La cuarentena alentó las compras solidarias: del campo directamente a la mesa familiar

Un puente entre pequeños productores hortícolas y los hogares de los trabajadores, sin pasar por intermediarios, baja al 75% el precio de los alimentos.

22 May 2020 Por Magena Valentié

La última semana de marzo los precios de las frutas y verduras subieron hasta un 200% en los comercios de cercanía. La cuarentena tomaba de rehenes a los atribulados consumidores, que no podían salir a buscar ofertas, mientras la billetera adelgazaba por los escaso o nulos ingresos de la gente que no podía salir a trabajar. Fue por esos días que comenzaron a organizarse las compras directas, de los campos a la mesa de los consumidores. Fue cuestión de organizarse: unir dos puntas, normalmente separadas por un montón de intermediarios (fleteros, puesteros, changarines y verdulerías) . Y el resultado ... es mejor que lo cuenten sus artífices.

EN LA QUINTA. Bety Vera junto a tres de sus cinco hijos que la ayudan en el campo que arrienda en Benjamín Paz, localidad de Trancas.

“Notábamos que los pequeños productores agropecuarios tenían graves problemas de comercialización. Si bien era una de las actividades que estaban exceptuadas por la cuarentena muchas veces eran detenidos por la policía. Y las frutas y verduras estaban cada vez más caras. Entonces desde la Secretaría de Agricultura Familiar de la Nación en la Provincia pensamos cómo ayudar a los productores y, a la vez, lograr que los productos lleguen a un precio más razonable. Desde las manos del productor a las del consumidor las verduras pasaban por cinco intermediarios y eso encarecía muchísimo”, explica el coordinador de la secretaría en Tucumán, Lisandro Herrera.

La gran preocupación surgió cuando comenzó a faltar la mercadería en los comedores. Herrera proviene del Movimiento Evita que tiene 65 comedores y merenderos en la provincia. Todo eso lo empujó a tratar de unir las dos puntas: los horticultores y los consumidores a los que llegó mediante la articulación con la CGT. José Luis Imaín, secretario de Políticas Educativas fue el encargado de enriquecer la logística con una inscripción por WhatsApp de las familias que querían comprar un combo solidario (8 kg de verduras y frutas) a $ 250.

“Comenzamos hace dos semanas y ya estamos superando las 600 familias. La gente está feliz porque se ayuda a muchos trabajadores que quedaron fuera de las políticas públicas y también a los pequeños productores. Pusimos en conocimiento del Comité Operativo de Emergencia esta iniciativa para avale los traslados”, aclara Imaín. El proyecto pronto se hizo más grande porque el dirigente de la CGT sumó a la CTA, que sociabilizó el programa con los trabajadores de los gremios que la integran. “La idea es llegar cada vez a más trabajadores. Por ahora tenemos ocho puntos de retiro de la mercadería en la capital, de acuerdo a las zonas. Ya está separada en bolsones. La gente se anota por el grupo de WhatsApp y cuando llega la mercadería concurre al lugar que le toca, paga y retira el bolsón. Los gremios facilitan sus sedes pero también se hacen las entregas en garages de voluntarios”, explica Imaín.

A PURO SACRIFICIO. De esta manera, con ayuda del caballo, los pequeños productores de Tucumán siguen trabajando la tierra.

Las personas interesadas pueden concurrir a Raúl Colombres 620 o comunicarse con Herrera al teléfono celular 3815288943. O bien enviar un mail a [email protected] Los bolsones se entregan dos veces por semana.

Productos tucumanos

Unos 150 productores intervienen con sus cosechas: cada combo contiene hortalizas de San Javier, Trancas, Benjamín Paz, Choromoro, San Pedro de Colalao, Burruyacu, Yerba Buena y otras zonas. De Tafí Viejo vienen naranjas y limones. “Y a partir de esta semana el Movimiento Nacional Campesino e Indígena se encargará de abastecer a la parte sur de la provincia”, añade Herrera. Los combos contienen acelga, zapallo, batata, papa, naranjas, pimiento, cebolla, lechuga y chaucha.

La rúcula se pudrió

Con la cuarentena los bares cerraron y toda la rúcula que Diego Gálvez tenía para venderles quedó en el cerco. Lo mismo lo pasó a la lechuga y a la remolacha. “No las pudimos vender, los bares eran los únicos que nos compraban”, se queja el productor de San Javier. “Lo único que tiene salida este tiempo es la acelga”, se lamenta.

Alejandro Quispe, de Benjamín Paz admite que las ventas directas le convienen mucho más que llevar sus productos al mercado central. “Los intermediarios se quedan con el 75% de las ganancias. Entre el flete, las cajas, la descarga, la comisión para el puestero, todo suma. Nosotros arrendamos la tierra y lo que sacamos de la verdura es apenas para pagar la tierra que trabajamos”, se queja. Pertenece al Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE) integrado por 28 productores.

Bety Vera tiene cinco hijos y los cuatro más chicos todavía viven con ella y su marido. Todos trabajan la tierra, hasta los más chicos, “haciendo tareas livianas, sacando yuyos”, dice. Su familia proviene de Bolivia pero hace 35 años que está radicada en Tucumán. “Sufrimos mucha discriminación, nos dicen ¿por qué no te volvés a tu país? A mí me duele, porque yo nunca pedí nada al Gobierno”, dice. Cultivamos la tierra que arrendamos y de eso vivimos”.

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