Historias detrás de la Historia: un fallo que cambió la vida de los imputados

25 Nov 2019 Por Gustavo Rodríguez

Por el homicidio del juez Héctor Agustín Aráoz se condenó a tres personas y se absolvió a dos. Sin embargo, en un caso tan polémico como este, a 15 años de haberse cometido, no sorprende que sólo uno de los sentenciados haya cumplido la pena; otro hace poco más de un año regresó al penal para cumplirla y un tercero se encuentra prófugo. Estos son los detalles de la vida que llevaron esos cinco policías después de que se conocieran los dos fallos que dictó la Justicia.

Ema Gómez: quiere seguir estudiando y pidió clases de zumba

Los tucumanos conocieron a Ema Hortensia Gómez el 27 de noviembre de 2004, el día después de que el juez Víctor Agustín Aráoz fuera asesinado de 10 disparos en su casa de Yerba Buena. Pero ella ya era famosa y respetada en la Policía, el Poder Judicial y en la Casa de Gobierno. Ese día su rostro se difundió con una imagen. Un fotógrafo de LA GACETA la retrató cuando estaba sentada en una camioneta, custodiada por un efectivo de la fuerza. Lloraba y gritaba por el magistrado. Parecía la viuda, no la asesina. Mañana se cumplirán 15 años de ese día, pero para ella pareciera haber pasado toda una vida. Sus problemas de adicción la avejentaron 30 años. Ahora cumple la pena de prisión perpetua en la cárcel de Mujeres de Banda del Río Salí.

EMA GÓMEZ. La ex novia del magistrado regresó hace menos de un año al penal para cumplir la dura condena. LA GACETA / HÉCTOR PERALTA

La condenada por el crimen del magistrado creció en Bella Vista. A los 15 años se casó con un joven de esa localidad con el que tuvo dos hijos. A fines de los 90 comenzó a circular en ambientes cercanos al poder de turno. Ingresó a la fuerza y siempre ocupó los mejores destinos por sus relaciones con los dirigentes del mirandismo, con funcionarios del Poder Judicial y alguno que otro comisario. Fue expulsada de la Policía por inconducta y, después de haber sido detenida por el crimen, se le cerraron las puertas de los lujosos despachos y casas de Yerba Buena y Barrio Norte.

Pese a la gravedad del caso y de la condena que recibió, Gómez pasó menos de siete años en prisión. Después de haber permanecido 48 meses detenida, recuperó la libertad porque la causa aún no había llegado a juicio. Cuando recibió una pena de 13 años por ser considerada partícipe primaria de homicidio simple, no fue a prisión porque la sentencia no había quedado firme. Cuando la Corte Suprema de Justicia le revocó el fallo y otro tribunal le terminó aplicando la pena de cadena perpetua, fue a la cárcel, pero a los pocos meses le otorgaron arresto domiciliario porque acababa de tener un hijo.

En agosto del año pasado, después de haber prendido fuego la vivienda que compartía con su familia, le revocaron el beneficio y, a las pocas semanas le revocaron la guarda legal de sus hijos. Desde esa fecha ocupa un calabozo en la cárcel. Gómez tuvo que vivir dos infiernos en otro llamado cárcel. El primero, y quizás más difícil, fue superar el síndrome de abstinencia por su adicción a las drogas. El segundo, su situación de ex policía y su fama de “femme fatale” le generaron problemas. Tuvo problemas con Nélida Fernández, condenada por el crimen de Betty Argañaraz. Pero también formó pareja con una compañera de encierro de la que se habría separado por violencia doméstica.

Al poco tiempo de haber regresado por última vez a prisión, inició gestiones para que la autorizaran a seguir una carrera universitaria, aunque no se confirmó cómo terminó el trámite. Al mismo tiempo, en una visita de una parlamentaria nacional, ella se transformó en la vocera de sus compañeras y realizó varios pedidos. El más insólito es que hicieran gestiones necesarias para que las reas pudieran tomar clases de zumba.

