Carretas en descanso

Conductores de “aspecto fiero y salvaje”.

22 Nov 2019
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LA PLAZA MISERERE. Era uno de los puntos donde descansaban carretas y carreteros a mediados del siglo XIX

Las carretas de bueyes (la mayoría de las cuales se construían en Tucumán), que transportaban productos de tierra adentro, llegaban por centenares a Buenos Aires. Se agrupaban en los arrabales, como la plaza de Miserere o el Resguardo, de Palermo. En este último lugar las vio el viajero Robert Mac Cann en la década de 1840. Allí, narra, “la costa forma un extenso campo cubierto de pasto verde y corto, que sirve de punto de reunión a las carretas de bueyes que vienen del interior”.

Entonces, dice, “tuve ocasión de ver una tropa de veinte carretas, recién llegadas del norte del país, después de un viaje de mil millas”. Los bueyes que las tiraban, ya desuncidos, “estaban por los alrededores; algunos pacían, otros descansaban echados en el suelo; uno o dos parecían morir de hambre y fatiga”. Cuando mueren, “les sacan los cueros y dejan los restos abandonados para servir de alimento a los perros. Esas osamentas molestan mucho, por el olor que despiden y porque resultan peligrosas para las personas que andan a caballo durante la noche”.

En cuanto a los “carreteros” o conductores de estos pesados vehículos, Mac Cann narra que su aspecto “fiero y salvaje despierta cierta aprensión” y “sus maneras tampoco inspiran mucha confianza: reciben siempre al extranjero con cierta frialdad, según costumbre general en ellos”. Reflexionaba Mac Cann que “para sus estrechas inteligencias, las preguntas del europeo resultan incomprensibles, y se muestran suspicaces y desconfiados cuando se trata de hacerles entrar en conversación”. Para cocinar, “usan los métodos simples de los gitanos y otras tribus nómadas; valiéndose de un yesquero, encienden fuego con algunos palos y asan la carne a la manera común”.

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