"The Midnight Gospel": Una experiencia alucinante y perturbadora

Serie animada por Netflix

17 May 2020 Por Ana Daneri
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ENTREVISTAS PROFUNDAS, ESCENARIOS BIZARROS. Clancy es el protagonista de este viaje irrepetible.

Buena

Abrumado por el éxito de “Hora de aventura” y el poco control que tenía sobre la serie, Pendleton Ward juró no volver a hacer televisión. Sin embargo, un café con Duncan Trussel, el actor y comediante conocido por su podcast “The Duncan Trussell family hour”, lo hizo volver sobre sus pasos varios años después para desquitarse con todo. Apoyada en la más absoluta libertad creativa (y una imaginación que sobrepasa cualquier límite), la propuesta se tradujo en una premisa que parece simple: animar un podcast. Eso sí, vanguardista, experimental y lisérgico hasta la médula.

Los fanáticos de las series animadas para adultos tienen la posibilidad de encontrarse con algo que no se ha visto... y a la vez sí. Es que el delirio característico de “Regular Show”, “Rick and Morty” o la mencionada “Hora de aventuras” se queda corto. “The Midnight Gospel”, estrenada por Netflix, va mucho más allá. Sus ocho episodios de 25 minutos son un verdadero recorrido visual y sonoro que echa a volar la narrativa, las reglas de lo onírico y de lo real.

El “argumento” (si se lo puede catalogar así) sigue a Clancy, un podcaster intergaláctico que recorre mundos simulados, entrevistando a las más exóticas criaturas para su programa. Durante largos y tranquilos paseos en medio de escenarios bizarros que están a punto de explotar, Clancy y sus interlocutores tratan temas como la muerte, el amor, la religión, el uso de drogas, la capacidad de perdonar o la meditación.

En detalle

Las entrevistas son reales y están tomadas del programa de Trussel (quien también da voz al Clancy): las protagonizan exreos condenados a muerte, médicos a favor de las drogas, maestros de meditación o escritores alcohólicos, y a todos los ubica en escenarios psicodélicos. En un planeta de payasitos asesinos conversará con la novelista Anne Lamott, en la forma de un perro-reno, y en otro escuchará los consejos del hombre cabeza de pecera (quien es realmente Damien Echols, famoso por los documentales de HBO “Paraíso perdido”; condenado a muerte y absuelto 20 años después). El último gran atrevimiento de “Midnight Gospel” es utilizar para el episodio final una conversación de Trussell con su propia madre, fallecida en 2013.

Eso sí, la serie no es para maratonear. No sólo por la profundidad de las reflexiones y los temas abordados, o la falta de lógica en la narrativa, sino por el estallido visual absoluto de violencia, perturbación y escatología. Los colores estridentes, dignos de un viaje con LSD, ilustran mundos de cuerpos triturados, vomitados, zombis, animales amorfos y tripas colgando. Todo sucediendo mientras los protagonistas de cada episodio charlan tranquilamente sobre la existencia.

“Midnight Gospel” burla los límites de la ficción, la memoria y la subjetividad y colisiona la narrativa, el realismo, el papel del espectador y hasta la correlación entre el mirar y el escuchar. La verborragia discursiva y visual no da tiempo a pensar lo que se ve o escucha pero transmite fuertes sensaciones. Eso sí, no es para cualquiera y hay que estar dispuesto a dejarse llevar por la trituradora de carne sin más.

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