Penitencia o negociación: ¿cuál es la mejor forma de poner límites?

Pediatras y psicólogos dan consejos sobre los recursos que pueden tener los padres para establecer pautas a sus hijos. Sin gritos.

12 Nov 2019 Por Lucía Lozano
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Existe un consenso casi generalizado entre los padres sobre la importancia de poner límites en la educación de sus hijos. “¡Pero es tan difícil! A veces creo que mis chicos me tomaron el tiempo. Aunque por nada del mundo volvería a los tiempos de la chancleta”, confiesa Milagros Vera. Tiene 39 años y es mamá de dos varones, de 10 y 7 años.

A diario tiene que decir varias veces “no”. Hay momentos en los que duda cómo poner los límites: ¿hay que dar explicaciones o los chicos siempre deben acatar lo que los padres ordenan? ¿es posible negociar con ellos? ¿la penitencia sirve de algo? Las preguntas se las hacen muchos papás. Por eso, la Sociedad Argentina de Pediatría (SAP) acaba de elaborar un informe en el cual resuelve las principales dudas sobre el tema.

Algunas de las claves propuestas son negociar con los hijos, tratar de estar alineados, tanto padre como madre, en cuanto a cómo educar a los hijos sin desautorizarse y establecer penitencias como último recurso si no se logran poner límites, sin que se vivan como un castigo desmedido.

¿Cuándo negociar?

“Algunos límites son innegociables, como los que ponen en riesgo la salud de los hijos o de otra persona. Sin embargo, existen otros que sí se pueden negociar; siempre y cuando los adultos sean claros y convincentes en el mensaje a transmitir. Un ejemplo de esto es que los niños puedan acostarse un poco más tarde durante los fines de semana”, detalla Lenka Dumandzic, médica pediatra, presidente Sociedad de Pediatría San Juan.

Sergio Snieg, vocal titular de la SAP, explica que el desarrollo de los niños implica naturalmente pasar por episodios de caprichos. “Todos solemos desafiar los límites, los que nos impone la convivencia y los de autosuperación. Nunca sabemos hasta dónde podemos y a veces nos sorprendemos de lo que podemos lograr. En los chicos, los límites cuidan, protegen, resguardan y también forjan futuro. Algunos se pueden cruzar, otros debemos dejar en claro que no”, señala.

Un recurso que suelen utilizar muchos padres es el de premios y castigos. Los pediatras lo desaconsejan. No se ve un claro beneficio, asegura la SAP. Dialogar con los hijos, negociar y explicarles el porqué de los límites es más eficiente y sano que hacerlos cumplir por un premio o una amenaza.

“En caso de que los hijos decidan traspasar los límites, entonces sí puede ser una alternativa válida la penitencia, pero como último recurso si no se logra poner límites. No debe ser sinónimo de algo doloroso, sino cumplir con la función de incentivar un cambio. Es bueno darles la oportunidad de reparar el daño que causó y que la penitencia no sea vivida como venganza o abuso de autoridad”, apunta la licenciada Susana Mandelbaum.

Cecilia López, psicóloga especialista en niños, cuenta que en su consultorio muchas veces recibe a padres angustiados porque no saben cuál es el mejor método de poner límites.

Ella también opina que la negociación es clave y que el “es no porque yo lo digo” ya no es un recurso aplicable a todos los casos. La chancleta y los gritos, mucho menos. “Está en la naturaleza del chico desafiar los límites, poner a prueba a los padres. Ante los berrinches, muchas veces los papás terminan cediendo para no pasar un mal momento. Yo insisto en que deben hablar y llegar a un acuerdo sin que eso genere una frustración para el niño. Si quiere tomar un helado a la hora del almuerzo, hay que negociar que tendrá tomará ese postre pero que lo hará después de comer”, ejemplifica.

No está a favor de los castigos tecnológicos. Pero sostiene que a veces las penitencias son necesarias. “Lo que recomiendo es que cuando un niño se porta mal se lo lleve a un lugar determinado (que puede ser la cama de los padres, por ejemplo) donde tengan unos minutos para pensar en lo que hicieron. Pero no hay que dejarlos solos; hay que quedarse y ayudarlos a interpretar por qué estuvieron mal. Luego, abrazarlos para que sepan que los seguimos amando aunque estemos enojados”, aconseja.

Con los más grandes sí puede haber penitencias más importantes. Pero deben ser castigos que se puedan cumplir a corto plazo. Por ejemplo, un día sin Playstation o sin poder salir a jugar. “A los más grandes hay que levantarles un poco la voz (no gritarles) para que entiendan que lo que hicieron está mal. Y ser coherentes en nuestro discurso: no puedo pedirle algo a mi hijo que yo no soy capaz de hacer”, concluye.

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