La misa de hoy: La esperanza, virtud en la Pandemia

Por Pbro. Marcelo Barrionuevo.

17 Mayo 2020

“Si me amáis, guardaréis mis mandamientos; y yo rogaré al Padre y os dará otro Paráclito para que esté con vosotros siempre: el Espíritu de la verdad, al que el mundo no puede recibir porque no le ve ni le conoce; vosotros le conocéis porque permanece a vuestro lado y está en vosotros. No os dejaré huérfanos, yo volveré a vosotros.

En estos cuarenta días que median entre la Pascua y la Ascensión del Señor, la Iglesia nos invita a tener los ojos puestos en el Cielo, nuestra Patria definitiva, a la que el Señor nos llama. Esta invitación se hace más apremiante cuando se acerca el día en que Jesús sube a la derecha del Padre.

El Señor había prometido a sus discípulos que después de un poco de tiempo estaría con ellos para siempre. Todavía un poco y el mundo ya no me verá, pero vosotros me veréis... El Señor ha cumplido su promesa en estos días en que permanece junto a los suyos, pero esta presencia no se terminará cuando suba con su Cuerpo glorioso al Padre, pues con su Pasión y Muerte nos ha preparado un lugar en la casa del Padre, donde hay muchas moradas. De nuevo vendré -les dice- y os llevaré junto a mí para que donde yo estoy estéis también vosotros.

Los apóstoles, que habían quedado entristecidos por la predicción de las negaciones de Pedro, son confortados con la esperanza del Cielo. La vuelta a la que hace referencia Jesús incluye su segunda venida al fin del mundo y el encuentro con cada alma cuando se separe del cuerpo. Nuestra muerte será eso: el encuentro con Cristo, a quien hemos procurado servir a lo largo de nuestra vida. Él nos llevará a la plenitud de la gloria, al encuentro con su Padre celestial, que es también Padre nuestro. Allí, en el Cielo, donde tenemos preparado un lugar, nos espera Jesucristo, a quien tenemos presente y hablamos en nuestra oración, con el que hemos dialogado tantas veces.

En estos párrafos encontramos el fundamento de la esperanza en medio de la pandemia. La vivencia de angustia, de crisis emocionales, de miedo y temor han cruzado la existencia de muchos hermanos, de muchas familias y naciones. El miedo paraliza y genera inercia espiritual; perdemos como el eje central de las cosas y el horizonte nos resulta oscuro y deprimente. A esta realidad la esperanza cristiana quiere darle sentido, significado y contenido.

El sentido: nuestra vida no es algo sin sentido, ella es portadora de una vocación en la tierra en la búsqueda de las cosas del cielo. Nuestro sentido es estar con los pies en la tierra pero con la mirada en el cielo.

El significado: la esperanza le va dando un significado a las cosas que le suceden; el cristiano va leyendo el paso de la prueba con un concepto distinto, no son los conceptos del pesimismo sino de un optimismo realista que sabe reencontrar a Dios es la pruebas de cada día. Tener las ideas claras y los horizontes definidos son de imprescindible necesidad en estos tiempos.

El contenido: es saber que las cosas son vacías sino que conllevan una enseñanza de verdad en nuestras vidas. El contenido de la esperanza cristiana se basa en la fe que tenemos que Cristo ha vencido a la muerte y que su Vida es vida para nosotros. No somos seres tirados en el devenir de la existencia, somos hijos de Dios que caminamos al encuentro de nuestro Padre en el cielo.

A no perder la esperanza, somos más importantes que un virus. Dios no nos abandona, está con nosotros.

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