Arteterapia: cómo sanar a través de la expresividad corporal, la música y la pintura

La disciplina permite el autoconocimiento, la superación de dificultades y abre un abanico de actividades didácticas y recreativas.

24 Feb 2020

En busca de superar problemas o situaciones de tensión, la capacidad de liberar nuestras emociones con ayuda del arte es una herramienta valiosísima. En este espacio, el desembarco del arteterapia en la provincia viene a romper las cadenas del miedo y del silencio.

“Esta disciplina se basa en el uso de técnicas de diversos lenguajes artísticos (dramático, literario, musical y corporal) como mediadoras de un proceso terapéutico. El objetivo es mejorar o sostener la salud integral”, explica Emilia Giaileola, directora de la Asociación Argentina de Arteterapia, en su filial local.

Los pilares de esta disciplina son tres. Por un lado, está el proceso creativo. “Se relaciona con la expresión personal por lo que su disposición siempre es auténtica y subjetiva”, detalla Emilia. En la misma línea, también tenemos los lenguajes artísticos y el pensamiento creativo. “Este último permite ver distintas perspectivas de la realidad para obtener múltiples soluciones ante una situación complicada o difícil”, agrega la especialista.

COREOGRAFÍAS. La danza ayuda al conocimiento personal del cuerpo.

En la práctica, la noción implica que -por ejemplo- podamos pintar con los pies y trabajar a partir de la idea de “dejar huellas”. “Al entrar a clases, primero iniciamos con el calentamiento y ejercicios de respiración. Después se aborda el proceso creativo según el disparador de música, teatro o danza que elija el arteterapeuta o el grupo”, continúa Emilia. Cuando las producciones ya están listas, los alumnos llegan a la etapa final: un cierre en el cual se intenta dar significado a los trabajos.

Curar las heridas

Las ventajas de experimentar con el arteterapia son variadas. El espacio terapéutico nos permite hacer catarsis, jugar al “decir, sin decir” y abordar conflictos sin tener la necesidad de verbalizarlos. Por otro lado, para iniciarse en la práctica no se requieren conocimientos previos sobre ninguna disciplina.

Lo importante es que la persona sea capaz de disfrutar del tiempo invertido y descubrirse a sí misma con el análisis de las piezas. “Como propuesta, el arteterapia está en un camino de fortalecimiento. Esto se debe a que responde a las necesidades sociales actuales y, en especial, al retorno de la conexión con nuestro cuerpo. Nos permite pensar y expresarnos fuera de la palabra escrita”, reflexiona la entrevistada.

MANUALIDADES. Cada obra tiene un significado personal e íntimo.

Según enfatiza Emilia la técnica y el encuadre de la práctica dependerán de la edad de la persona. En el caso de los más pequeños, el arteterapia enfatiza cualidades como la exploración y el desarrollo sensorial o motriz en nuestras vidas.

Por el contrario, al tratarse de adultos, el individuo deberá ser capaz de procesar y de elaborar pinturas, coreografías o manualidades que guarden un significado o interpretación por detrás.

Enclave inclusivo

Entre las alternativas locales, el artista Gabriel Bazán decidió poner el foco del arteterapia en la inclusión. Desde su taller de muralismo sobre superhéroes inválidos el mensaje es poder transformar las percepciones colectivas e individuales sobre el tema.

“El objetivo del proyecto fue interpelar a la sociedad sobre la discapacidad. Si la persona es lo que es por sus limitaciones físicas o por lo que hace, incluso a pesar de ellas”, comenta el muralista. Para su concreción, la técnica fue usar superficies móviles que luego terminaron emplazadas en las paredes de la Facultad de Educación Física de la UNT.

En la cárcel

En el instituto de menores Julio Argentino Roca, no hay celdas que impidan salir cuando se trata de imaginación. La prueba está en las paredes de dicha institución, intervenidas con páginas viejas de libros y frases (tamaño arial 72) que hablan sobre la libertad. “Me gusta mucho pintar porque me tranquiliza, es una vía de escape”, reveló Lucas (17 años), quien está de paso en el reformatorio desde hace hace diez meses.

Con una expresión seria en su rostro Kevin, otro de los jóvenes que vive en la institución, comenta que su alivio para el encierro también se encuentra en los talleres. “Me entretiene recortar revistas y dibujar cuando Emilia (la tallerista) pone música de cumbia y de reggaeton”, dice.

Mientras a algunos les cuestan las manualidad, Gonzalo -que vive en el instituto Roca hace cinco meses- se considera un ávido artista. “Toda la vida disfruté dibujar. Y aún más si tengo que jugar con las sombras y contrastes de las imágenes”, apunta el adolescente de 17 años. El único problema es que la inspiración le llega al estar de buen humor. “Cuando tengo días malos, suelo romper las hojas para descargarme. Es una terapia”, afirma.

Además del arte plástica, la música y el baile forman parte de la oferta del arteterapia. “En su momento participé de un taller en donde nos enseñaban a cantar. También hay clases de tango para sumarse, pero no me atrae mucho la idea”, reveló Jairo (17 años), el cuarto joven del grupo. (Producción periodística: Milagro Molina).

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