Darío Pérez: el prófugo que sería custodio de narcos

Darío Pérez siempre juró su inocencia. Confiaba que no había pruebas en su contra y que saldría absuelto. Suspiró hondo cuando escuchó que el tribunal lo condenaba a 18 años por considerarlo autor del crimen del juez Aráoz. Muchos señalaron que él ya había tomado una drástica decisión. Después de haber estado cuatro años detenido por el caso, se había jurado que no volvería más a prisión. Y antes de que la Corte decidiera que se lo debía aplicar una pena por homicidio agravado, huyó. No llegó a escuchar que debía cumplir cadena perpetua.

DARIO PÉREZ. El oficial condenado a perpetua se escapó hace varios años. Estaría escondido en el exterior. LA GACETA / ANTONIO FERRONI

El imputado era uno de esos personajes que siempre están transitando la delgada línea de lo legal e ilegal. “Era un pillo, despierto, conocía todo”, dijo un ex compañero. Cuando sucedió el crimen trabajaba de taxista porque había sido separado de la fuerza. Sin embargo, no le habían secuestrado su arma reglamentaria porque en esa época no había un protocolo. “Es poco creíble que un brigadista de su experiencia y con la calle que tenía se haya quedado con el arma con la que supuestamente cometió el crimen”, agregó el informante, un policía que se retiró hace muy poco tiempo.

“Las pericias que se hicieron a la pistola no fueron determinantes. Estoy convencido de que le plantaron el arma y después de cometieron irregularidades”, dijo su defensor Gustavo Morales.

A Pérez no se lo tragó la tierra, sino que se escapó del país. Dejó su Lules natal, donde aún reside su familia, para cruzar la frontera por algún paso clandestino. La Policía lo buscó en varias oportunidades. Hace muy poco tiempo estuvieron muy cerca de atraparlo. En los prostíbulos y cabarés de las localidades de Bermejo de Bolivia les confirmaron que era un asiduo concurrente. Siempre le gustó la noche. “Más que el dulce de leche, y por eso perdió”, señaló su camarada. Sin embargo, también le contaron que no estaba en esa zona, sino en Tarija, donde trabajaría para poderosos narcos de la zona.

Esa versión toma mayor fuerza si se tiene en cuenta que un ex compañero, conocido como “El Potro”, que también fue exonerado de la Policía, fue detenido en Catamarca cuando trasladaba varios kilos de cocaína. Sus ex compañeros dijeron que Pérez estuvo muy cerca de caer y que no fue detenido porque su amigo, hijo de un alto funcionario policial, no lo delató.

El abogado Morales sonrió cuando se le consultó sobre esas versiones. “Tengo entendido que no está en Bolivia, sino en Paraguay. Allí trabaja como miembro de seguridad de importantes empresarios”, señaló en una entrevista con LA GACETA.

Andrés Fabersani: cumplió la condena y ahora es un empresario

La figura de Andrés Fabersani encajó a la perfección en el caso. Hizo hasta lo imposible para demostrar su inocencia, pero terminó complicándose durante el juicio en su contra. No pudo demostrar su inocencia, sí que era muy conocido de los condenados Gómez y Pérez. Por eso lo terminaron condenando a cinco años de prisión por haber intentado encubrir el homicidio para salvar a su compañero. “Esa es una de las cuestiones del fallo que no entiendo. Supuestamente borró evidencias, pero fue él quien le entregó el zapato de Gómez donde había manchas de sangre del magistrado”, destacó Morales.

ANDRÉS FABERSANI. Cumplió la pena y ahora es un reconocido empresario.

Como policía, según contaron sus ex compañeros, cultivaba el estilo de Pérez. No fue separado de la fuerza como su amigo, pero terminó en la comisaría de Banda del Río Salí como castigo. Él, según los fallos de la Justicia, sabía lo que había ocurrido en la casa de Yerba Buena. Él fue quien convenció al comisario Rodolfo Domínguez para que intervinieran en el caso. Después del crimen, se empeñó en tratar de demostrar que él y su amigo Darío no tenían nada que ver en el homicidio. Que la culpable era Gómez, pero nunca pudo probarlo. Antes de que fuese condenado, tuvo varios problemas legales. Fue mencionado en varias causas de lesiones graves y hasta en un homicidio, pero nunca llegaron a demostrarle nada. “También era pícaro, pero le fallaba su personalidad”, indicó un ex jefe.

