En Los Ralos, un gesto cerró la grieta política

No siendo peronista, resguardó los cuadros de Perón y de Evita. Después del golpe del 55, la directora de la escuela sacó las pinturas para evitar que las destruyeran. Hoy estarán en un museo.

AL MUSEO. Juan Cabrera sostiene los retratos que fueron rescatados y escondidos por su madre en 1955. la gaceta / fotos DE JORGE OLMOS SGROSSO
AL MUSEO. Juan Cabrera sostiene los retratos que fueron rescatados y escondidos por su madre en 1955. la gaceta / fotos DE JORGE OLMOS SGROSSO
Álvaro Medina
Por Álvaro Medina 25 Octubre 2019

Por encima de las diferencias partidarias sobrevuelan las convicciones democráticas y de eso puede dar fe esta historia ambientada en Los Ralos. La protagoniza la familia de Juan Cabrera, de larga tradición en el radicalismo tucumano. Por esos extraños designios que suele proponer la historia, justamente a ellos les tocó erigirse en custodios, durante 64 años, de un cuadro de Evita y de otro de Juan Domingo Perón.

Todo comenzó a fines de la década del 40 del siglo XX, cuando el Gobierno peronista enviaba retratos del Presidente y de su esposa para que fueran expuestos en los establecimientos educativos. Ángela Roldán de Cabrera, madre de Juan, era en ese momento directora de la escuela Brígido Terán, de Los Ralos. “Ella no estaba de acuerdo con esto, pero de todas maneras acató las directivas”, recuerda Juan, de 82 años.

Años más tarde, en el 55, el clima social del país era una olla a presión. En junio, un sector de la Aviación Naval bombardeó la Plaza de Mayo y dejó más de 300 civiles muertos. Poco después se produjo el golpe de Estado -la autodenominada Revolución Libertadora-, iniciado el 16 de septiembre y que culminó con la destitución de Perón. Comenzaba la tercera de las seis dictaduras que asolaron la Argentina a lo largo del siglo pasado.

La decisión

Ángela había sido testigo del derrocamiento de Hipólito Yrigoyen en 1930 y mantenía atravesadas en la memoria las imágenes de los militares destruyendo los signos partidarios: los símbolos del líder radical incinerados, un busto de mármol arrancado y arrastrado por las calles de Buenos Aires, la violencia y la humillación. Decidió entonces que no sucedería lo mismo con los cuadros peronistas que colgaban en su oficina. Sabía que tarde o temprano los militares visitarían la escuela y por eso decidió llevarse los retratos a su casa.

“Mi familia tenía diferencias muy grandes con el peronismo, aun así mi mamá decidió esconder esos cuadros de las manos de los dictadores. Para ella, esa acción era un símbolo de respeto a las instituciones”, cuenta su hijo.

LA ESCUELA. Juan y la actual directora, Silvia Martínez. LA ESCUELA. Juan y la actual directora, Silvia Martínez.

Juan tenía 19 años y un fuerte sentimiento antiperonista. Confiesa que en un primer momento el golpe del 55 lo alegraba. “Mis padres, en cambio, estaban preocupados -sostiene-. Más tarde yo también comprendería que con esa acción de conservar los cuadros mi madre pretendía demostrarme que la Constitución está por arriba de todo y que el verdadero enemigo es aquel que atenta contra ella”. Esta certeza quedó grabada para siempre en el razonamiento de Juan, gracias a las enseñanzas de su madre. Años más tarde lo sufrió en el cuerpo, porque sería secuestrado y torturado durante 21 días por otra dictadura, la de los 70.

Ángela continuó siendo directora de la escuela hasta 1961. Ni durante esos años ni después encontró la ocasión adecuada para devolver los cuadros. Quizás porque la democracia no lograba consolidarse mientras era embestida por los golpes posteriores. Ya muy enferma -murió en 1993- llamó a su hijo; le pidió que custodiara los retratos y que los devolviera a la escuela cuando lo considerara oportuno.

“Mi madre sostenía que los representantes pueden fallar, pero las instituciones están por arriba de todo -analiza Juan-. Puede fallar un diputado, un presidente, pero debe seguir funcionando un Estado nacional democrático. Una cosa es combatir a un gobierno que funciona mal y otra muy diferente avasallar al sistema democrático”.

Por medio de la preservación de esos cuadros, Ángela ejemplificó lo que es el respeto a los adversarios políticos, el cuidado de los valores democráticos y la militancia de la unión nacional ante un enemigo en común, encarnado por aquellos que amenazan la Carta Magna.

Todo vuelve

Los vínculos de la familia Cabrera con la escuela Brígido Terán son muy fuertes. La hermana de Ángela, Natividad Roldán, fue directora desde 1912 hasta el 39, mientras que Ángela asumió el cargo desde ese año hasta el 61. Durante 49 años las hermanas estuvieron al frente del establecimiento.

CON SUS ALUMNOS. Ángela Roldán de Cabrera. CON SUS ALUMNOS. Ángela Roldán de Cabrera.

La actual directora de la escuela, Silvia Martínez, lleva adelante la creación de un museo en el edificio y recurrió a Juan para pedirle fotos de aquella época. Al cabo de 36 años ininterrumpidos de democracia, él sintió que era la ocasión para cerrar la historia. “La idea no es usarlo desde el punto de vista partidista, sino como disparador, entre otros elementos del museo, para que los niños indaguen en la historia argentina -destaca Martínez-. En ese sentido, estamos muy contentos de que estos cuadros vuelvan a la escuela”.

El museo se inaugurará hoy, a dos días de las elecciones, casi como un signo. Juan Cabrera entiende que su madre estaría de acuerdo con la decisión. “Ahora los cuadros de Perón y de Eva van a estar en el museo para siempre. Además, calculo que ya no habrá otra dictadura, gracias al gran Raúl Alfonsín, que supo ponerse firme para que la democracia no se vaya nunca, ¡caramba!”, sentencia Juan conmovido y con los ojos húmedos, pero con firmeza y orgulloso de este desenlace.

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