La violencia no es un fenómeno, es una realidad

21 Ene 2020 Por LA GACETA

La escapada de ensueño se trunca, explota como una verdadera bomba atómica. Fernando sale a bailar en su último sábado en la playa con sus amigos pero jamás regresa al hostel donde esta alojado. Once chicos, 11 chicos de una edad similar a la de “Fer”, deciden tomar venganza de vaya a saber qué. Le pegan hasta dejarlo inconsciente. Lo patean hasta matarlo. A la familia Báez Sosa le arrancaron a su único hijo, un chico descripto como una persona pura y bondadosa, además de buen estudiante de derecho. Sus asesinos, que se negaron a declarar ante la Justicia, pueden ser o no “hijos de mamá y papá”; pueden ser de una buena posición económica o no. Pero aquel sábado del pasado fin de semana en Villa Gesell se convirtieron en bárbaros que incluso premeditaron terminar con la vida de Fernando. Eso es lo que piensa el fiscal que tomó por primera vez la causa. ¿Fallan los padres? ¿La sociedad en todos sus estratos? ¿El sistema? ¿Qué está pasando? Tucumán, Argentina, el mundo. Todo ha mutado a resolver la mayoría de los pleitos que deberían redimirse con palabras en peleas innecesarias, en guerras donde mueren más inocentes que culpables, si es que realmente los hay.

El rugby no es una agencia de formación de sicarios. El rugby es un deporte cuyos valores van más allá de lo rudo y violento de su esencia en cancha. No tiene nada que ver con lo que estos chicos le hicieron a Báez Sosa.

En una nota publicada en LA GACETA, Alberto Lebbos, quien desde hace casi 14 años lucha por conocer la verdad sobre quién o quiénes asesinaron a su hija Paulina después de la salida de un boliche en la zona del ex Abasto, afirma: “las revoluciones no se ganan con armas, no. Las revoluciones culturales se forman a través de palabra. Son lentas, hay que saber sostenerlas”. El mundo parece necesitar de un cambio radical y si quienes deben protegerlo no lo hace, se necesitan alternativas. Dejar de creer no es opción, sí lo es construir. Sí lo es educar.

A raíz del lamentable episodio en la Costa, la Unión Argentina de Rugby adelantó que implementará un proyecto de concientización con las 25 uniones provinciales de rugby. Es una manera de intentar prevenir casos como el de Fernando a futuro. Da la impresión que con lo que se aprende en casa no basta.

Este verano 2020 comenzó con diferentes tipos de olas de violencia: Mar del Plata fue un caldo de cultivo de videos viralizados de grescas. Incluso en Punta del Este, Uruguay, donde se concentra el poder del dinero de empresarios y famosos, barras bravas de River se agarraron a los tiros en pleno balneario donde había familias con hijos. En Tucumán, para no ir tan lejos, las grescas a la salida de los bailes aumentan. Y nada cambia. Ni hablar de las imágenes y del temor que causa cada noche estival en El Mollar, hoy sinónimo de descontrol.

La formación de la palabra y del conocimiento debe comenzar por casa, sí, pero la misma está obligada a ser consecuente en nuestra educación, primaria, secundaria y universitaria. forma parte de nuestra educación en la universidad de la calle, en el deporte que elijamos.

La violencia convive entre nosotros. Hablan los números, porque eso somos, al final de cuenta. Estadísticas. Cada 32 horas se produce un femicidio en el país. Todos los días una historia violenta sacude los periódicos. Lamentablemente, la violencia aumenta día a día, mientras esa cura llamada paz yace sin fuerzas ni recursos para tomar el control.

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