La misa de hoy: en estos momentos, rezar por la Patria

Pbro. Marcelo Barrionuevo.

27 Octubre 2019

“Dijo también esta parábola a algunos que confiaban en sí mismos teniéndose por justos y despreciaban a los demás: ‘Dos hombres subieron al Templo para orar: uno era fariseo, y el otro, publicano. El fariseo, quedándose de pie, oraba para sus adentros: oh Dios, te doy gracias porque no soy como los demás hombres, ladrones, injustos... Pero el publicano, quedándose lejos, ni siquiera se atrevía a levantar sus ojos al cielo... Porque todo el que se ensalza será humillado, y todo el que se humilla será ensalzado” (Lucas 18,9-14).

Seguimos en este domingo con la temática de la oración. Y providencialmente nos tocan las elecciones presidenciales. ¡Cuánto para rezar por nuestra Argentina! Los cristianos estamos llamados a comprometernos con la realidad histórica que nos toca vivir; no podemos ser indiferentes, y mucho menos cuando vemos una realidad difícil en el presente y también en el futuro.

Nuestro compromiso evangélico nos impulsa a rezar en primer lugar, y San Pablo señala que hemos de rezar por las autoridades para que cumplan su servicio al bien común de la sociedad. La oración es reconocer a Dios como fuente de toda razón y justicia, y de modo especial como luz y claridad en el camino de los pueblos: Lumen Gentium, luz de los pueblos que peregrinan en la Tierra. Esta oración no busca culpables como el fariseo contra el pobre del Evangelio; es una oración que nos lleva a reconocer que los argentinos no venimos haciendo bien las cosas desde hace décadas y ello constituye un serio llamado de atención para los católicos, que son la mayoría de esta población. Es una convocatoria a examinarnos como Iglesia y, al mismo tiempo, como sociedad.

La oración debe ser comprometida: no hay que quedarse en la plegaria sólo espiritual; hemos de pasar a una acción decidida de mejorar la Patria que se nos dio. Debe ser una oración activa y comprometida con la realidad que cada uno tiene. El cristiano está llamado para aportar la riqueza de la fe en su realidad; los valores evangélicos son un faro que puede ayudar a regenerar estructuras de pecado que no colaboran con el bien social; a ser un aporte sustantivo en los planos de la libertad, la verdad, la justicia, la solidaridad... Mandela sabía decir que no lo asustaban las revueltas de los hacedores del mal, sino el silencio atronador de los buenos: esto es el aburguesamiento del espíritu. Hemos de comprometernos, cada uno en lo suyo, a mejorar la calidad institucional, social, familiar de la sociedad. No son tiempos de quejarse; son tiempos de compromiso.

La oración nos lleva a ser creativos: se trata de tomar la incitativa. Orar es pedir a Dios la gracia de la conversión y de la responsabilidad para cambiar nuestras actitudes. Esta oración creativa, en este contexto electoral, es pensar que no debemos ni podemos esperar todo del resultado mesiánico de los líderes políticos. Somos los ciudadanos quienes debemos tomar la iniciativa creadora de mejorar la sociedad, transformarla y defender su bien común. Aportar creatividad desde el espíritu es romper la inercia pesimista del que no quiere hacer nada, y mucho más la del “no te metás, hacé tu vida”. Nada más alejado del compromiso cristiano. Cuántas cosas podemos hacer desde la realidad de nuestra casa, nuestro vecindario, nuestra parroquia, nuestro grupo social... El cristiano tiene obligación de meterse y comprometerse para sacar adelante la sociedad, la economía, la política, la educación, etc.; pero de modo especial su compromiso con los pobres y marginados de la sociedad. Tener más de un tercio de la población bajo la línea de pobreza es una espina que atraviesa nuestra sociedad argentina, es una vergüenza nacional. Hay que tomar el país en serio; no caer en falsos populismos mesiánicos como y superar la intolerable ineptitud dirigencial.

¡Que Jesucristo, Señor de la Historia, cuide de nuestra Patria!

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