Este corona…

10 Abr 2020

Alicia Ugarte - Socióloga

El malestar que nos aqueja se lo podría representar como un bichito milésimamente pequeño que dice: acá estoy yo, pero soy invisible y tengo sed de muerte y oscuridad. Yo, corona-virus, elijo a quién mantengo en confinamiento y dispongo quiénes estarán afuera para que curen el daño que yo cause o para que castiguen a los que irresponsablemente creen, influenciados por paradigmas que ya cayeron estrepitosamente, que apretando el acelerador, escapan de mi dominio.

Ese gnomo maligno, por los modos de vida adquiridos en el posmilenio, con toda la tecnología al servicio de los hombres (de algunos hombres) y que ya anuncia Bourdieu en La miseria del mundo, cuando habla acerca de que las nuevas diferencias sociales están, cada vez más, dadas por la capacidad o no de movilidad espacial, se extendió virulentamente por todo el planeta.

En cada territorio avanza con mayor o menor lentitud, a la vez que va marcando tajantemente el adentro y el afuera, acentuando el ámbito de lo privado, llevando ésto a un cambio en la vida cotidiana de millones de hombres, mujeres y niños.

Pero pensemos primero en el ámbito de lo privado (1), en el que un gran número de familias cambian sus pautas de conducta frente a la ausencia de la obligación de horarios para el trabajo de adultos y educación de la población en edad escolar.

¿Con qué llenar ese vacío que se produce en tanto el trabajo y la educación fueron hasta acá organizadores de la subjetividad, labores en torno a las cuales se pautan las otras, comidas, higiene, horas de sueño, y otras formas de sociabilidad?

Es así como se recurre a los juegos de mesa olvidados por la gente joven, esos posmilenials que siempre requieren para sobrevivir la pantalla por delante. Plumero mediante, los padres sacuden esos juegos para poder realizar en un espacio cerrado una actividad en conjunto que favorezca el diálogo y la convivencia, reemplazando el paseo en auto, el deporte, etc. También se resucitan instrumentos de música que necesitan afinación o que les ajusten las cuerdas. Y así se vive… y en esa circunstancia  también se suma lo tecnológico, aparecen tutoriales en youtube para crear juegos con cajas de cartón o cocinar con los pequeños.

Este pequeño rey gñomo dispuso que señoras y señores  se olviden de peluquerías, teñidos, maquillajes o qué-me-pongo. Todos al terminar este confinamiento estaremos pardos o blancos… También desaparecen “serias” preocupaciones acerca de cuándo cambio el auto o pinto la casa ahora que terminaron las lluvias del verano.

Si bien ya en el 1999 el sociólogo Giddens en su libro “Hacia un mundo desbocado ….” hace mención a que en la modernidad tardía la humanidad está montada sobre un Juggernaut que se desplaza alocadamente hacia ningún lugar (2), podemos arriesgar que a veinte años de esas oportunas reflexiones, esto se acentúa, la conectividad tecnológica se ha sobredesarrollado y aparece de una manera disruptiva esta pandemia que nos sugiere pensar en que nada es como era y no sabemos como va a ser.

El autor mencionado que, a principios de los 90, en su libro “Modernidad tardía” habla de discontinuidades, señalando un cambio de época por un sinnúmero de factores, provocando ésto un giro importante en las sociedades (léase Revolución Industrial), podemos arriesgar que frente a este fenómeno disruptivo y doloroso por las muertes provocadas y por la sensación generalizada de no avizorarse por ahora el final, esa discontinuidad sería susceptible de profundizarse.

A pesar de todo ello y quizás, pecando de optimismo, también se pueden percibir algunos cambios que se estarían dando en nuestra sociedad. Ante la catástrofe y  sin nadie proponérselo daría la sensación de que la utilización del concepto de grieta va bajando de rating y un nuevo lazo social de mayor respeto hacia el otro y de menor banalidad y confrontación se está instalando.

(1) Consciente de la situación que vivimos en Argentina, con la amplia franja poblacional que está  sin trabajo y económicamente subsumida, aclaro que estoy tomando como referencia aquellas familias que viven en espacios que cuentan con sus necesidades básicas satisfechas.

(2) Juggernaut, supervillano de ficción publicado en comics americanos.

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