
Hoy no es el primer día del año para los mayas, los judíos, los árabes, los chinos y muchos habitantes de este mundo. La fecha fue inventada por Roma, la Roma imperial, y bendecida por la Roma del Varicano, y resulta más bien exagerado decir que la humanidad entera celebra este cruce de la frontera de los años. Pero eso sí, hay que reconocerlo: el tiempo es bastante amable con nosotros, sus fugaces pasajeros, y nos da permiso para creer que hoy puede ser el primero de los días, y para querer que sea alegre como los colores de una verdulería. (“Enero 1 - Hoy”, de Eduardo Galeano, en el libro “Los hijos de los días”, Siglo XXI Editores, Buenos Aires, 2012).
Hoy no sólo asistimos al inicio de un nuevo año, sino también al amanecer de una nueva década: la del 20. Frente a esa convención del calendario gregoriano, el Año Nuevo se presenta como un vergel de oportunidades hacia el futuro, y también como un espacio de ineludible retrospectiva. Y en ese punto se convierte en un encuentro entre dos injusticias. Porque en la categoría de las expectativas, sólo una cosa hay tan injusta como el pesimismo, y eso es el optimismo.
Durante sus últimas tres ediciones de 2020, periodistas de LA GACETA realizaron una producción informativa que a la vez es un ejercicio de conciencia histórica: la selección de lo que consideran los acontecimientos de la década en materia de política, economía, justicia, mundo y policiales. Por supuesto, el universo del acontecer humano no se agota en esas categorías, forjadas para poder ordenar la presentación de los acontecimientos. De la misma manera opera la división del tiempo, que no reconoce comienzos ni finales, pero que el hombre tabica para poder planificar. Por ende, buena parte de los sucesos de la década son procesos que vienen gestándose desde mucho antes, o que emergieron recientemente sin que conozcamos por completo sus consecuencias.
Nada como la conmemoración del bicentenario de la Independencia para reparar en esas dinámicas. Tucumán festejó los 200 años del 9 de Julio de 1816 sin grandes obras, sin gravitante republicanismo, ni consolidada representatividad, ni mucho menos con fortalecido federalismo.
En contraste, celebramos las rotas cadenas en democracia. Y con la vigencia de la Constitución, de sus declaraciones, de sus derechos y de sus garantías. Sin terrorismo de guerrillas y, sobre todo, sin terrorismo de estado. Porque hay fuerzas de seguridad para protegernos de los criminales. Pero no hay una fuerza de seguridad que nos proteja de los crímenes de las fuerzas de seguridad.
La seguridad
La década del 10 lega, a partir de este instante, un dilatado infierno en materia de drogas ilegales, ese mercado que vende suicidios en cuotas. El infierno del narcotráfico, de la mano de sus lacras de jinetes, ha expandido sus fronteras. Y junto con ellas, ha extendido sus suplicios: el narcomenudeo; la conformación de clanes; el secuestro extorsivo entre sus miembros; los asaltos entre bandas; los asesinatos por ajustes de cuentas; el recrudecimiento de delitos contra la propiedad por parte de adictos; la lucha por territorios -lo cual implica que no hay control del Estado en todo el territorio-; y los vínculos políticos con este inframundo. Cada uno derrama su redoma criminal sobre la sociedad.
Pero el decenio que termina, cuanto menos en su segunda mitad, ha dado muestras de políticas de Gobierno destinadas a combatir el narcotráfico con mayor énfasis. Las estadísticas, cuanto menos, han respaldado esta noción. Con 2020 comienza también un nuevo Gobierno nacional, que recibe la “posta” de esas políticas públicas, en un escenario social donde las adicciones hacen estragos.
El mundo
El Mediterráneo ha perdido su magia, que alimentó tanta mitología. Ahora es un sepulcro para quienes intentan huir de las guerras civiles que estragan naciones asiáticas y africanas, en países que han sido históricamente marginados por el capitalismo, luego de que el colonialismo los exprimiera. Porque el capitalismo no sólo ha marginado clases sociales, sino también un continente completo. Descomunal es la desmitificación de ese mar cuyo paso estrecho está cerrado por Gibraltar: no había monstruos poblando sus entrañas porque los monstruos son los seres humanos.
El Mediterráneo es ahora la nueva quiebra moral de Europa: las muertes masivas de personas desesperadas en sus aguas, en pleno siglo XXI, se suma consecutivamente a las masacres del siglo XX: las de la primera y la segunda guerra mundial. Y, en medio, las de los totalitarismos: el del nazismo y el del fascismo, que fueron populismos de derecha, y el del stalinismo comunista. Demasiado oprobio es ver ahogarse a los congéneres, niños incluidos, a cambio del Estado de Bienestar del Viejo Mundo. Lo que se mantiene “a cualquier precio” nada vale. Tanta nada que su precio es cualquiera...
Argentina, en cambio (y Tucumán en esa misma contrapartida) sigue teniendo, desde el Preámbulo, los brazos abiertos para todos los habitantes del mundo que quieran poblar su suelo. A pesar de que su PBI geográfico y su PBI per capita son incomparablemente insignificantes con respecto a los de Europa. De la misma manera, América Latina abrió sus brazos para los argentinos cuando los militares golpistas suspendieron la vigencia de la patria como territorio donde se pueden ejercer los derechos ciudadanos. Hay mucho respecto de lo cual avergonzarse acerca de la historia y del presente de esta tierra, pero aún hay mucho más de lo cual enorgullecerse.
