A la búsqueda de las raíces

Condimentada y sabrosa genealogía de las emociones.

17 May 2020

INVESTIGACIÓN

LAZOS ROTOS

MARÍA BJERG

(Universidad Nacional de Quilmes/Bernal - Buenos Aires)

María Bjerg (Buenos Aires, 1962) es una especialista en historia: de las migraciones, de la familia, de los robustos cruces de los arraigos y los desarraigos. Bien puede ser pertinente reponer sus doctorados, sus postdoctorados en las universidades de Chicago y California y su condición de investigadora del Conicet y de profesora en la Universidad Nacional de Quilmes.

Y tan especialista, la doctora Bjerg, que su tesis capital abrevó en sus propias raíces, en las afueras de Copenhage, Dinamarca, en las colonias afincadas en el sudeste de Buenos Aires entre finales del siglo XIX y comienzos del siglo XX y que, por extensión, en clave de descubrimiento inspirador la impulsaron a forjar una condimentada y sabrosa genealogía de las emociones.

Que de esa misma materia está labrada Lazos rotos. De la multitudinaria inmigración operada en la aurora del Siglo XX, desde una Europa de brumosa perspectiva en términos de movilidad social hacia una América fundacional, rica y hospitalaria. Una América, una Argentina de un modo específico, con mucho por hacer, por tejer y por amalgamar en el pasaje de la hibridación portadora de una fuerza de trabajo contante y sonante. Y, desde luego, de su motor originario: el ansia de prosperidad, de estabilidad emocional, de confort sentimental y realización existencial que pulsa en cada nombre propio.

Bjerg, es claro, se distingue por la propiedad y la exactitud de su acervo investigador, pero sus aportaciones trascienden por mucho el manual técnico. A simple vista podría parecer que Lazos rotos es pura y exclusivamente un sesudo acopio de huelas epistolares y lustre ganado al moho de los archivos. Pero sólo a simple vista: mejor examinada, la refinada prosa de Bjerg desenvuelve y recupera climas, texturas, temperaturas, universos singulares. De tal suerte, en cada historia de amor contrariado, envilecido, refundado o reciclado para el advenimiento de otros amores, pulsa esa familiaridad con lo humano, demasiado humano, que no hay estrados ni togas que puedan abarcar.

© LA GACETA

Walter Vargas

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