Un proyecto científico experimentó los resultados de alimentarse de la canasta básica

Investigadores del Conicet hicieron un experimento y los resultados generaron alarma.

29 Dic 2019
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Claudia Albrecht y Florencia Demarchi, voluntarias que participarón el proyecto. Foto de La Voz del Interior

Un grupo de voluntarios seleccionados por investigadores del Conicet y de la Universidad Nacional de Córdoba consumió por un periodo de tres meses los productos que contiene la canasta básica alimentaria (CBA), para conocer a fondo la calidad de los productos que ofrece la canasta que cada seis meses informa el Indec.

Los resultados que arrojó el proyecto a los tres meses de su implementación causaron alarma entre los investigadores. El experimento se extenderá durante seis meses, pero esta primera etapa ya arrojó resultados claros.

Tres voluntarios consumieron únicamente los productos incluidos en la CBA y otros tres comenzaron a alimentarse  según las guías de alimentación sana del Ministerio de Salud. Los resultados entre ambos grupos fueron diferentes. Hubo también un tercer grupo de control, que siguió comiendo normalmente. 

“Esta es la canasta que determina quién es pobre y quién no en la Argentina. Lo que vamos a hacer es poner a prueba su calidad nutricional, y sus efectos en la salud física y mental de quienes la consuman”, sostuvieron los científicos que impulsan el “Proyecto Czekalinski”, sin antecedentes en el país.

Tras 90 días de haber iniciado este proyecto, dos de los participantes abandonaron el experimento. Revelaron que sufrieron un notable aumento del colesterol y de los triglicéridos, baja de las vitaminas y de peso, alteración del ciclo menstrual, trastorno del sueño, cambio en la sudoración, sensación de deshidratación constante y mal humor, entre otros síntomas.

La nutricionista Claudia Albrecht fue una de las voluntarias: “Las sensaciones fueron muchas y fueron mutando… tristeza, frustraciones, bronca, aburrimiento, dolor… pero ninguna partía desde el hambre. Comer pan todo el tiempo es aburrido, comer todo blanco es aburrido”, sostuvo la científica a La Voz del Interior. 

“Pensar todo el tiempo qué podes comer mañana es triste. Sentirte limitado, no poder elegir te enoja. Verte en desigualdad frente al que sí puede elegir, también te enoja. Pensar que eso es el día a día de 17.630.387 personas, duele”, agregó.

Los datos del Indec

Según los números de la estadística oficial, para no caer en la indigencia, un varón adulto debe contar con $4.886 al mes (o $ 163 al día), para comprar los alimentos de la canasta básica alimentaria, y $124 diarios para una mujer.

Matías Scavuzzo, coordinador del grupo de nutrición del equipo Czekalinski, compartió sus conclusiones sobre este problema: “Llegaban bien a fin de mes en relación a las cantidades. Contaban con recursos materiales, tiempo y conocimiento. No pasaron hambre pero perdieron libertad de elección y soberanía alimentaria: la posibilidad de elegir qué y cuándo comer. Esto es algo que ocurre en la Argentina, en donde el derecho a la alimentación está plasmado como un privilegio”, declaró. 

Ante estos resultados lo científicos pidieron que la canasta básica sea abolida y reemplazada por la alimentación sugerida en las Guías Alimentarias para la Población Argentina de la Secretaría de Salud de la Nación.

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