Piezas que se mueven y desacomodan tableros

29 Mar 2020 Por Juan Manuel Asis
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Puede que se esté en presencia del inicio del fin de una sociedad o ante un capítulo más en el proceso de disolución de conveniencias mutuas. De una sociedad que pese a los constantes esfuerzos y gestos por mostrarse unida viene desmoronándose lentamente, soportando embates sorpresivos. El último apareció desde donde menos se esperaba. La sociedad es la de Manzur y Jaldo, porque a la sombra del coronavirus que atemoriza, de los esfuerzos por frenar la evolución de la pandemia y de los irresponsables que se creen inmunes, la acción política no se aísla ni entra en receso jamás. Se especula detrás de los miedos de los ciudadanos. Conspiraciones que le llaman, otros la dibujan como estrategias de consolidación y debilitamiento. En ese marco, la gestión camina por un lado y la ambición, incansable, deambula por otro.

Una serie de sucesos permiten presuponer que en la dupla se desconfían, uno más que el otro, y que detrás de ellos hay quienes que se mueven independientes fomentando el quiebre a futuro. Procesos de desgaste. El primero en dar señales de que el binomio tenía fecha de vencimiento como experiencia bicéfala de conducción fue el vicegobernador, cuando después de los comicios de junio de 2019 dijo que no avalaría -léase obstaculizaría- toda intentona reformista para habilitar reelecciones indefinidas. Léase también: yo manejo la Legislatura, que es por donde debe pasar toda iniciativa destinada a alterar el texto constitucional. El único destinatario de la definición ni se dio por aludido, no se le movió ni una ceja, siguió como si nada, inmutable, sonriendo. Hoy a la Cámara la paralizó un análisis de coronavirus.

Hace pocas semanas, un confeso manzurista -hoy en cuarentena- deslizó que el nombre del gobernador va a estar en la fórmula de 2023, y sin necesidad de que se toque la Constitución. El mensaje no iba por el lado de que la propia Carta Magna le deja un hueco interpretativo y habilita a Manzur a presentarse como candidato a vicegobernador dentro de tres años, sino que él tiene la intención de convertirse en el único jefe del peronismo. En Tucumán viene ocurriendo que las Constituciones le ponen fecha de vencimiento a los liderazgos políticos abrazados detrás de la jefatura institucional, como lo es estar al frente del Poder Ejecutivo. En ese marco, aquella pretensión es novedosa. El mensaje también tenía un único destinatario, que tampoco reaccionó, se incomodó. Garantizar desde sus funciones la gobernabilidad de Tucumán obliga a los dos a resguardar las formas y a no descuidar la gestión, porque si fracasan allí, los efectos electorales para la fuerza oficialista pueden resultar peores que el covid-19.

Sin embargo, jugando detrás de bambalinas hay actores que sacuden el escenario, que se alinean y apuestan para uno u otro, directa o colateralmente. La juegan de líberos, esmerilan. Manzur dijo que el paisano no devuelve el regalo cuando se le mencionaba que Alperovich iba a desplazarlo de la lista del PJ en 2019 y ponerse él en el primer lugar, ya que fue un invento del senador en 2015 para que lo sucediera. Y no devolvió el presente nomás, lo enfrentó y se quedó con Jaldo. En las últimas semanas, en medio de las medidas del Gobierno nacional para enfrentar el virus, el titular del Ejecutivo aseguró en charlas con colaboradores que no se iba a mover de Tucumán, aunque lo llame Alberto. De aquí no me voy, habría afirmado cuando se rumoreaba que podría ser tentado para sumarse al gabinete nacional; lo que podría interpretarse con que está tan cómodo y tan aferrado al cargo que no tiene ganas de dejarlo en manos de nadie, ni ahora, ni más adelante.

Señal o no a decodificar, los de abajo juegan esa partida tirante, que se desarrolla silenciosa y que se agita como el coronavirus. La semana pasada, Jaldo, percibió una movida en esa línea, destinada a afectarlo. El tema es conmigo, no es con el gobernador, supo decir para poner a salvo a Manzur de una objeción ideológica del kirchnerismo duro respecto del nombramiento de la constitucionalista Gilda Pedicone de Valls como directora de la Asesoría Letrada de la Legislatura, por sus lazos políticos e institucionales con Antonio Bussi. El tranqueño observó allí un ataque disfrazado hacia su persona por alguien afectado por sus decisiones internas en la Cámara. Sectores del kirchnerismo provincial dejaron entrever algo distinto: una operación local enmarcada en la lucha interna por la conducción del espacio, y que tenía como víctima al vicegobernador. Ambas lecturas válidas, en la misma jugada suelen cruzarse distintos intereses.

