El Infiernillo cuenta historias de hace unos 8.000 años - LA GACETA Tucumán

El Infiernillo cuenta historias de hace unos 8.000 años

En el yacimiento, en el que trabajan desde hace 15 años, hallaron los restos de maíz más antiguos del NOA.

19 Feb 2020 Por Claudia Nicolini
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Esta historia empezó en la prehistoria y nos cuenta que el maíz llegó a lo que hoy es Tucumán mucho antes de lo que se pensaba: hace 3.520 años. Es todo un hallazgo porque en el NOA no hay antecesores silvestres del maíz, lo que implica que tuvo que ser traído por alguien... Se habían hallado en la puna microrrestos (sólo visibles en microscopio) del cereal en elementos de molienda, pero -lo decimos contundente- estos de hace más de 3.000 años son los restos macroscópicos más antiguos de maíz para el NOA y para el norte de Chile.

Acabamos de contar el final, si es que ese final existiera. Comenzar por el principio tampoco es sencillo: esta historia prehistórica tiene varios principios... pero todos llegan a un mismo pozo increíble de un metro por un metro por un metro. Y en ese pozo (cuyo nombre técnico es sondeo estratigráfico), un equipo de arqueólogos del Instituto Superior de Estudios Sociales (ISES), que depende del Conicet y de la UNT, coordinado por Jorge Martínez y Nurit Oliszewski, encontró -y sigue encontrando- rastros de nuestro pasado tucumano que se remontan hasta hace casi 8.000 años.

El lugar del hallazgo es el sitio arqueológico Taller Puesto Viejo 1, en la Quebrada de Los Corrales, de El Infiernillo. Ese sitio donde encontraron macrorrestos (que se ven a simple vista) de maíz durante una excavación que arrancó en 2015 con un subsidio del Conicet y de la National Geographic Society- no fue excavado de casualidad allí. Y aquí debemos hacer otro rulo temporal y remitirnos a la prehistoria (reciente) de esta historia.

Una cueva

“En 1996 encontramos en la zona de Los Corrales una cueva que nos llamó la atención -cuenta Nurit-. Aún éramos estudiantes, y estábamos haciendo otro trabajo... recién empezamos a estudiar la zona sistemáticamente en 2005, ya recibidos y con un pequeño subsidio de la UNT”. Tres años después encontraron una aldea de 50 viviendas patrón Tafí que tiene 1.850 años de antigüedad.

“El diseño arquitectónico se caracteriza por recintos circulares ubicados alrededor de patios, también circulares, vinculados a su vez con estructuras agrícolas y con corrales; si se las mira desde arriba las casas tienen el aspecto de una margarita”, explica Nurit, y agrega que poblados con este diseño se hallaron en una amplia zona de nuestra provincia, que incluye el valle de Tafí, el de La Ciénega, la cuenca de Anfama y la Quebrada de Los Corrales. “Pero más al norte y al oeste, en la quebrada de Amaicha, en el valle de Santa María y del Cajón, no aparece este diseño”, resalta.

LOS INVESTIGADORES. Guillermo Arreguez y Nurit Oliszewski.

En 2009, en un área despejada entre las viviendas, descubrieron una base residencial (la llamaron Taller Puesto Viejo (TPV) 1, y allí apareció el maravilloso pozo. “A Jorge le llamó la atención que en ese lugar había una concentración excepcionalmente alta de elementos de piedra tallada, así que se decidió excavar”, cuenta la arqueóloga. “Esa columna, en un metro de profundidad, cuenta una historia que va desde aproximadamente el 6650 a.C. (nota de la redacción: más de 3.000 años antes del comienzo del Imperio Egipcio) hasta cerca del 500 d.C.”, añade, aún maravillada por ese tesoro.

Tres estratos

El TPV 1 está muy bien preservado -explica Guillermo Arréguez (él y Nurit son arqueobotánicos, es decir, estudian restos arqueológicos vegetales)-. Es una zona poco habitada y está lejos de la ruta”.

En la primera columna de excavación pudieron establecer tres fechados; en el fondo aparecieron esos restos de casi 8.000 años, que son poquitos (utensilios de piedra, restos de guanaco), pero permiten establecer que ya entonces la zona se usaba como sitio habitacional.

