La filosofía hoy: ¿es posible mejorar la vida en sociedad?

Las filosofías política y moral han pensado cómo organizar la convivencia entre los hombres desde la Grecia clásica. ¿Obtuvieron algún logro?

03 Nov 2019 Por Hernán Miranda
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Entre octubre de 1787 y agosto del año siguiente, mientras los norteamericanos esperaban la ratificación de su Constitución por las legislaturas estatales, aparecieron en los diarios de Nueva York 85 artículos para defenderla. Los escribían Alexander Hamilton, James Madison y John Jay y presagiaban que el destino de la Constitución de los Estados Unidos decidiría si las sociedades son capaces de establecer un buen gobierno o están por siempre destinadas a fundarse en la fuerza de una de sus facciones.

Estos ensayos, recopilados más tarde bajo el título de “El federalista”, documentan cómo los padres fundadores estadounidenses pensaron la democracia representativa al tiempo que la hacían. Por esta razón, Julio Saguir, profesor de Filosofía Política de la Universidad del Norte Santo Tomás de Aquino, transmite que esta colección ejemplifica el valor social de su disclipina. “El tema de las facciones que trata ‘El federalista’ -aclara- es el del conflicto, que fue siempre ‘el’ tema de la filosofía política. Ella muestra la permanencia del conflicto en todas las sociedades y se pregunta cómo organizarlo. No cómo eliminarlo, sino cómo organizarlo. Si no hay valor en eso, ¿dónde lo hay?”.

¿Puede haber diferencias?

El jueves 21 de noviembre la Unesco celebrará el Día Mundial de la Filosofía. Este año, las Naciones Unidas invitan a reflexionar sobre los desafíos sociales contemporáneos. Uno de ellos es otra vez el tema del conflicto, que para Saguir ha aquirido una connotación de carácter moral muy preocupante: “ya no es solo: ‘yo opino distinto de vos’, sino que hoy es: ‘lo mío es lo bueno y lo tuyo lo malo, y nosotros somos los buenos y ustedes los malos’. Y viceversa, por supuesto”.

"De la filosofía moral ha surgido uno de los conceptos centrales de los tratados internacionales incorporados a nuestra Constitución, que es el de la dignidad humana", Nicolás zavadivker, profesor de ética (UNT)

Por su parte, Nicolás Zavadivker, docente de Ética de la Universidad Nacional de Tucumán, observa que existe una tendencia bastante espontánea a creer que la moral es simplemente una cuestión de que uno tiene la razón y el otro se equivoca. “El otro puede pensar distinto sin que eso signifique que es una mala persona o una persona equivocada a la que hay que modificar. La moral no es una cuestión de acierto y error. Aunque obviamente hay cosas que son verdaderas y cosas que son falsas, también hay otras que no, que son simplemente ideas u opiniones distintas”, explica.

De esta manera, los dos filósofos consultados coinciden en la actualidad y los riesgos del tema del conflicto. “Hay una suerte de rechazo a la aceptación de la pluralidad. Es decir, no puede haber diferencias: hay solamente mi modo de ver las cosas, mi modo de entenderlas”, diagnostica Saguir. Entretanto, Zavadivker asevera: “no tiene que haber esa cosa de que yo tengo que convencerte sí o sí y de que si no te convencés es porque sos un estúpido. Hay que sacarse esa idea de encima, hay que recordar lo peligrosa que es esa idea: muchas veces ha derivado en violencia, en sometimiento”.

De Platón a Kant

Una de las primeras grandes ilustraciones del problema del conflicto aparece en la alegoría de la caverna de Platón, donde él describe a unos prisioneros encadenados por el cuello y las piernas de manera que no consiguen girar la cabeza y solo pueden mirar hacia el fondo de la cueva donde están encerrados. Detrás de ellos circulan algunas personas que cargan cosas sobre sus cabezas, mientras las sombras de esos objetos se proyectan en la pared interior de la caverna gracias a la luz de una hoguera. “¿Qué pasaba -se pregunta Saguir- con aquellos encadenados que estaban mirando las sombras? Sucedía que la ausencia de conocimiento cierto sobre los objetos generaba esta disparidad de opiniones que concluía en el conflicto entre ellos”.