La política y la justicia
Terminó la década en la que, a través de las páginas de este diario, el país comprobó documenta y fotográficamente, que aquí al dinero de los tucumanos no se lo llevaban en pala, pero sí en valijas. El caso de las maletas con las cuales eran llevadas desde el banco oficial millones de pesos que salían de las cuentas de la Legislatura fue un escándalo de proporciones federales… salvo para los tribunales tucumanos. Finalmente, nada pasó en la Justicia con el dineral de los “gastos sociales” que salían a pasear en camionetas oficiales, con destino incierto, para nunca más volver.
Otro tanto, pero con varios miles de millones de pesos más, ocurrió en el orden nacional. El caso de los “Cuadernos” es un expediente con un detallado itinerario de la corrupción que conecta el sector público con el sector privado. Fue un terremoto para la vida y la historia institucional del país… menos para los tribunales argentinos. Nada llegó más allá de unas cuantas prisiones preventivas, que fueron cayendo (en este y en otras causas de negociados en perjuicio del Estado) a finales de 2019, en consonancia con el inicio de un gobierno de signo diferente al administraba el país en los tiempos de las denuncias. Las demoras de la Justicia distan mucho de ser un viejo problema burocrático para ser ahora una renovada carta de negociación, a la vez que un instrumento de especulación para que los Tribunales jamás se encuentren en la vereda del frente del poder político de turno.
Pero termina también un período de 10 años durante los cuales no hubo pausas para la democracia ni tampoco interrupciones para las presidencias. En la Argentina que sufrió en el siglo pasado los golpes del 30, del 43, del 55, del 62, del 66 y del 76, y luego las crisis con renuncias presidenciales anticipadas de 1989 y 2001, Mauricio Macri se convirtió en el primer jefe de Estado no peronista desde el retorno de la democracia en completar su período constitucional. El 10 de diciembre le entregó el gobierno a un mandatario justicialista: Alberto Fernández.
Entretanto, los argentinos se apropiaron del poder del voto. Le pusieron un punto final a la continuidad del peronismo, en 2015, y le negaron la reelección a Cambiemos, el año pasado. En la misma década, consagraron un sistema electoral competitivo, y demostraron (y se demostraron) que pueden cambiar de signo político oficialista en las elecciones, sin traumas ni violencias.
La mujer
En la media década que lleva la Argentina realizando una estadística maldita sobre los femicidios, 2019 ha sido el año con el mayor número de asesinatos de mujeres a manos de hombres que, en lugar de amarlas, las odian. Y que vuelcan sobre ellas la violencia por las frustraciones y los fracasos propios que, precisamente, no son culpa de las víctimas. Según los registros oficiales, fue perpetrada una de esas muertes por día. Hasta el 20 de noviembre, sumaron 220. Durante diciembre, hasta el día 30, los diarios dieron cuenta de otros 30 femicidios en el país.
Pero la que se ha ido también fue una década durante la cual la mujer concretó avances fundamentales. La mujer continúo cimentando conquistas en el terreno de la igualdad de derechos y la igualdad de oportunidades. Y a la vez, continuó desmontando la falacia del universalismo referido a que “todos somos iguales”, porque las mujeres son maravillosamente distintas que los hombres.
En este contexto, ellas, que ya tenían voto, ahora levantan la voz contra los abusos de los hombres. Sin miramientos. Ya no squieren quedarse calladas. Hasta el punto de que quien fuera durante más de una década el hombre más poderoso de Tucumán se preciptó desde lo más alto de la gloria a lo más bajo del escarnio al ser denunciado por una sobrina suya por presunto abuso sexual reiterado.
También fue una década durante la cual se consagraron merecidos derechos para aquellos que no se reconocen en la bipolaridad “mujer / hombre”. Resta demasiado por hacer en esa materia, pero ya han quedado expuestas, como pocas veces, las consecuencias descomunales del pensamiento binario. En el empecinamiento reduccionista de la lógica dicotómica fueron negados, con violencia social brutal, aquellos que no entraban en la ecuación “A o B”. Y los que no se resignaron con ser borrados de la faz de la realidad, fueron perseguidos con toda la saña que el maniqueísmo puede concebir.
La economía
En la década que terminó, los argentinos, en conjunto, no resultamos ser una sociedad más rica.
El agravante es que tampoco somos más libres.
La alternativa
“De tiempo somos”, escribió Eduardo en otro libro. “Somos sus pies y sus bocas”, anotó en su libro “Bocas del tiempo”. “Los pies del tiempo caminan en nuestros pies”, reflexionó en esa obra de 2009. “A la corta o a la larga, ya se sabe, los vientos del tiempo borrarán las huellas”, concedió en el primero de los relatos. “¿Travesía de la nada, pasos de nadie? Las bocas del tiempo cuentan el viaje”, concluye ese texto titulado “Tiempo que dice”.
Esto ha sido, sucintamente, lo que el tiempo dice de nosotros. Al término de un año. A la vuelta de una década. Hoy, el tiempo generoso da una nueva oportunidad para comenzar a escribir, con acciones u omisiones, lo que el tiempo dirá de nosotros en 365 días. Y en 10 años.
La opción es nuestra.







