¿Es posible superar el miedo después de un accidente y volver a manejar?

Más del 90% de los que hacen una terapia pueden superar el temor. Aquí una guía de cómo hacerlo.

21 Oct 2019 Por Lucía Lozano
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La ruta 38 estaba tranquila. Era domingo a la mañana. La enfermera Nuria Pérez (33 años) había salido temprano desde su casa de Santa Lucía y se dirigía en auto a su trabajo, en el hospital del Este. De repente, un animal se cruzó en el camino y perdió el control del vehículo.

“El accidente me afectó bastante. Estuve tres meses sin trabajar, con una lesión cervical acompañada de un daño a nivel cerebral. Perdí el vehículo; por suerte pagaba un buen seguro. Hoy no puedo manejar, tengo miedo y me estresa muchísimo. Siento un dolor en el pecho y angustia, acompañado de llanto. Es por eso que decidí empezar a viajar en colectivo”, confiesa seis meses después del incidente.

A Lucía Cavagna (49) le costó bastante volver a pisar un acelerador. Hace siete años, cuando volvía de Jujuy con su hijo durmiendo en el asiento trasero, chocó y volcó. “Nos salvó el cinturón de seguridad que ambos teníamos puestos. El auto quedó destruido”, cuenta. Tres meses después, cuando el auto salió del taller mecánico y volvió a sus manos, ella se sentó frente al volante y sintió un frío recorriéndole la espalda. No podía parar de pensar en aquel accidente, si a su hijo le hubiera pasado algo grave.

“No podía arrancar. Cada vez que me subía, lo mismo. Hasta que a los 10 días me dije: si no manejo ya, no voy a volver a hacerlo. Empecé con una vuelta a la manzana. Después, un poquito más. Iba sola. Y así estuve hasta vencer la angustia”, confiesa Lucía.

Los accidentes de tránsito suelen ser situaciones traumáticas. No importa si se trata de una colisión fuerte y violenta, o si sólo fue un choque leve. Por eso muchas personas tienen problemas para volver a ubicarse detrás de un volante. Eso es normal, según los especialistas. La buena noticia es que más del 90% de los que encaran una terapia pueden superar el temor.

La psicóloga Mirta Gallardo, a cargo del Observatorio Psicológico de Seguimiento de Personas que Sufran Accidentes de Tránsito (depende de la Municipalidad capitalina), explica que el estrés que causa romper el auto y sufrir una lesión física pueden generar nervios, miedo e, incluso, pueden causar un bloqueo mental y emocional que nos impida subirnos al auto y conducir normalmente tras el choque. “Estas reacciones son normales. Sin embargo, es importante detectarlas a tiempo, para poder superarlas”, resalta la especialista.

Si tenemos en cuenta los datos de seis hospitales locales, por año hay 18.000 tucumanos que sufren alguna lesión en un choque. Y la mayoría de las veces, los daños psicológicos son tan importantes como los físicos.

“Lo primero que le ocurre a una persona que tuvo un accidente es una crisis, a nivel personal o familiar. Porque implica un trastorno en la vida cotidiana, una modificación, ya sea porque tuvo lesiones, tiene que ir al médico, hacerse estudios, ir al seguro entre otras cosas. Si hay lesión severa o un fallecimiento también aparece un duelo por lo que se perdió bruscamente”, explica Gallardo.

Sudores y temblores son síntomas comunes de quienes no pueden volver a manejar, agrega. “Cada caso es particular y necesita un tratamiento específico. Si hay ataques de pánico la cosa cambia. Por ejemplo, si ya aparecen temores de salir de la casa a realizar actividades que antes hacían con normalidad, hay que buscar ayuda cuanto antes”, añade.

Doble problema

A la Fundación Conciencia al Volante también llegan conductores que han sufrido accidentes y que la Justicia los obliga a hacer un curso para volver a manejar. El instructor Pedro Erazo destaca que muchas veces la dificultad para ellos es doble, ya que al miedo al accidente se le suma que tienen una técnica muy deficiente para manejar.

“Detrás del temor, casi siempre subyace una gran falta de preparación técnica”, resalta el experto, que es perito en accidentología. Según su experiencia, la mejor forma de superar un trauma de este tipo es antes que nada analizar de nuevo el choque en el que participaron, si tomaron malas decisiones o no y si hubo un error involuntario porque ellos creían que estaban haciendo las cosas bien.

“Un problema común en Tucumán es que las personas aprenden a manejar con indicaciones mínimas, acompañados por un familiar que no es idóneo para la tarea. Y así van por la vida, conduciendo a prueba y error”, sostiene. “En España, donde bajó de forma impresionante el número de víctimas en accidentes, una de las primeras medidas que tomaron fue que para sacar el carnet había que pasar por una escuela de manejo, ejemplificó.

La autoestima ante el volante se puede superar. “Después del primer paso, que es reconocer cuál fue la decisión equivocada, se aprende de cero a borrar los malos hábitos de la conducción, a realizar buenas maniobras evasivas y a cómo enfrentar situaciones de emergencia que podrían terminar en un vuelco o en un derrape”, relata. “En general ningún conductor quiere cometer un accidente ni matar a nadie. Pero las cosas ocurren por falta de preparación. Hay que volver a empezar. Para mí es lo mejor para vencer el miedo”, resume Erazo.

Nombre técnico

Se llama amaxofobia y es un fenómeno mucho más común de lo que parece. Se define como fobia o miedo a conducir un coche, en su mayoría debido a una mala experiencia, o el miedo de involucrar en un accidente de tránsito a un ser querido.

Claudio Artaza Saade, asesor en Seguridad Vial y director de la ONG Alerta en el Camino, cuenta que la Red Federal de la Asistencias a las Víctimas de Accidentes, considera al autor del siniestro también como una víctima y que, por lo tanto, necesita asistencia psicológica para salir adelante.

La terapia, la conducción en circuitos cerrados y los talleres con formadores viales son los principales pilares para perder el temor a conducir y para evitar que se vuelvan a generar situaciones de riesgo.

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