“Si hay impuestos confiscatorios, va a ser imposible crecer”

El economista Philippe Aghion preside un workshop en Ciencias Económicas.

13 Dic 2019 Por Hernán Miranda
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HONORIS CAUSA. Philppe Aghion agradece el doctorado que ayer le otorgó la Universidad Nacional de Tucumán. la gaceta / foto de Analía Jaramillo

En su “Teoría del desarrollo económico” (1912), el economista austríaco Joseph Schumpeter incurre con frecuencia en observaciones psicológicas sobre el carácter de los emprendedores. “Este empresario tiene dentro de sí -escribe Schumpeter- el sueño y la voluntad de crear un reino privado. Lo que puede obtenerse a través del éxito comercial o industrial es tal vez lo más cercano a un señorío medieval que puede ofrecerse al hombre moderno. (...) Pero también es necesario tener en cuenta la alegría de la creación, de lograr realizar cosas”.

Este tipo de alegría transmite, al hablar de su trabajo, el profesor Philippe Aghion (París, 1956), académico del College de France, la London School of Economics y la Harvard University. En 1998, Aghion y el economista canadiense Peter Howitt publicaron “Endogenous Growth Theory” (“Teoría del crecimiento endógeno”), libro pionero en el estudio contemporáneo de las ideas schumpeterianas sobre el crecimiento económico. Para Schumpeter, la pieza central de la expansión era la “destrucción creativa”, o sea, la aparición de empresarios que destruyen los viejos factores productivos a través de la creación tecnológica. De manera parecida, hace ya más de 20 años Aghion y Howitt innovaron en la investigación sobre economía del crecimiento al introducir en el análisis del diseño de las políticas económicas el paradigma schumpeteriano, una línea teórica hoy en boga.

De visita en la provincia por un workshop de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Tucumán, Aghion acomodó ayer unos minutos para conversar con LA GACETA sobre el papel de la innovación tecnológica en el crecimiento económico y las condiciones necesarias para la aparición de innovadores. Aquí brinda algunos consejos para la actualidad económica argentina y llama la atención sobre los factores que determinan que una economía prospere (o no).

-Argentina tiene desde hace tiempo un serio problema fiscal. ¿Cuál sería para usted la mejor manera de equilibrar las cuentas públicas?

-Se necesitan buenas políticas impositivas. Los impuestos deben ser progresivos, sí, pero no confiscatorios. Si hay impuestos confiscatorios, para la gente va a ser imposible innovar y, por lo tanto, para la economía va a ser imposible crecer. La innovación precisa una presión impositiva razonable, de alrededor del 20 o 25 por ciento. En Alemania, por ejemplo, es 25. Pero no solo debe ser razonable el porcentaje de impuestos, sino que ellos deben ser razonablemente progresivos y además hay que asegurarse de que el VAT (impuesto al valor agregado, por sus siglas en inglés) no afecte a los productos de primera necesidad. Eso es lo que funciona bien. Necesitamos impuestos porque necesitamos financiar las políticas públicas. Si no, ¿cómo financiamos la educación y la salud públicas, por ejemplo? Entonces necesitamos impuestos, sí, pero esos impuestos no deben ser confiscatorios.

-Además, la economía argentina lleva una década estancada en un proceso de recesión con inflación. ¿Qué tanto afectan estas condiciones a los empresarios innovadores, a las personas que, en la teoría de Schumpeter, generan el crecimiento económico?

-Para innovar es muy importante tener una economía estable, que asegure beneficios; y una inflación alta, por ejemplo, atenta contra las ganancias de los innovadores. Por eso la política económica del Gobierno debe orientarse hacia la estabilidad macroeconómica aunque esta no sea, por supuesto, la única política pública importante para fomentar la innovación. Sobre todo, es esencial tener una economía donde haya buena educación: si la gente no está bien educada, no puede innovar realmente. También es necesario tener un mercado laboral que facilite la destrucción creativa, o sea, que la gente pueda ir de un empleo a otro y a otro. Y para eso es importante tener un sistema donde la gente reciba ayuda para cambiar de trabajo. Es lo que llamamos “flexiseguridad” y hacen en Dinamarca, por ejemplo. Y por último está la libre competencia: sin ella, existe el peligro de que los innovadores de ayer no dejen pasar a los innovadores de hoy.

-Mencionó la importancia de la educación. ¿Qué papel juegan las condiciones culturales de una sociedad en la aparición de los innovadores?

-No se limita solo al papel de las universidades, sino que las empresas también deben entender que tienen una responsabilidad social. En el caso de la industria farmacéutica, por ejemplo, es importante que las empresas ganen dinero, pero también que toda la gente pueda comprar los medicamentos. También se vuelve cada vez más importante que las empresas no produzcan polución. Ellas tienen que poder hacer dinero de la manera correcta y para eso es necesario que no haya barreras culturales.

-¿A qué se refiere con barreras culturales? ¿Cómo se incentiva la responsabilidad social empresaria?

-Tiene que ver con una mezcla de competencia y educación del consumidor: si los consumidores solo compran productos de firmas que hacen las cosas bien, habrá cada vez menos firmas que se comporten mal.