El segundo fechado abarca un lapso de 500 años (los restos más antiguos tienen 3.800 años; los más “nuevos”, 3.300). Allí encontraron muchos elementos que les permiten pensar que, a lo largo de esos 500 años, grupos humanos eligieron establecerse allí y las ocupaciones se hicieron cada vez más prolongadas. “Es como si los restos nos fueran contando la historia de la sedentarización del mismo grupo”, describe Nurit, y enumera: “hay artefactos de molienda que no son fijos, pero sí muy pesados como para andar llevándolos y trayéndolos; muchos instrumentos (armas de piedra, agujas de hueso, lo que da cuenta del desarrollo de actividades textiles, fragmentos de cerámica decorada...) y eventos funerarios de cremación. Y fue entre los restos de uno de estos eventos que aparecieron los granos del maíz temprano.

Lo interesante es que no estaban solos; todo lo contrario. “Hallamos también quínoa doméstica; ambos estaban carbonizados, por eso se preservaron”, explica Guillermo, cuyo ojo experto identificó las semillas. “Junto a ellas había una aguja de hueso; cuentas de collares hechas con guijarros de la zona, talladas con rasgos antropomorfos, y otras hechas con caracoles del Pacífico”, agrega.

Tejiendo hipótesis

No saben cómo llegó el maíz al NOA; en cambio, se fortalece la idea del proceso de sedentarización. “No lo trajeron los incas, porque ellos llegaron poco antes que los españoles, hace unos 600 años; pero de alguna manera vino -dice Nurit-. Y demostramos que la planta de maíz hace ya más de 3.500 años estaba presente; que tal vez estaban experimentando con su cultivo”. Y si hay cultivo, hay asentamiento. “Hay que insistir en una cosa: el desarrollo de la agricultura fue un proceso; y siempre se complementó con la recolección y con la caza”, destaca.

“La identificación del maíz fue un trabajo en equipo: la excavación fue conducida por Jorge -añade-; Guillermo encontró los restos y con su ojo experto dijo ‘es maíz’. La botánica Julieta Carrizo y yo, que soy especialista en maíz prehispánico, estudiamos los fragmentos y estuvimos seguras. Pero había que confirmarlo en laboratorio. Allí Rocío Molar, becaria doctoral en el ISES, hizo la confirmación microscópica a partir de ciertos rasgos (gránulos de almidón, textura brillosa, estructura interna porosa y con oquedades, y patrón de fracturación curvo)”. En estos 15 años de trabajo el equipo se fue modificando; becarios y tesistas fueron claves en los hallazgos: “siete arqueólogos de la Facultad de Ciencias Naturales de la UNT realizaron sus tesis de grado. Actualmente trabajan con nosotros seis tesistas doctorales y becarios de Conicet”, cuenta, orgullosa, Nurit. Y sueña con el futuro inmediato (ver “Primicia...”).

Como suele ocurrir en la ciencia, haber encontrado una respuesta no hizo más que abrir nuevas preguntas: ¿el maíz y la quínoa habían sido trasladados al sitio para un evento especial? ¿Formado parte de una comida, o eran una ofrenda?

“Esto nos indica que seguramente van a aparecer hallazgos similares en otros sitios arqueológicos. Este no va a ser el único”. Y allí sigue el equipo, como desde hace 15 años, buscando desentrañar y contarnos nuestra historia más antigua.

Primicia: se viene el centro de interpretación

Uno de los motivos por los que el sitio está bien preservado es que no es muy accesible. Eso está a punto de cambiar, pero con las medidas necesarias para proteger el patrimonio. “Como científicos sociales consideramos que lo más valioso, una vez producido el conocimiento científico, es su difusión. Buscamos que la sociedad tome conciencia del enorme valor testimonial y no renovable del patrimonio arqueológico”, resalta la arqueóloga Nurit Oliszewski. Con ese objetivo trabajan para que pronto se pueda inaugurar, en la escuela vieja de El Infiernillo, un Centro de Interpretación donde mostrarle al público los hallazgos sobre el pasado prehispánico de la zona. “Contamos para ello, en primer lugar, con la Comunidad Indígena de Amaicha del Valle, y con fondos del Ministerio de Ciencia y Tecnología. También con apoyo de la Secretaría de Estado de Innovación y Desarrollo Tecnológico de Tucumán, del Ministerio de Educación de la Provincia y del Ente Tucumán Turismo”, informó.

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