De los tres condenados, fue el único que cumplió la condena que le impusieron los dos tribunales que actuaron en el caso. No fue a la cárcel; estuvo mucho tiempo privado de su libertad en la Dirección General de Bomberos de la Policía, a metros de Tribunales. Su conducta fue ejemplar, logró cumplir con todos los requisitos para ser beneficiado con salidas transitorias y permisos para trabajar hasta que le dieron la libertad.

“Si lo ven en la calle no lo van a reconocer”, comentó Morales, que también lo defendió en un juicio. Fabersani trabaja desde hace mucho tiempo con un ex comisario que tiene varios negocios, entre ellos una flota de taxis. “Está tan bien que hasta vive en un country de Tafí Viejo, en una casa importante”, agregó el abogado.

Rodolfo Domínguez: el comisario que quedó fuera de la fuerza

La situación de Rodolfo “El Cabezón” Domínguez en este caso fue extraña. Fue absuelto en el primer fallo, pero la Corte modificó la sentencia y pidió que se lo condenara, pero eso no ocurrió. Terminó siendo absuelto porque el delito por el que estaba imputado había prescripto. Pero el crimen le arruinó la carrera. Uno de los hombres que pintaban para ser el sucesor de Marcial Escobar en la Brigada, antes de que se declarara su inocencia, terminó siendo retirado de la fuerza. No aceptó ser entrevistado por LA GACETA, pero se sabe que desde hace años trabaja para una empresa de transporte público de pasajeros.

RODOLFO DOMÍNGUEZ. Una mala decisión que tomó le costó la carrera. LA GACETA / DIEGO ARÁOZ

“Él quedó absuelto porque con este caso se demostró que un buen policía no sabe de jurisdicciones ni horario. A él le dijeron que podía haber pasado algo con un juez y decidió actuar, como lo hizo siempre y por lo que fue condecorado con medallas de oro en varias oportunidades”, opinó su defensor, Álvaro Zelarayán.

Domínguez, después del polémico pase a retiro de Escobar, fue destinado a una comisaría compleja como era la de Banda del Río Salí. Al frente de esa dependencia estaba desarrollando una buena tarea, pero quería demostrarles a sus superiores que podía darle mucho más a la fuerza. Por eso se habría dejado convencer más fácilmente por Fabersani. Fue una mala decisión que le terminó costando su carrera.

Rubén Albornoz: el inocente que logró rehacer su vida

“Fue un típico caso de obediencia debida. Cumplió con una orden y terminó mal. Pero lo destacable es que él pudo rehacer su vida y seguir con su carrera”, contó un alto jefe policial al referirse a Rubén Albornoz el único de los cinco imputados que fue declarado inocente en los dos fallos judiciales. Recuperado del mal momento que vivió, siguió con su carrera y actualmente es uno de los jefes de la Policía Vial.

El día del crimen él estaba de guardia en la comisaría de Banda del Río Salí. Su función era la de ser sumariante. Su jefe, el comisario Domínguez, le pidió que lo acompañara a Yerba Buena para escribir las actuaciones sobre el trabajo que realizarían en la casa del magistrado. Nunca se imaginó que lo aprehenderían y, mucho menos, que estaría congelado en la fuerza durante ocho años.

RUBÉN ALBORNOZ (derecha). El único que fue declarado inocente en dos fallos. LA GACETA / ANTONIO FERRONI

Albornoz, a diferencia de los otros cuatro imputados, nunca fue separado de la fuerza, pero sí le tocaron los destinos más lejanos y no pudo ascender hasta que fue declarado inocente. Pero el grado de comisario principal que actualmente, se lo tuvo que ganar, ya que los ascensos, según la reglamentación de la fuerza, no son otorgados por tiempo. Hoy, según confirmaron sus allegados, está casi al mismo nivel de sus compañeros de promoción.

El uniformado, además de estar procesado durante ocho años, sufrió una gran pérdida. Su madre le había prometido visitar en su santuario al Señor de los Milagros en Salta si Albornoz era absuelto. Viajó a la provincia a cumplir con su promesa. En el viaje de regreso, falleció en un accidente de tránsito. Pese a todos los golpes, Albornoz se repuso y hoy ocupa un puesto importante en la fuerza.

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