Todo es historia: Romano y Cortijo, los reyes de una noche mágica

“Jugar con Miguel fue uno de los lujos que disfruté en mi carrera”, destacó el tucumano

05 May 2020 Por Miguel Eduardo Décima
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ESTRELLAS. Miguel Cortijo y Carlos Romano forman parte de la historia del básquet.

Si el basquetbol argentino tuviera su “Salón de la Fama” como la NBA, que destina un lugar destacado a las figuras rutilantes que escribieron la historia de la mejor liga del mundo, el nombre de Carlos Eduardo Romano no podría faltar. Antes de la aparición de la “Generación Dorada” que encabezaron Emanuel Ginóbili y Luis Scola, el tucumano dejó sus huellas. “Compartí momentos inolvidables con jugadores extraordinarios”, recuerda el ex jugador de Central Córdoba, Obras Sanitarias, el combinado tucumano y el seleccionado argentino, entre otros clubes que aparecen en su extensa y exitosa carrera

Romano nació el 30 de marzo de 1957, en el “Jardín de la República”. Comenzó a jugar al basquetbol en las inferiores de Central Córdoba. Era base y tenía una notable efectividad. Al goleo le agregó una personalidad desbordante. Así comenzó a destacarse. A los 20 años lo contrató YPF, un club que jugaba en los torneos de la Capital Federal. Allí estuvo seis meses hasta que llegó a Obras Sanitarias, que tenía grandes figuras como Eduardo Cadillac y Carlos Rafaelli. Su llegada a la entidad de Núñez coincidió con el despegue de uno de los mejores equipos de la historia del básquet argentino. Con esta camiseta obtuvo en 1983 la Copa Williams Jones, una tradicional competencia de la época. La notable actuación individual que tuvo en ese certamen internacional le permitió ganar el Olimpia de Plata por ser el mejor basquetbolista de esa temporada.

El seleccionado argentino es un capítulo que incluye muchas páginas en la carrera de Romano. Durante 18 años vistió la camiseta nacional. En ese tiempo jugó 100 partidos y anotó 849 tantos. Fue campeón sudamericano en 1979 y 1987. Además, participó en los Mundiales de 1986 y 1990.

Los campeonatos argentinos marcaron una época importante. Esa competencia reunía todos los años a los mejores basquetbolistas del país. Se jugaban grandes clásicos como Buenos Aires-Capital Federal o Tucumán-Santiago del Estero. Romano hizo su aparición en ese torneo a los 17 años, en La Rioja. “Hasta último momento no tenía asegurado un lugar en el plantel, pero al final le gané la pulseada a Sucar Obeid. Fue el primero de 20 campeonatos que jugué para mi querida provincia”, recuerda Romano, quien ahora es entrenador que volvió a vivir en Mar del Plata.

Hubo momentos inolvidables en la carrera de Romano. Uno de las más recordados es el partido que se jugó el jueves 14 de febrero de 1983 y que tuvo como protagonistas al seleccionado tucumano y a Obras Sanitarias, que tenía en sus filas a Cadillac, Rafaelli, Esteban Camisassa y Héctor “Pichi” Campana, entre otros. Ese encuentro amistoso se jugó en el estadio de Caja Popular -colmado de público en las tribunas- y lo ganó Tucumán por 99 a 98.

El local fue reforzado por otro jugador que también forma parte de la historia del basquetbol argentino: Miguel Alberto Cortijo. El santiagueño desplegó durante muchos años su calidad en el seleccionado de su provincia, en la selección nacional y en Ferro, club donde jugó 15 temporadas ininterrumpidas. El “Negro” fue la gran figura y anotó 38 tantos. Cortijo aportó 16.

“La verdad es que compartir equipo con Miguel es uno de los mayores lujos que pude darme en la vida. Jugamos ese partido y después fui de refuerzo a Santiago del Estero para disputar un amistoso contra Cuba, en el estadio de Olímpico. Él arrancó un par de años después en el seleccionado argentino. Yo debuté en 1979 y jugamos juntos hasta 1991. Además, nos enfrentábamos todos los años en los amistosos previos a los Argentinos. La primera vez que nos enfrentamos fue en 1973, en los intercolegiales. Yo jugaba para la Escuela de Comercio y en semifinales nos enfrentamos contra su equipo”, contó Romano.

Cortijo también recuerda el partido contra Obras Santinaria. “Nunca voy a olvidar el clima que se vivió esa noche. Fueron sensaciones muy lindas”, comentó el santiagueño al ser consultado 37 años después. Dejó la actividad profesional jugando para Regatas Corrientes en 1998. Ahora, a los 62 años, mira para atrás y se llena de nostalgia pero también de alegría por todo lo que hizo. Incluyendo aquella noche mágica donde el basquetbol se visitó de fiesta y él recordará siempre con orgullo.

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