La discriminación y el covid-19

10 Abr 2020

Parece increíble como es que ni siquiera una pandemia mundial puede mantenerla oculta o al menos callada. No, no. Ella siempre está. Podríamos hacer la analogía de la cuarentena pero también resultará inútil: es una buena oportunidad para que aunque sea se quede en casa y no salga. Pero sale. Sale y hace estragos. Quizás no más que el propio covid-19, pero los hace. De hecho, tiene mucha más antigüedad que este letal virus y está impregnada en una gran parte de la población. Hablamos, por supuesto, de la discriminación.

Durante los últimos semanas, hubo distintos episodios que registraron su presencia. Presencia atrevida como todas las de los que no están sujetos a las excepciones del aislamiento social obligatorio.

Primero, el periodista televisivo cordobés Tomás Méndez, sacó al aire un informe (falso, por cierto) en el que nombraba de manera casi taxativa a los responsables de la pandemia. “Los ricos del mundo, que nacieron en Israel, Estados Unidos y Europa son los dueños de tu vida y han generado el coronavirus”. Inmediatamente fue duramente criticado.

“La de Tomas Méndez de C5N es una afirmación imbécil que solo puede formular un antisemita. La asociación de poder, tragedia y responsabilidad de los poderosos en ellas es de vieja data y al incluir a Israel en ello, sabemos de qué hablamos...”, aseguró en un comunicado la Delegación de Entidades Israelitas Argentinas (DAIA). El Inadi, hizo lo propio. “Asociar la comunidad judía al poder económico y las conspiraciones muestra un claro comportamiento de matriz antisemita”, inició su comunicado el Instituto Nacional contra la Discriminación. El periodista salió a pedir disculpas pero el daño ya estaba hecho.

Hace unos días, Julio Carballo, un vocal suplente (ex concejal) del espacio UCR-PRO, de Capilla del Monte (Córdoba), no se sonrojó para expresar su deseo más profundo en un programa de radio. “Yo lo único que espero es que esta pandemia haga una limpieza étnica que todos nos merecemos. Yo, por mí que se quede en La Matanza (por el covid-19) y le haga honor al nombre con 5 o 6 millones de negros menos, de peronistas menos, de planes menos, capaz que este país arranca". También llegaron disculpas horas después, casi tan inútiles como las vacunas contra el covid-19 que se han probado hasta ahora.

Ni los propios médicos, esos mismos que arriesgan su integridad para atender pacientes (potenciales enfermos con el virus) se salvaron del espíritu segregador que tiene gran parte de nuestro país. “Si sos médico, enfermero, farmacéutico o trabajás en la Salud, andate del edificio. ¡Nos vas a contagiar a todos”, era el mensaje que rezaba en el ascensor de un edificio y fue posteado en Twitter por un usuario. En las respuestas a ese tuit, más profesionales de la salud confesaron haber sufrido “ultimátums” similares.

En los comienzos del virus, tampoco faltaron actitudes despectivas para con las personas asiáticas que viven en su país o los descendientes de ellas. Ahora allí todo se ha calmado y son Italia, España, Inglaterra y Estados Unidos son los países desde donde más llega el virus. Menos mal que países como Bolivia, Paraguay, Perú o continentes como África no están en esa lista porque ya bastante dosis de discriminación tienen.

Si la facilidad con la que se propaga el covid-19 es de sus más perjudiciales características, en la discriminación podríamos decir que la ignorancia ocupa ese lugar. Tan atrevida que hace muy difícil su erradicación.

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