Sin embargo, un inesperado y más categórico cuestionamiento a esa designación se sumó colateralmente a la disputa alentada subterráneamente. El viernes, organismos de derechos humanos fueron los que salieron con dureza, no sólo a cuestionar desde lo ideológico el nombramiento, sino que además denunciaron una sociedad política entre Jaldo y Ricardo Bussi en la Cámara. “La presidencia de la Legislatura ignora las políticas en materia de memoria y representa un guiño a quienes promueven una política negacionista del terrorismo de Estado que representa Bussi”, apuntaron. El fuerte documento alude a sus nuevos aliados políticos para objetar su gestión legislativa, es decir al hecho de haber construido una relación con el bloque de Fuerza Republicana. Es decir, lo pegan al bussismo, lo que para el kirchnerismo duro es mala palabra. Un golpe como este es más que duro para cualquier peronista. No se la vio venir. Desde el jaldismo suponen que detrás del planteo en contra del vicegobernador están, muy ocultas, las huellas de ex funcionarios kirchneristas y de actuales aliados de Manzur que buscan desgastarlo en la disputa con el mandatario tucumano por ver quién se queda con el poder real del justicialismo antes de 2023.

A Jaldo se le abrió imprevistamente un duro frente de batalla con los organismos de Derechos Humanos que, en el mes de la memoria, salieron a reivindicar y a reafirmar sus banderas de lucha y a demandar lo que consideran justo. Su objetivo es claro. Sin embargo, la acusación va en paralelo con la disputa tácita que mantiene con el gobernador y que es fomentada por gestores no visibles. El tranqueño tiene gestos públicos en favor de Cristina -cuando Manzur la niega y elogia a Alberto como único conductor del peronismo-, buscando un contrapeso nacional a futuro. Pero, en política, todo se mezcla, y en la misma mesa hay intereses cruzados detrás de una misma movida; o mismos intereses detrás de dos jugadas. Los involucrados decodifican según sus propios intereses. ¿Está Manzur, o sus adláteres, detrás? Si alguien se perjudica, otro no.

La única certeza es que cuando Horacio Verbitsky mencionó la designación de Pedicone de Valls aludió a Manzur y a Jaldo, mientras en el planteo de los organismos de Derechos Humanos sólo el vicegobernador queda en la picota. Coincidencia o no, de todo y de todos se sospecha en los ámbitos palaciegos. ¿La puesta en cuarentena de la Legislatura se enmarca en este juego de distanciamiento de Manzur y de Jaldo, o de manzuristas y jaldistas? ¿Son mensajes que se envían entre los dos grupos sobre lo que son capaces de hacer? ¿Te asociás con Bussi y te muestro que te puedo paralizar la Cámara? Por la confirmación de que Bussi tenía coronavirus se cerró la Cámara hasta el martes, justamente el legislador denunciado por los organismos de Derechos Humanos como nuevo aliado del vicegobernador. ¿Se ataca esa alianza para esmerilar a Jaldo y se aprovecha la objeción de los organismos en ese campo de batalla oculta? Los manzuristas deben estar refregándose las manos.

¿Por esa relación es que a Bussi lo quieren sacar de la Legislatura? A develar si se trata de una movida más en el marco del juego interno local o si sólo es una aspiración kirchnerista. El legislador sería una víctima política en medio de la pandemia usada como excusa. Los intereses se cruzan, la política discurre por intrincados atajos. La única forma de que desplacen al parlamentario es que la Justicia Federal pida el desafuero a la Cámara en el marco de la causa que se le inició por no cumplir con la cuarentena, y si se entiende que cometió delito. Lo que generaría un complejo y complicado panorama interno en la Legislatura. Se desgastaría. ¿Se puede llegar a esa instancia? El propio Bussi responde a esa consulta con una afirmación: buscan sacarme de la cancha. Pero desliza un poco más analizando el contexto, y advierte: la próxima víctima será Jaldo.

Así volvemos al comienzo, parece asistirse al principio del fin de una sociedad política a partir de una cadena de sucesos que pueden estar desconectados entre sí, pero que navegan en las mismas aguas. Muchos piratas. Capítulos que parecen extraños y distantes pero que muestran estar unidos con los hilos invisibles que confeccionan aquellos que juegan detrás de bambalinas. Detrás del coronavirus, la política no se aísla, especula y juega fuerte.

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