Solo el 7 % de los alumnos de la UNT estudia ciencias exactas o tecnología

Las ciencias humanas y sociales se llevan el 50% de los estudiantes. Qué opinan los decanos de la Facet y de la UTN. La importancia de las carreras tecnológicas para el mundo que viene y el desarrollo del país.

22 Dic 2019 Por Hernán Miranda
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Al Tucumán del futuro le faltan ingenieros. De acuerdo con cifras de la Secretaría Académica de la Universidad Nacional de Tucumán (UNT), en 2018 los alumnos que cursaban en la Facultad de Ciencias Exactas y Tecnología (Facet) comprendían apenas el 7,3 % del total de esa casa de estudios. Según el Ministerio de Educación de la Nación, los perfiles más necesarios en el Noroeste se relacionan con la informática y los procesos industriales; sin embargo, solo 167 nuevos profesionales egresaron de la Facet el año pasado.

El decano de esa facultad, Miguel Cabrera, transmite que estos datos eran esperables debido a la historia argentina reciente. “Hay que analizar el contexto. Durante el gobierno de Menem se desarmó la educación técnica en el nivel secundario y se experimentó con la famosa EGB (Educación General Básica), un proyecto pedagógico que fracasó y, aunque luego se revirtió, dos décadas después todavía impacta en las matriculaciones de las ciencias exactas y la tecnología”, explica.

Lo deseable y lo posible

Como decano y profesional formado en tecnología, a Cabrera le gustaría que el alumnado de la Facet concentrara el 50% de las matrículas de la UNT. Sin embargo, reconoce que ese es un número enorme y asevera: “ese 7 % debería crecer al menos hasta los dos dígitos porque la Argentina necesita ingenieros de todas las disciplinas. Cada una de las ciencias es necesaria: el país no puede prescindir ni del filósofo ni del médico ni del abogado. Pero debe existir una proporción más equilibrada entre los egresados de cada área”.

De hecho, las unidades académicas de la UNT no se encuentran hoy en su punto de equilibrio: las ciencias humanas y sociales absorben más alumnos (50,4 %) que la suma de las ciencias de la salud (24,5 %) y las básicas y aplicadas (25,1 %).

La situación en la UTN

En la provincia, la Facet comparte sus campos de formación con la Facultad Regional de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN), donde también consideran que sería deseable que Tucumán formara cada vez más ingenieros. Sin embargo, el decano de la UTN, Fabián Soria, cuenta que hoy carece de espacio físico y presupuesto para sostener más alumnos de los que ya tiene. “En los últimos 12 años ha mejorado la atención que los jóvenes le prestan a la UTN: hoy tenemos 15.756 estudiantes y para el próximo año ya se han inscripto 1.614 -destaca-. Hay una falta de ingenieros a nivel mundial, no es únicamente un problema de Tucumán o de la Argentina, y por eso es importante difundir el tema de las oportunidades de trabajo. Pero el 99,2 % del presupuesto que nos otorga el Estado se destina a salarios. Nuestra facultad se sostiene por su modelo de autogestión, que nos permite generar recursos propios para sostener el funcionamiento y el crecimiento”.

Vocación y salida laboral

Si bien el director de la consultora Más Personas, José Blunda, adhiere a la teoría de las inteligencias múltiples, también cree que hay que enseñarles a los jóvenes qué es lo que más oportunidades les va a abrir en términos de trabajo futuro. “Debe haber un componente de ‘qué es lo que me gusta’ en la elección de la carrera, pero a la vez debemos mostrarles a los chicos el mercado laboral, porque no hay un equilibrio entre la oferta universitaria de mano de obra y la demanda del mercado”, manifiesta.

Por su parte, Cabrera observa que las carreras de ciencias exactas hoy se perciben erróneamente como difíciles. “Antes de los 90, un técnico de 18 años salía de la escuela y entraba en Gas del Estado o Ferrocarriles Argentinos, que entonces eran empresas de alta tecnología -recuerda-. Ahora hay un defecto de formación en matemática y física que los estudiantes arrastran desde el nivel secundario e impacta gravemente en el ingreso a las ingenierías”.

En la misma línea, Soria llama la atención sobre los resultados que han obtenido los adolescentes argentinos en los exámenes PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, por sus siglas en inglés) y pide reorientar la enseñanza de la matemática en el secundario: “uno de los temas más importantes es quitar el miedo a la matemática, hacer ver que a todos les puede ir bien en matemática. Es esencial mejorar la enseñanza en matemática porque hoy todo está vinculado a alguna rama de la ingeniería y las empresas cada vez requieren más ingenieros”.

Tecnología y desarrollo

De acuerdo con Blunda, la tasa de ingenieros recibidos es hoy mucho menor de la que demandaría el país si fuera hacia la revolución productiva. “Esto tiene un fuerte impacto negativo porque implica que Argentina tenga que salir a importar ingenieros -alerta-. Tenemos un gravísimo problema de falta de competitividad en el mercado global y por eso necesitamos trabajadores al tono de las nuevas reglas: si no, en lugar de agrandar la torta vamos a seguir peleándonos por una torta cada vez más chica”.

Entretanto, Cabrera advierte que esta necesidad de ingeniería y tecnología resulta todavía más prioritaria en los países en vías de desarrollo: solo así Argentina conseguirá dejar atrás el viejo modelo agroexportador. “Nuestro país depende del clima -dice-: usted tiene un buen año, exporta soja; un mal año, no exporta soja. Y la soja que usted vende no se usa para consumo humano sino para alimentar animales: entonces imagínese si en vez de vender soja, vendiera productos derivados de las harinas. Así usted pasaría de una industria básica a otra de valor agregado, pero para eso usted necesita ingenieros, tecnólogos, gente de ciencias exactas”.

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