Para Platón, la solución del problema consistía en la adquisición de la verdad y la adecuación de la sociedad a ella. Sin embargo, después de él Aristóteles propuso otro modo de pensar las diferencias: la amistad cívica. Si Platón pretendía eliminar el conflicto, Aristóteles piensa una base de principios sobre la cual organizarlo. “La amistad cívica es la conciencia de que somos todos miembros de un mismo espacio, de que primero somos todos miembros de la polis. Es la base sobre la cual podemos entender las diferencias”, define Saguir.

Después de los griegos, la filosofía ha continuado pensando los problemas de la sociedad y sugiriendo soluciones. “De la filosofía moral -ejemplifica Zavadivker- ha surgido uno de los conceptos centrales de los tratados internacionales incorporados a nuestra Constitución, que es el de la dignidad humana. Este concepto, que hoy tiene valor jurídico y se utiliza incluso para ponerle límite a la ley positiva de los Estados, fue desarrollado por Immanuel Kant como parte de su imperativo categórico. De una de las formulaciones del imperativo categórico deriva la idea de que un ser humano nunca puede ser solo un medio y de que tiene que ser siempre un fin de sí mismo”.

"La filosofía política muestra la permanencia del conflicto en todas las sociedades y se pregunta cómo organizarlo. (...) Si no hay valor en eso, ¿dónde lo hay?", Julio Saguir, profesor de filosofía política (Unsta)

Así, desde la Grecia clásica hasta hoy, detrás de los principios que ordenan una sociedad siempre ha habido ideas surgidas desde la filosofía o que adquirieron importancia a partir de su análisis filosófico.

Dilemas éticos

La ética proporciona diversos abordajes de sus problemas, pero rara vez ofrece un acuerdo entre los filósofos morales. Entonces ¿cómo elegir entre ellos? “No es que exista la respuesta de la filosofía a, por ejemplo, el problema del aborto -asevera Zavadivker-, sino que las distintas posiciones que socialmente existen tienen alguna fuente filosófica. De modo que no hay que esperar de la ética que nos diga: ‘esto debe ser así’. Porque la verdad es que eso no va a pasar: nuestros problemas morales socialmente relevantes van a seguir estando o se van a decidir en la legislación”.

Sin embargo, la filosofía moral le ofrece a la opinión pública algo más que nociones para que discutan los legisladores. En realidad, proporciona la idea fundamental de que la discusión puede ocurrir sin enojos y con cierta racionalidad. “Si existiera, esta disposición moldearía ciudadanos mejores o, aunque sea, menos tendientes a generar conflictos innecesarios, como perder amistades por política”, manifiesta Zavadivker.

Principios y aplicaciones

El 15 de diciembre de 1791 el Congreso de Estados Unidos enmendó por primera vez la Constitución que Hamilton, Madison y Jay habían defendido en los artículos de “El federalista”. Aunque la Primera Enmienda consagró, entre otros derechos, la libertad de expresión, todavía hoy existen problemas en cuanto a su aplicación. El jueves, por ejemplo, Aaron Sorkin, el guionista de la película “Red social”, acusó a Mark Zuckerberg de publicar anuncios políticos que contienen datos verificablemente falsos. “Facebook no está defendiendo la libertad de expresión, está atacando la verdad”, escribió Sorkin.

En la Constitución norteamericana y sus enmiendas, los padres fundadores de Estados Unidos consensuaron principios que se han vuelto intocables, pero la discusión filosófica alrededor de esos principios continúa. La tensión entre la libertad de expresión y la utilización de las redes sociales para la divulgación de información falsa es un ejemplo en este sentido, porque no flota sobre el vacío. “Es una pregunta que compromete principios -enseña Saguir-. Y cuando digo principios, no quiero decir verdades abstractas que no son discutibles. Muy por el contrario, los consensos que establecemos en una constitución son principios. Así, esto que está sucediendo en esta carta abierta que escribe Sorkin es una discusión sobre cómo aplicar mejor el principio de libertad de expresión. Y en eso, como en cualquier cuestión de principios o de su aplicación, la filosofía política y la ética tienen para decir, porque ellas son precisamente eso: la mirada de la sociedad que queremos”.

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