Tenía a Palermo, pero no quiso retenerlo - LA GACETA Tucumán

Tenía a Palermo, pero no quiso retenerlo

Aunque brillaba en las prácticas, San Martín se negó a pagar los $ 20.000 del préstamo.

16 Abr 2020 Por Bruno Farano
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¿Qué habría sido de la carrera Martín Palermo si hubiera firmado el contrato con San Martín, allá por junio de 1995? ¿Igualmente habría llegado a Boca? ¿Podría haberse transformado en multicampeón y en el máximo goleador histórico del “Xeneize”? Imposible de comprobarlo.

“No me quedo con el qué hubiese pasado: eso es una cagada. Odio eso, no existe”. La frase pertenece a Marcelo Gallardo y la enunció a principio de este año, cuando algunos periodistas le cuestionaban los cambios que había realizado contra Flamengo durante la última final de la Copa Libertadores. “Muñeco” es un confeso crítico de ese cuasi deporte popular que significa intentar descifrar qué hubiera sido de...

Lo único concreto es que “Titán” no llegó a jugar en San Martín, que tras una cuantas prácticas en Tucumán volvió a Estudiantes y que tras pelearla con uñas y dientes, y a fuerzas de goles, claro, logró jugar y ser ídolo en Boca. El resto es una historia por demás conocida; conformada por hazañas, títulos e innumerables récords.

Palermo estuvo muy cerca de calzarse la camiseta “santa”, de correr en La Ciudadela y de festejar goles de cara a la tribuna de la calle Rondeau. Pero a sus jóvenes 21 años y tras realizar un par de prácticas en el complejo “Natalio Mirkin”, con goles incluidos, recibió el “no” de boca de un dirigente.

Corría mediados de 1995 cuando la dupla Eduardo Luján Manera-Miguel Ángel Russo, que en ese momento dirigía a Estudiantes de La Plata, le informó que no lo iba a tener en cuenta. Golpeado, pero sin la idea de tirar la toalla, el goleador se subió un avión con destino a Tucumán para sumarse a lo que él hasta ahí desconocía: un período de pruebas.

“Loco” llegó junto a unos cuantos jugadores que le había acercado un representante a Héctor Jesús Martínez, quien por ese entonces dirigía a San Martín. Con un bolsito bajo el brazo apareció por Cebil Redondo y en las prácticas no desentonó. “Recuerdo que en la primera práctica que realicé en Tucumán jugué para los titulares. Había muy buenos jugadores como Gustavo Irusta, Juan Amador Sánchez o Daniel Hernández. Incluso, Hernández me asistió y pude marcar un gol de cabeza”, recordó, unos años atrás, el goleador que hizo historia también con la Selección argentina: marcó el agónico gol contra Perú, que le permitió al seleccionado dirigido por Diego Maradona clasificarse a Sudáfrica 2010; y hasta se dio el gusto de marcar un tanto en ese Mundial.

La historia fue breve, duró unos cuantos días y comenzó cuando Palermo arribó a nuestra provincia y fue recibido por un integrante de la CD. Faltaba un puñado de días para el arranque de la temporada del Nacional B. Aquel dirigente lo llevó hasta un hotel ubicado en Laprida al 100, donde estaban hospedados algunos futbolistas que habían llegado como refuerzos. “En mi habitación sobraba una cama, así que me preguntaron si podía estar conmigo”, relató Juan Amador Sánchez, uno de los jugadores que hacía poco se habían sumado al club. “Estábamos con el ‘Mono’ Irusta, el ‘Pato’ (Sergio) Míguez y (Claudio) Carnevalli. Pasamos unos lindos días y se forjó una amistad que perdura hasta el día de hoy. Martín siempre fue muy humilde”, agregó.

Al otro día de su llegada, Palermo se entrenó por primera vez con el plantel; formó parte de la práctica de fútbol y marcó un gol, tal como él lo recuerda, gracias a una asistencia de “Petete”. En cada entrenamiento también dejó su marca y así lo asegura Sánchez. “Metió goles en todas las prácticas. Fueron dos o tres, pero convirtió en todas”, explicó el ahora manager de Platense.

Habían pasado un par de días con “Titán” en Tucumán y en Bolívar y Pellegrini debían tomar una decisión. El “Pincha” pedía $20.000 para cederlo por una temporada, pero en San Martín entendieron que no era necesario desembolsar ese monto. “Tenemos muchos jugadores como él en las inferiores. Es preferible aportar esa plata para los chicos del club”, fue la frase, de acuerdo con lo que explicaron personas allegadas a la institución por aquellos años, que terminó por definir su regreso a La Plata.

Así, al otro día, el plantel “santo” viajaba a Buenos Aires para enfrentar a Deportivo Morón por la primera fecha del campeonato. Y “Titán” apareció por el aeropuerto “Benjamín Matienzo”, pero no llevaba puesta la ropa de concentración; estaba vestido de civil. “Viajó con nosotros, pero para irse de vuelta a La Plata. La noche anterior le habían informado que debía volver a Estudiantes”, afirmó Juan Amador.

¿Quién fue la persona que tomó la decisión de no contratar a quien años más tarde se transformaría en uno de los delanteros más letales de la historia de nuestra tierra? Pasó mucho tiempo y sin embargo esa sigue siendo una de las grandes incógnitas en Bolívar y Pellegrini.

La versión que tomó conocimiento popular fue que la dirigencia no quiso pagar su préstamo. Sin embargo, algunos allegados a dirigentes de esa época aseguran que fue el DT Martínez quien le bajó el pulgar y decidió incorporar en su lugar a Raúl Wensel, quien ya tenía experiencia en la categoría.

Palermo sólo estuvo algunos días en San Martín y hasta convirtió goles en las prácticas. Pero los caminos se separaron; “Titán” volvió al “Pincha” y tras la salida de la dupla que lo había “colgado”, y la asunción de Daniel Córdoba, comenzó a escribir capítulos de su película a fuerzas de goles. En tanto, el “Santo” redondeó una temporada bastante pobre en la B, como para terminar de darle forma a una historia digna de Hollywood.

Un privilegiado

En ese tiempo, Nery Nieto acompañaba a su papá Miguel, que es fotógrafo, a cada práctica del “Santo”. Él lo hacía posar con los jugadores e inmortalizaba el momento. Así, Nery puede darse el lujo de decir que tiene la única foto de Martín Palermo con ropa de San Martín. “En ese entonces ni sabía quién era, pero en 2006 vino con Boca a jugar un amistoso, y cuando le mostré la foto sonrió; ‘cómo pasa el tiempo’, me dijo”, contó.

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