Un jubilado hace cola con más necesidad que miedo

A muchos pasivos y pensionados la economía les preocupa tanto o más que el virus. Es el caso de Juan Aranda, que ayer estuvo varias horas en la fila

04 Abr 2020 Por Hernán Miranda

La cuarentena arrojó a Juan Aranda, de 66 años, bajo la línea de pobreza. Como albañil retirado con aportes, Aranda cobra una jubilación apenas por encima de la mínima, aunque también se las arregla con trabajos a domicilio para, según describe, vivir más o menos bien. O se las arreglaba: hasta ayer llevaba 15 días sin salir de su casa y sin cobrar un solo peso extra. Por eso a la medianoche se apuró a llegar al microcentro para cumplir con la larga vigilia bancaria que emprenden muchísimos jubilados y pensionados en Tucumán y todo el país. “Ya no me queda plata ni para el super”, dice.

Después de que salió de su casa, lo primero que le llamó la atención fue la parada del colectivo. No había un montón de gente, pero sí mucha más de la habitual en los últimos días. “Y eso que ya había oscurecido”, apunta. Dejó su barrio bastante abrigado, pero le hace calor al mediodía y se ha bajado el cierre de la campera. Sobre el pelo entrecano lleva una gorra para protegerse del sol y debajo de la visera su sonrisa sobresale entre los rasgos de la cara morena: aunque hace más de 12 horas que no entra a un baño y ha pasado la mayor parte del tiempo de pie, mantiene el buen humor y hasta se pone cada vez más contento a medida que avanza la fila. Ya no le falta mucho para cobrar.

BARBIJOS. Una fila donde predominan las personas con mascarillas. No fue así en todas las colas.

Detrás de él hay 200 metros de gente de todas las edades y la fotografía se repite en varias cuadras del centro. “¿Que qué voy a hacer cuando salga del banco? Me voy directo al super. ¿Y que por qué no uso la tarjeta de débito? Porque en mi barrio nadie la acepta”, informa Aranda, y agradece a Dios y a la Virgen por ya no tener hijos a cargo. Si no, hace cuentas, la jubilación no le duraría una semana.

Más tarde volverá a su casa, dormirá la siesta y, después, se sentará a ver la tele. Hasta eso conversa con algunas mujeres que están cerca de él: no guarda demasiada distancia, no tiene miedo de contagiarse el nuevo coronavirus. “Además, yo estoy sano”, afirma. Pero lo que sí le preocupa es la falta de trabajo: aunque el Gobierno nacional acaba de exceptuar a los albañiles del aislamiento obligatorio, prevé que eso no servirá de nada. “Nadie se va a poner a arreglar su casa ahora”, conjetura.

PATRULLA. Un pequeño grupo de cinco policías hace guardia afuera de banco. Detrás, los beneficiarios.

Pero el pasar de Aranda no es el peor en esta romería. Hay muchísimos otros casos con penurias y pesares todavía más pesados, como el de Fátima Brizuela, una empleada doméstica de 47 años que salió a cobrar la asignación por embarazo de su hija adolescente y tiene que mantener un hogar de ocho con dos ingresos. O el de Lourdes Ardiles, de 24 años, que anda con barbijo y llegó desde Lunarejos, Leales, para percibir la asignación universal. Ardiles está asustada. “Tengo miedo de contagiarme y de enfermar a mi bebita”, admite. Es la primera vez que sale y, si fuera por ella, será la última.

>> Bullrich y Negri criticaron al Gobierno

BUENOS AIRES.- Varios dirigentes de la oposición nacional criticaron ayer al Gobierno por la organización del sistema de pagos para jubilados, pensionados y beneficiarios de asignaciones sociales. Por ejemplo, la titular del PRO, Patricia Bullrich, tuiteó: “exponer a nuestros jubilados a hacer filas de más de 10 cuadras no es cuidarlos frente a la pandemia. Presidente, frene esta locura; envíelos a sus casas; separe a quienes cobran AUH y jubilaciones, y dé turnos”.

Por su parte, el presidente de Juntos por el Cambio en Diputados, Mario Negri, pidió que los funcionarios que tomaron la medida que precedió a las aglomeraciones respondan por sus actos. “¿Cuántos portadores o contagiados de grupos de riesgo se sumarán después de esta bomba viral?”, preguntó. (Télam)

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