“El olfato de gol se hereda; pero hay que laburar”

11 Dic 2019
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POTENCIAL. En tres años como delantero de Atlético Concepción, Jonatan Amaya acumula nada menos que 56 goles. En la final anotó de chilena. LA GACETA/FOTO DE ANTONIO FERRONI

Se estaba cerrando 2015, y Jonatan Amaya pidió su deseo por el nuevo año que se aproximaba. “Antes de llegar a Atlético Concepción, hace tres años, había jugado poco, por lesión y por otros motivos. Entonces le pedí a Dios que me lleve a un club donde pudiera tener continuidad, donde pudiera salir campeón y ser el goleador del equipo”, contó el responsable del golazo -de chilena- que le dio el acenso al “León”, luego de cinco años de disputar la Primera “B” de la Liga Tucumana de Fútbol.

El hijo de Miguel Alberto “Tigre” Amaya sintetizó cómo fueron los tres años que le siguieron a ese ruego. “El primer año fui goleador del equipo y del torneo, pero no pudimos ascender. La ‘B’ es muy dura, todos juegan a muerte, y Atlético Concepción era el rival a vencer. No me di por vencido. El segundo año estuvimos muy cerca del ascenso. Pero el fútbol da una revancha, y la tercera fue la vencida”, celebró.

“Jony” aún no sabe qué le deparará el año que viene. “Tengo contrato hasta diciembre, pero quiero seguir. Veremos las propuestas. Debo hablar con el presidente, Daniel Bustos. Conmigo se portó muy bien; estoy al día, me cumplieron”, indicó.

Antes de jugar en el equipo de Banda del Río Salí, Amaya recibió formación en dos clubes de Buenos Aires. Tigre y Arsenal. “En el ‘Matador’ llegue hasta cuarta división. No me hicieron contrato, así que regresé a San Martín; pero nunca tuve la oportunidad de debutar. De ahí pasé por Policial (Catamarca), por Almirante Brown, por Amalia y por San Antonio de Ranchillos”, enumeró.

Consciencia tranquila

No se considera un ídolo del “León” bandeño, pero se siente tranquilo. “Puedo decir que dejé todo por esta camiseta; en estos tres años no me guardé nada. Conseguí continuidad, y la pagué con goles. Dios quiera que en poco tiempo el club recupere su lugar en el ámbito nacional. Pero para que logre eso hay que ayudarlo”, dijo, en referencia a la época dorada de la institución, que en 1986 se convirtipo en el primer club tucumano en llegar a la segunda categoría del fútbol argentino.

El ADN de su papá, el “Tigre”, se nota en “Jony”. ¿Qué te enseñó él?, le preguntó LG Deportiva. “Todo. Él jugaba en mi puesto. Cuando estuve en Policial y en San Antonio de Ranchillos él fue el técnico; y me enseñó a definir con las dos piernas, a cabecear, a pivotear. El olfato de gol se hereda; mi papá dice que lo tengo en la sangre. Pero hay que laburar, acá no hay misterio”, respondió el goleador.

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Miguel Amaya
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