-¿Cree que el proceso de innovación tecnológica, de destrucción creativa, puede darse en los países subdesarrollados?

-Sí, absolutamente, pero hay que educar. Hay que desarrollar capital humano. En China, por ejemplo, al principio el desarrollo se debió más a la imitación, pero después, una vez que alcanzaron la frontera tecnológica, comenzó la innovación genuina. Si no hubiera educado a su pueblo, China no habría podido absorber la tecnología más avanzada y mucho menos crear la propia. La China que hoy vemos es el resultado de décadas de educación.

-¿Esta educación debe orientarse hacia las ciencias duras?

-Sí. Sobre todo es muy importante que el primario y el secundario formen alumnos muy sólidos en matemáticas, alumnos que obtengan buenos resultados en los test PISA (Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes, por sus siglas en inglés). Se empieza así. No es solamente la cantidad de escuelas, sino que es la calidad de las escuelas: cuántos estudiantes hay por clase, cómo se los evalúa y también cómo se educa a los educadores. Esto se traduce en los resultados de los test PISA, en los que a Argentina no le ha ido muy bien.

-¿Cómo espera que impacte la introducción de las innovaciones tecnológicas en los mercados laborales del Tercer Mundo, donde los individuos no suelen poseer grandes habilidades?

-Siempre hay peligro de que se destruyan empleos y por eso es importante que en las escuelas los niños aprendan a aprender: que aprendan a ser flexibles, a adaptarse a los cambios. Pero también se necesitan políticas activas de empleo: que el Estado intervenga en el mercado para ayudar a los desempleados a encontrar trabajo a través de, por ejemplo, un buen sistema de formación y buenos incentivos para emprendedores.

-¿Cómo debería incentivar el Estado a los emprendedores?

-Durante la contracción del ciclo económico, puede conceder subsidios a las pequeñas empresas para garantizar que ellas puedan funcionar. Creo que eso es lo más importante.

-¿Qué modelo de desarrollo le parece el más apropiado para Argentina?

-Es muy difícil para mí responder, porque necesitaría conocer más la situación de Argentina. Pero, en principio, pienso que deben mirar la economía de Chile. Es importante que los argentinos entiendan que necesitan empresas, que no deben nacionalizar todo sino generar las condiciones para la innovación a través de la libertad de empresa. Pero al mismo tiempo, y al contrario de lo que ha ocurrido en Chile, es necesario que la educación y la salud sean accesibles a todos. El crecimiento y la innovación son muy importantes, pero deben ser inclusivos y verdes.

Workshop de alto vuelo

Visitas de prestigio.- Philippe Aghion es la estrella más brillante de este workshop pero no la única. Sucede que el congreso organizado en el Sheraton entre ayer y hoy atrajo la atención de varios economistas reconocidos en todo el mundo. Junto a Aghion, que lo preside, arribó Ufuk Akcigit, director de Estudios de Grado del Departamento de Economía de la Universidad de Chicago. Y desde la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad Nacional de Tucumán (Facet) también destacaron, entre otras, la presencia de Pablo Sanguinetti, vicepresidente de Conocimiento del Banco de Desarrollo de América Latina.

Anglopartlantes.- Como otros acontecimientos importantes de la Facet, los participantes del workshop pronuncian sus conferencias en inglés. La reunión lleva el título “Recent Advances in Schumpeterian Growth: Theory and Evidence” (“Avances recientes en crecimiento schumpeteriano: teoría y evidencia”) y está dedicada a la discusion del pensamiento de Joseph Schumpeter (1883-1950), un economista austro-estadounidense que fue ministro de Finanzas de Austria (1919-1920) y profesor de la Universidad de Harvard desde 1932 hasta su muerte. Destacó sobre todo por sus investigaciones sobre el ciclo económico y por sus teorías sobre la importancia vital del empresario innovador en la prosperidad. La conferencia de Akcigit, por ejemplo, se centraba esta mañana en la relación entre la “destrucción creativa” de Schumpeter y las políticas públicas.

Doctor Honoris Causa.- Ayer al mediodía, con la presencia del rector de la Universidad Nacional de Tucumán (la UNT), José García; el decano de la Facet, José Jiménez, y el economista tucumano Víctor Elías, Aghion recibió el doctorado honoris causa de esa universidad. Durante el acto Aghion destacó el trabajo de Elías en la investigación del crecimiento schumpeteriano. “Es un gran día para mí -transmitió el profesor francés-. Hay muy pocos momentos como este en una vida, ¿no? Y además para mí es una cosa muy importante porque Víctor Elías creyó en esta línea de investigación, en el crecimiento schumpeteriano, mucho antes de que tuviera la repercusión mundial que tiene ahora. Entonces es particularmente importante para mí venir aquí, a Tucumán, y conocer por fin a Víctor, porque durante 25 años nos comunicamos por correo, pero no nos conocíamos en persona. Así que este doctorado honoris causa, además de ser una cosa que no pasa muchas veces en la vida, me permite encontrarme con una de las pocas personas que entendieron desde el principio la importancia del pensamiento de Schumpeter”.

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