Cómo se entretienen los adultos mayores en cuarentena

Testimonios de tucumanos que pasan los días sin salir de casa.

01 May 2020 Por Karen Fernández
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LA GACETA/ ANALÍA JARAMILLO

Tras más de un mes y medio de aislamiento social obligatorio, algunos adultos mayores llevan todo ese tiempo sin ver a su familia y sin salir a la calle. Siendo los mayores de 60 años personas de riesgo en medio de la pandemia de a poco fueron encontrando la manera de mantenerse ocupados en casa hasta que podamos salir sin riesgo a la calle.

La tecnología a la que quizá tanto temor le tenían antes, ahora se convirtió en su aliada para poder ver, a través de una pantalla, a sus seres queridos. La familia de Claudio González, de 67 años, se reúne todos domingos para almorzar juntos por videollamada. “A veces tratamos de cocinar lo mismo para sentirnos más cerca. Ayudé en la cocina a mi mujer y aprendí a hacer algo más que abrir una lata”, bromea.

Fátima Gómez, de 75 años, aprovechó para limpiar la casa con sus nietas. “Cambiamos algunas fotos de los portarretratos porque ya eran muy viejas -cuenta- También disfruto mucho de ver los álbumes de fotos que tengo de mi infancia. Mi familia me hace sentir bien, aunque extraño mucho ir al centro a ver vidrieras, tomarme un café en un bar, hacer las compras y salir de casa”.

Contacto estrecho

Algunas excepciones al momento de recibir sus compras permitieron que los adultos mayores que viven solos o con su cónyuge vean a sus seres queridos.

Sin abrazos ni besos ese encuentro terminaba alegrándoles el día. También, estas visitas fugaces los ayudaron a conseguir los objetos que necesitaban para entretenerse.

“Planté nuevas semillas en mi huerta con lo que me trajeron mis hijos. Me entretengo participando en las tareas del hogar y, sobre todo, evito ver la tele porque las noticias me ponen muy nerviosa”, comenta Susana Ponce, de 73 años. Irma Vidal inauguró una pequeña panadería familiar ya que deleita a sus nietas todo el tiempo con budines, panes de anís y medialunas. La mujer de 69 años disfruta de sus creaciones mirando series, tejiendo o limpiando. Al lavarse las manos le gusta cantar dos veces el “cumpleaños feliz”.

María Esther Vece pidió un poco más de lana para continuar tejiendo ponchos, a los que define como “su especialidad”. “Tengo 78 años, no me gusta usar el celular. Me comunico con mis hijos, nietos y amigos por teléfono fijo. Me gusta mucho ver programas en la tele que son de preguntas y respuestas porque aprendo mucho. A veces anoto las preguntas que me parecen muy interesantes”, dice la abuela. En medio del aislamiento cumplió años y la invadió una sensación rara. “Con el celular de mi esposo hicimos una videollamada con mis hijos y nietos que me hicieron llegar una torta y comida, pero no es lo mismo a tenerlos cerca. Vamos a festejar cuando todo esto termine”, añade.

Nueva rutina

Acostumbrarse a depender de su familia para algunas cosas fue difícil para Adela Casone, de 73 años. A pesar de no poder salir, ella se armó una rutina diaria para siempre tener un día productivo. “Me levanto y mientras desayuno veo una misa española que pasan por internet, me gusta mucho el positivismo de los padres.  Limpio un poco, siempre trato de cocinar algo diferente para no aburrirme y preparo la mesa como si estuviesen por venir visitas”, describe.

En el aislamiento comenzó a ver series sobre historia a medida que lee sus libros favoritos y estudia italiano. “Es un tiempo necesario para hacer introspección y reflexionar. Elijo no ver mucho el noticiero para estar tranquila, me informo cuando lo necesito. Siempre hay que estar dispuestos a aprender cosas nuevas”, asegura.

Tras la pantalla

Blanca Guazzi, de 86 años, aprovechó la cuarentena para mirar Netflix. “Vi seis series completas, me gusta mucho ver la tele, dormir siesta y tomar la merienda mientras hablo con mis nietos. Para cuidarme no salgo ni a la vereda y me lavo mucho las manos”, admite. Los nietos de Roberto Farías, de 69 años, encontraron la forma de enseñarle a su abuelo a usar las plataformas de Streaming. “Me costó un poco, pero aprendí a ver películas con la tele. Nos ponemos de acuerdo con mis nietos para verlas al mismo tiempo y comentan todo por WhatsApp. Después me llaman y me dicen datos curiosos de los actores”, recuerda.

Muchos adultos extrañan tener contacto con el exterior, las conversaciones telefónicas o de balcón a balcón no son suficientes. También extrañan sus salidas con amigos, sus recorridos por el centro, los abrazos familiares, sus clases de pintura o de baile. Aunque cueste todos nos tenemos que cuidar. “La esperanza de volver a la normalidad lo más rápido que se pueda, siempre permanece intacta. Mientras tanto, entiendo que me tengo que cuidar porque quiero abrazar a mi familia por muchos años más”, analiza Farías.

La voz de la memoria

“En medio de esta crisis los viejos somos quienes debemos dar esperanza, no es la primera que nos toca atravesar. Somos la memoria, podemos reconvertirnos en esta pandemia y mostrar valor. Las crisis pasan y dejan lecciones, tenemos que ser la voz que las cuente y demuestre que podemos recuperarnos”, reflexiona la doctora Aurora Rueda, directora de la Sociedad de Geriatría y Gerontología de Tucumán.

La especialista recomienda concentrarnos en la salud física, psíquica, espiritual y social. “Esto se consigue con una disciplina diaria que conserve una rutina. Hay que levantarse, cambiarse, hacer una hora de actividad física diaria sobre todo con los movimientos recomendados para conservar la movilidad -explica- Esta rutina va ser nuestro medicamento”.

Rueda insiste en que las personas mayores en este momento tienen las mismas obligaciones que toda la sociedad y no son víctimas.

“Los mayores tenemos que autoconfirmarnos y demostrarnos que somos necesarios en la sociedad y que podemos ayudar. En esta crisis demostramos que tenemos mucha capacidad de desarrollo al aprender nuevas formas de comunicarnos. El viejo también puede ayudar en la tarea de los chicos”, agrega.

En cuanto a la recepción de noticias en las personas mayores, la doctora recomienda que sean tomadas sólo como un acompañamiento para no estar desactualizados. “No nos hace bien que estén todo el día insistiendo en que somos los más débiles. Eso no nos resguarda, nos produce miedo y ansiedad. Recomiendo tener higiene mental y alejarse de la noticia trágica. Antes del covid-19 todos estaban aterrados por el robo, pasamos de una inseguridad social a una sanitaria. Si tenemos equilibrio mental podemos acompañar a los demás, si tengo miedo por mí, soy un sujeto que no puede ayudar. Tenemos que resistir porque somos útiles y necesarios en este momento. Necesitamos al otro, pero el otro también nos necesita a nosotros, los viejos”, finaliza.

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