"Esta mierda me supera": Los superpoderes no siempre son una bendición

BUENA

Serie / por Netflix

La mierda que supera a Sydney Novak (Sophia Lillis, tremendo proyecto de actriz) son los superpoderes que le brotan cada vez que se enoja. Como es una adolescente cruzada por un drama familiar, insegura y de pocas pulgas, la emocionalidad la traiciona cada dos por tres. Sydney encierra poderes devastadores y es incapaz de manejarlos, así que definitivamente no le gusta nada lo que le sucede. La traducción del título original de la serie, “I am not okey with this”, es algo así como “no estoy bien con esto”. Netflix prescindió de los eufemismos cuando la estrenó para el mercado hispanoamericano.

El único al tanto de esa formidable capacidade de Sydney es Stanley (Wyatt Oleff), el vecino fumón y buena onda que la ama no tan en secreto. El problema es que el corazón de Sydney es de Dina (Sofia Bryant), que la juega de amiga íntima mientras mantiene su noviazgo con un patán llamado Brad (Richard Ellis). Atención -y zona spoiler-: lo que pase con Brad será clave para el futuro de la serie.

El frente interno de Sydney es por demás complicado. Su papá se suicidó en el sótano de casa y mamá (Kathleen Rose Perkins) ahoga la pena con mucho trabajo y una generosa dosis de alcohol. En la escuela es un típico bicho raro: si no fuera por Dina y por Stan resultaría invisible.

Son siete capítulos que oscilan entre los 18 y los 28 minutos de duración; maratoneados se consumen más rápido que “El irlandés”. Esa concisión se extiende a lo reducido de los escenarios (el colegio, algunas casas, retazos de un bosque) y del elenco. “Esta mierda me supera” se resume en un puñado de personajes y de locaciones. No necesita más. Es Sydney, el pequeño mundo que la rodea en un irrelevante pueblito estadounidense y las peculiares circunstancias que la convierten -como insiste Stan- en una superheroína.

La serie luce colmada de referencias. Para empezar, está basada en una novela gráfica de Charles Forsman, uno de los autores más interesantes del comic realista y más bien oscuro. También a la pluma de Forsman pertenece otro show de Netflix (“The end of the f***ing world”), con la que “Esta mierda me supera” comparte estética, lenguaje y orientación narrativa. Jonathan Entwistle dirigió capítulos de “The end...” y es uno de los cerebros detrás de “Esta mierda...”, junto a Christy Hall. De hecho, a los protagonistas de “The end...” (Alex Lawther y Jessica Barden) se los ve en fotos, así que no debería extrañar que se produzca algún crossover en el futuro.

En el cine, Lillis y Oleff formaron parte del elenco de “It” -el personaje de él también se llamaba Stan en las películas-, aunque si de homenajes -e inspiración- se trata, la imagen más poderosa es la de “Carrie” y su vestido ensangrentado. Así comienza y así concluye la primera temporada de “Esta mierda...”

Es cierto que hay elementos de “Stranger things” , de “Sex education”, de “On my block” y de “Euphoria” en el show. Todas esas series integran un ecosistema temático y estético que se va ramificando. En común con “Esta mierda...” acreditan, a la par del tratamiento del fenómeno adolescente, la influencia de la cultura popular en los gustos y los comportamientos. Uno de los capítulos remite directamente a “The breakfast club” (que en Argentina se llamó “El club de los cinco”), aunque Entwistle sostiene que en realidad se inspiró en “Dawson’s creek”. La diferencia es de una generación.

La escena en la que Stan se prepara para la fiesta al ritmo de Prefab Sprout es deliciosa, mérito del director y de la selección musical a cargo de Graham Coxon, el guitarrista de Blur. Porque “Esta mierda me supera” navega entre el fantástico, el drama, el humor y algún toque cuasi onírico (cuando Sydney y Stan hablan de aves y medusas regalan un momento perfecto), aunque sin olvidarse de que lo suyo, y vaya si lo logra en el epílogo, también es perturbar.

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