La situación no es la misma que aquella de diciembre de 2001 dónde la Asamblea Legislativa vitoreaba el default de la deuda soberana. Sin embargo, es importante notar que a tan solo 4 años de salir de uno de los incumplimientos de deuda más grandes y largos de la humanidad, nos encontramos a pocos días y contrarreloj negociando con acreedores para evitar entrar nuevamente en cesación de pagos por la suma no menor de 66.000 millones de dólares. Cómo Sísifo, que a poco de llegar a la cima ve como la piedra vuelve a caer por la ladera.







