Ensuciarse hace bien: ¿mito o realidad?

Qué dice la medicina: ¿más higiene es igual a más salud? ¿Los chicos deben tener su dosis de tierra, barro y arena? ¿Cada cuánto hay que lavarles las manos? Acá, algunas respuestas a esas preguntas.

17 Nov 2019 Por Lucía Lozano

El pequeño de dos años juega con su perro en el fondo de la casa. Se sienta sobre el piso. Con entusiasmo, lleva un puñado de barro hacia su boca. Ahora encontró un poco de basura. Y cuando está a punto de masticarla, su mamá lo sorprende “in fraganti” y lo lleva con urgencia a lavarle la cara y las manitos con agua y jabón.

Ocurre en muchos hogares. La mayoría de los papás asocia la higiene con mayor salud. Pero, ¿no era que ensuciarse hacía bien? ¿Tenían razón o no las publicidades de jabón? ¿Qué dice la Medicina sobre esto? ¿Es mito o realidad que una dosis de mugre fortalece el sistema inmunológico de los chicos?

La doctora Silvina Heluani, especialista en Alergia, Asma e Inmunología, cuenta que existen evidencias tanto a favor como en contra de la “Hipótesis de la Higiene”. Esta hipótesis nació 1989 de la mano del epidemiólogo inglés David Strachan. Postula que la exposición limitada a diferentes antígenos ambientales inhibe el desarrollo adecuado del sistema inmune del individuo, haciéndolo más propenso a padecer enfermedades inmunitarias.

En criollo, según esta teoría si no se le da al sistema inmunológico nada con qué pueda ejercitarse y de lo que deba defenderse, se puede volver perezoso.

la gaceta / fotos de DIEGO ARAOZ

“Se postuló que la incidencia creciente de enfermedades alérgicas, tales como el asma, se relacionaba con la exposición disminuida a gérmenes durante las primeras etapas de la vida, debido a factores como las familias poco numerosas, una exposición más limitada a los animales y estándares generales más altos de limpieza”, detalla la inmunóloga.

Strachan concluyó que la exposición repetida a los microbios a una edad temprana -que se ve influenciada por factores como tener hermanos, convivir con mascotas, crecer en una granja o asistir a guarderías- ayudaban al sistema inmune a adaptarse apropiadamente, de modo que no reaccionara en forma desmedida frente a los alergenos ambientales, como ocurre con los pacientes alérgicos.

“El problema es que ésta hipótesis incluye únicamente a las enfermedades alérgicas y a las patologías autoinmunes”, aclara Heluani. E inmediatamente precisa que para otras patologías, como las infectocontagiosas, la higiene resulta primordial. Más que nada, el lavado de manos. “Esta práctica -especialmente en los momentos críticos; es decir, después de usar el inodoro y antes de manipular alimentos- es una intervención clave y que salva vidas”, remarca la especialista.

Tiene cifras para defender lo que dice: “los niños y niñas menores de 5 años sufren enfermedades diarreicas de manera desproporcionada y más de 3,5 millones de ellos mueren cada año en el mundo debido a patologías relacionadas con la diarrea y la neumonía. El acto de lavarse las manos con jabón puede reducir la incidencia de las tasas de diarrea entre niños menores de 5 años a casi 50 % y las infecciones respiratorias a cerca de 25 %”.

Algo personal

El doctor Ernesto Ways, especialista en infecciones respiratorias agudas (IRA), sostiene que no es necesario estar exponiendo a los chicos a enfermedades infecciosas “para que se hagan más fuertes”. “Esto es algo del pasado. Hoy es clave cumplir con el calendario de vacunas; es la mejor protección”, especifica.

Respecto de la higiene, Ways opina que es una fantasía pensar que un niño no se va a ensuciar. “Al consultorio muchas veces llegan madres culposas porque están pendientes de la limpieza de sus hijos y de la casa con cuanto antibacterial se les cruza. Y plantean que “el hijo de la vecina anda descalzo todo el día y sucio, pero se enferma menos”. La respuesta inmunológica de cada chico es muy personal y depende de muchos factores. Cada niño, en contacto con su medio, se encarga de desarrollar sus defensas. No por someterse a infecciones crean más defensas”, opina.

Sí establece una diferencia con las alergias. En este caso Ways cree que el contacto con elementos de la naturaleza puede impactar en el sistema inmunológico. ¿Los dejamos que se ensucien? “Sí. Pero siempre tratemos de que tengan hábitos de higiene. Con que se laven dos veces al día alcanza, antes de comer y después de ir al baño. No recomiendo los productos antisépticos. Lo mejor es agua y jabón común. No hay que obsesionarse. No es cierto que lavarse todo el tiempo equivale a más salud”, concluye.

El pediatra Federico Caillou opina que los niños deben ensuciarse, pero más que nada por todo lo que aprenden y conocen al estar en contacto con su entorno, tocando cosas, corriendo, saltando, explorando.

“Es cierto que los chicos hoy están menos expuestos a gérmenes y a determinadas infecciones. Según la hipótesis de la higiene esto enseña al cuerpo a diferenciar las sustancias inocuas de las sustancias nocivas que desencadenan ciertas patologías. En teoría, la exposición a determinados gérmenes enseña al sistema inmunitario a no reaccionar en exceso”, precisa.

Respecto de la higiene y del lavado de manos opina que los padres deben preocuparse más que nada por los menores de dos años. A los más grandes hay que generarles el hábito. Y una dosis de mugre no hay que negarle a nadie.

Cuatro datos clave

1. ¡Lavarse las manos solamente con agua no es suficiente!

Hay que usar jabón. Usar agua sola es un procedimiento significativamente menos efectivo.

2. El lavado de manos puede evitar enfermedades que matan a millones de niñas y niños cada año.

Es una de las maneras más efectivas de prevenir enfermedades diarreicas y la neumonía, que juntas son responsables de la mayoría de las muertes infantiles. El lavado de manos también puede prevenir infecciones cutáneas, infecciones en los ojos, parásitos intestinales, gripe aviar e influenza H1/N1, y trae beneficios a la salud de las personas que viven con VIH/sida.

3. Los momentos críticos para el lavado de manos con jabón son después de usar el baño o de limpiar a un niño, y antes de manipular alimentos. Las manos son las principales portadoras de gérmenes que causan enfermedades.

4. Los niños pueden ser agentes de cambio. Si les enseñamos las buenas prácticas de higiene siendo pequeños no las olvidarán jamás y tratarán de contagiarlas.

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