¿Cuál es el escenario que se le presenta a la economía argentina? ¿El país tiene la espalda suficiente como para superar otra crisis sin precedentes? ¿Continuarán los incentivos fiscales y monetarios para mitigar los efectos de la pandemia de covid-19? ¿Qué significa que el dólar haya superado la barrera de los $ 100 en el mercado cambiario argentino?
El mundo no ha encontrado todavía una guía práctica que le indique cómo salir de esta tormenta global sanitaria con consecuencias económicas siderales. Sin embargo, los líderes del mundo están tratando de impedir, a toda costa, de que sus economías se hundan en las profundidades. Como dicen los expertos, se busca evitar una implosión económica, aunque el escenario pospandemia no evitará comparaciones con otras crisis históricas. Y, en la Argentina, los problemas se potencian porque no hay confianza, ni crédito ni moneda confiable que no se devalúe permanentemente. Por esa razón, el mercado (aquellos que toman decisiones financieras con efectos futuros porque ya dan por perdido al presente) proyecta un desplome mayor al 5,7% del Producto Bruto Interno (PBI) estimado ayer por el Fondo Monetario Internacional para el caso argentino. Y eso tiene una primera explicación: la fuerte impresión de billetes que liberó el Banco Central, como un mecanismo de financiamiento para los gastos que ocasiona la pandemia del coronavirus. En términos financieros, eso se llama cobertura cambiaria, un deporte característico por esta zona del mundo.
Eso está sucediendo con el dólar MEP o Bolsa, aquel que se consigue a través de la compra de un bono que cotiza en pesos, pero que es convertible al mismo bono que cotiza en dólares, y con el contado con liquidación (otro sistema que permite cambiar pesos por dólares en el exterior), que llegaron a trepar hasta los $ 114 por unidad, aunque luego se estabilizaron en torno de los $ 107.
¿Cuál es la consecuencia directa de ese fenómeno en la economía nuestra de cada día? Lo primero que surge de esa situación es la brecha existente entre esos dos tipos de cambio con el valor oficial de la divisa estadounidense que, en el mercado minorista, cerró en torno de los $ 67,50 (sin tomar en cuenta el impuesto PAIS del 30% que se aplica incluso para atesoramiento individual). Esa diferencia llegó hasta el 70% e, indudablemente, más temprano que tarde, eso se trasladará a precios. Ahora bien, ¿hay margen para aumentar más esos precios ante el contexto de ajuste forzoso en todos los sectores de la economía? Un dato marca la imposibilidad que ello suceda (no porque los formadores de precios no quieran, sino que el bolsillo de los trabajadores no da abasto): en marzo, las ventas cayeron 48,7% anual, de acuerdo con los datos de la Cámara Argentina de la Mediana Empresa (CAME). Otra variable tan sensible como la anterior es el costo diario que le causó el aislamiento preventivo al comercio minorista: una pérdida de ventas cercana a los $ 10.360 millones. Más aún, sólo el 24% de los negocios pudo cubrir la totalidad de sus cheques y el 74% de las PyME cree que una vez finalizada la cuarentena tardarán más de cinco meses en volver a la normalidad. La radiografía marca la gravedad de la cuestión que amenaza con la destrucción de pequeñas y medianas empresas porque no pueden cubrir sus costos fijos. Las pérdidas no son lineales en todos los rubros. Por caso, no fue un mes tan malo para los retail o las grandes cadenas de supermercados, ante la oleada de consumo por pánico. La población trató de abastecerse con la mayor cantidad posible de mercaderías ante la cuarentena. Según los datos de la CAME en el ítem Alimentos y Bebidas, la contracción interanual ha sido en marzo del 18%, pero Indumentaria acusó un duro golpe; una baja del 65%. Abril puede ser más caótico por la continuidad del aislamiento y con los negocios cerrados un mes calendario completo. Con este panorama, el fantasma volverá a engordar: la inflación no será menor al 50% al finalizar el año, en un escenario en el que los empresarios tratan de preservar sus establecimientos y la dotación de personal, pero con menos rentabilidad. El dilema, como suele suceder en toda crisis, será preservar los empleos o achicar el negocio. La Argentina, en consecuencia, afronta otra economía de supervivencia.








