Confirmado: la peor gestión del país

02 Nov 2019 Por Federico Türpe
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Lo que en este espacio venimos denunciando desde hace años, la academia acaba de confirmar de forma científica: Tucumán es la provincia más deteriorada, indefensa y abandonada de la Argentina.

El Barómetro de la Deuda Social de la Universidad Católica Argentina, publicado el jueves, arrojó que el Gran Tucumám, donde reside casi el 70% de la población de la provincia, encabeza el ranking nacional en déficit de infraestructura.

Se considera que se está en déficit de infraestructura cuando se carece de uno o más servicios públicos básicos, como desagüe, vereda, pavimento, recolección de basura o alumbrado.

El 78% de los hogares tucumanos está en déficit. Tan grave es la situación de la provincia, que en el conurbano bonaerense, una de las zonas más comprometidas del país, esta deuda es del 57%, 21 puntos porcentuales menos que en Tucumán.

En el otro extremo, el positivo, están por ejemplo Ciudad de Buenos Aires (CABA), con el 12,5% de déficit, o el Gran Mendoza, con el 15,1%.

Tucumán también encabeza todos los indicadores de inseguridad.

El déficit de “vigilancia policial” alcanza al 80% de los tucumanos, mientras que en CABA es del 17%, en Mendoza del 58%, en el conurbano bonaerense del 46% y en el resto del país del 43%.

En cuanto a “percepción de inseguridad” la provincia llega a casi el 91%, superando incluso al Gran Rosario (86%), considerada la ciudad más peligrosa de la Argentina.

Universidad macrista

Después que la UCA dio a conocer el estudio, no faltaron detractores del peronismo local que acusaron a esta Universidad de “macrista”.

Cabe recordar que la UCA es la misma institución que viene informando cómo se fue incrementando sensiblemente la desigualdad y la pobreza durante la gestión de Mauricio Macri.

Al igual que con la inflación, una de las pocas mediciones confiables que se mantuvieron coherentes, incluso cuando Cristina Fernández ordenó ocultar todas las estadísticas socio económicas.

Descalificar a la UCA va en sintonía con el mismo argumento básico y falaz que esgrime desde hace cuatro años el gobernador Juan Manzur, cuando responsabiliza de todos los desastres tucumanos al gobierno nacional.

Sin faltarle el respeto a la investidura gubernamental, sin dudar afirmamos que Manzur falta a la verdad.

La tragedia de los derrames cloacales se agravó notoriamente durante los tres mandatos de José Alperovich y no era Macri el presidente. Y estos últimos cuatro años este drama, 100% responsabilidad provincial, se profundizó más aún.

Es tan falaz como responsabilizar a la Nación por el grave deterioro de la red vial -en la provincia más pequeña-, porque es una carencia que lleva décadas.

La excusa de Manzur no resiste el menor análisis. Según la UCA, el Gran Tucumán también encabeza otro ranking peligrosísimo: es el aglomerado urbano más contaminado del país. Y pese a que no se tomaron en cuenta las pérdidas de aguas servidas, sino seríamos, probablemente, una de las urbes más intoxicadas del continente.

La quema de cañaverales, los basurales a cielo abierto en toda el área metropolitana y la contaminación de los ríos llevan mucho más de cuatro años. Macri no era ni presidente de Boca.

El déficit del transporte público, servicio que esta vez no midió la UCA, pero que venimos aseverando es uno de los peores del país, no comenzó con Cambiemos.

El pavoroso gasto político

Es más que evidente que existe un corolario entre el mayor déficit de infraestructura, inseguridad y contaminación, con la provincia que a su vez ostenta el mayor gasto proporcional en política, con la Legislatura más onerosa de la Argentina y el porcentaje per cápita más alto de empleo público.

De esto no hablan Manzur ni Osvaldo Jaldo, que promueven y financian con fondos públicos la existencia de decenas de pymes disfrazadas de acoples políticos.

Pymes que hacen bulto con familias enteras en cada acto institucional como si fueran mitines partidarios, o como las que combatieron con palos y piedras el 24 de octubre en la plaza Independencia, sumiendo a Tucumán en otro papelón nacional. No son peleas ideológicas o porque los muchachos piensan distinto. Estas bandas pelean por espacios de poder y por dinero.

La única obra que esgrimió Manzur durante su asunción, el martes pasado, fue las reformas en el aeropuerto Benjamín Matienzo. Trabajos que le pertenecen, justamente, al gobierno nacional.

Obra que, por otro lado, muestra la impronta de Cambiemos en las prioridades que tuvo su gestión. Agrandaron la pista para favorecer la exportación de fruta fresca, al punto que hoy es la segunda estación de carga más grande del país, después de Ezeiza.

Una obra importantísima para el sector productivo de la provincia, pero sin dudas no era una prioridad para los tucumanos de a pie.

No es una mera opinión de este columnista, es una sentencia que acaba de publicar la UCA sobre la provincia con el mayor déficit de infraestructura del país.

Parafraseando a Axel Kicillof, Tucumán es la mayor tierra arrasada de la Argentina.

El mayor engaño

Contra el argumento que justifica el clientelismo político como recurso de asistencia social, una sola cifra echa por tierra ese engaño: el Poder Legislativo tiene casi el doble de empleados (30.000) que todo el Sistema Provincial de Salud (17.000).

Esas son las prioridades de Manzur, las mismas que tuvo José Alperovich durante 12 años. Macri no nombró a 30.000 ñoquis en la Cámara tucumana, ni dejó de hacer las obras cloacales ni de agua potable.

Este desastre institucional tiene dos causas fundamentales: primero, no hay división republicana de poderes y por eso la Justicia no controla nada. Segundo, el sistema electoral es fraudulento, porque el que controla la caja del Estado tiene el triunfo asegurado, con un piso de 300.000 votos, entre las pymes de los acoples y el ejército de ñoquis.

Sino lo creen, pregúntenle a Alperovich, que estaba convencido que obtenía medio millón de votos porque era un estadista carismático y sexy. Cuando llegan al poder se marean y se olvidan (autonegación) cómo ganaban las elecciones.

Ni segundo ni tercero, ¡cuarto! salió en junio “el mejor gobernador de la historia”, según Jaldo, pese a haber gastado fortunas en la campaña.

Apúrense a ver en qué auto llegan al recinto los legisladores que debutan y dentro de cuatro años vayan a ver en qué vehículo dejan el cargo.

Dinero sobra en Tucumán para hacer lo que hace falta, el problema es en qué y cómo se gasta.

Cada vez que Manzur vuelva a responsabilizar al gobierno nacional por su pésima gestión -lo acaba de confirmar científicamente la UCA- habría que recordarle que Macri también fue presidente de Mendoza, de Córdoba, de Salta, de Entre Ríos, en fin, que Macri también fue presidente de otras 23 provincias que están mucho mejor que Tucumán.

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