Miguel Angel Russo junto a Jorman Campuzano celebrando el campeonato. Miguel Angel Russo junto a Jorman Campuzano celebrando el campeonato. REUTERS

Miguel Ángel Russo consiguió con Boca lo que Marcelo Gallardo no pudo: consagrarse campeón de la Superliga. El técnico de River sólo acumula frustraciones en los últimos años. El entrenador “xeneize” necesitó pocos meses para acomodar las piezas y darle un estilo propio al equipo que hasta diciembre dirigió Gustavo Alfaro. Ambicioso y contundente en ataque. Sólido en defensa. Con eso acumuló una seguidilla de éxitos en la recta final. Recuperó posiciones y llegó primero a la meta.

La presencia de Russo en Boca no es casualidad. Fue elegido por Juan Ramón Riquelme. Ellos formaron una sociedad inolvidable en 2007, cuando el “Xeneize” ganó por última vez la Copa. Juntos buscan devolverle la confianza al plantel. Rápidamente lo plasmaron en el campo de juego y arrancaron esta renovada etapa con una alegría inmensa.

Si bien el gran objetivo sigue siendo la Copa, ganar en la última fecha un mano a mano con River, que tenía las mejores cartas, es clave para encarar los próximos objetivos. El título -en lo que posiblemente sea la última Superliga- le permite mostrar una notable hegemonía en la competencia porque ganó tres de los cuatro torneos disputados. Además, le asegura la clasificación a la edición copera de 2021 y le saca presión para jugar la edición actual.

Aquellos que viven la intimidad “xeneize” cuentan que para el plantel son muy importantes las charlas motivadoras de Riquelme, quien visita todos los miércoles al grupo para transmitir vivencias de su dorada época de jugador y lo que significa jugar la Copa. Russo aporta decisiones irrenunciables para potenciar el aspecto colectivo. Ambos formaron una sociedad exitosa en el pasado. Y esperan repetirla en el futuro.

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