El país, finalmente, salió del default con la normalidad

11 Dic 2019 Por Álvaro José Aurane
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Lo de ayer nunca antes pasó en este país. Y jamás ocurrió porque, desde que José Félix Uriburu inaugura los golpes de estado en la Argentina, tumbando el segundo gobierno de Hipólito Yrigoyen, estatuye una doble maldición institucional: el país convulsionará cuanto menos una vez por década y ningún Presidente de la Nación de un signo distinto que el peronismo (que para entonces aún no existía, aunque Juan Domingo Perón participa de la toma anticonstitucional del poder) completaría su mandato en contextos libres de proscripciones y de fraudes.

Así fue. Hasta ayer.

El conservador Agustín Pedro Justo, que llegó al poder en comicios estragados de delitos y con la UCR y sus referentes excluidos de la elección, completó su mandato de seis años (1932-1938) y le cedió el sillón de Rivadavia a Roberto Ortiz. En 1942 debió renunciar por problemas de salud (había quedado ciego y murió ese año) y lo suplantó su vice, Ramón Castillo, quien no completó el mandato: cayó por el golpe de Estado de 1943.

En 1946, Perón (que conoció el poder y la cárcel mientras se sucedían como mandatarios de facto Arturo Rawson, Pedro Ramírez y Edelmiro Farrell) asume la conducción de la Casa Rosada. Tras la resistida y cuestionada reforma constitucional de 1949, que habilitó su reelección consecutiva, gana los comicios y reasume en 1952. Esa segunda Presidencia fue truncada por el golpe de 1955. La autodenominada Revolución Libertadora proscribirá al peronismo.

Es decir, los conservadores nunca toleraron a los partidos nacionales y populares. Al radicalismo, que tras la Ley Sáenz Peña consigue la Presidencia en 1916 (Yrigoyen), 1922 (Marcelo Alvear) y 1928 (Yrigoyen), lo derrocan y lo proscriben en 1930 por no poder vencerlo en las urnas. Al peronismo le hicieron lo propio, aunque le dieron menos tiempo en el poder: nueve años, contra los 14 de la UCR.

Con el peronismo prohibido por decreto, el desarrollista Arturo Frondizi llegó al poder en 1958, pero otra vez un golpe de estado, el de 1962, interrumpió el período presidencial.

En 1963, con el peronismo aún proscripto, llegó al Gobierno el radical Arturo Illia. Lo derrocaron en 1966 y se inauguró el primer régimen militar, porque los golpistas de la autodenominada Revolución Argentina no se pusieron plazos. O, como se atribuyó a uno de sus jerarcas de aquel entonces, venían para quedarse “hasta que se muriera Perón”.

Porque, como analizó José Luis Romero en su ensayo En busca de la fórmula supletoria, los golpes contra Frondizi e Illia se debieron a que ninguno podía evitar el triunfo del peronismo.

En 1973 aceptaron que hubiera elecciones, pero no que compitiera Perón. Así que hubo dos comicios: los que ganó Héctor Campora, quien tras 49 días en el poder para que Perón, luego de imponerse con el 62% de los votos obtuviera su tercera presidencia, que no completó porque murió el 1 de julio de 1974. Lo sucedió su tercera esposa, la vicepresidencia María Estela Martínez, derrocada en 1976 por la última y más atroz dictadura militar de la Argentina.

Ricardo Alfonsín trajo la democracia en 1983, pero el fracaso de su gestión económica lo obligó a renunciar seis meses antes y entregarle el poder anticipadamente a Carlos Menem, quien ya era Presidente electo. El riojano reformó la Constitución, tras consensuar con los radicales el “núcleo de coincidencias básicas” en el Pacto de Olivos. Fue reelecto en 1995, con un mandato ahora reducido a cuatro años, que completó en 1999. Delegó el poder a Fernando de la Rúa.

El fracaso de la Alianza fue incontrastable: el radical dimitió en 2001, sin que hubiera sucesor consagro en las urnas. En una semana, la Argentina tuvo cinco Presidentes de la Nación. Finalmente, la Asamblea Legislativa consagró a Eduardo Duhalde como jefe de Estado. Él tampoco alcanzó a completar su mandato: en lugar de administrar hasta diciembre, cedió el poder a Néstor Kirchner en mayo de 2003.

El patagónico terminó su mandato y entregó los atributos a Cristina Fernández en 2007, quien fue reelecta en 2011. TErminó su gestión en 2015.

Comenzó entonces la presidencia de Mauricio Macri, quien se convirtió ayer en el primer jefe de estado no peronista que completa su mandato, durante un ciclo (inaugurado por los “K”) que lleva 16 años sin asonadas militares ni estallidos sociales que interrumpan presidencias.

Ayer, pese a que el país atraviesa una crisis económica marcada por el incremento de la recesión, el desempleo, la inflación y la pobreza, un presidente opositor al justicialismo terminó su período constitucional e invistió al peronista Alberto Fernández.

Ayer la Argentina no sólo consiguió superar su largo atraso con la historia. Ayer, las instituciones del país saldaron su deuda con la normalidad.

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