San Martín goleó a Quilmes y demostró que no es pura espuma

Tras el 0-0 ante Defensores, el "santo" volvió a ratificar su candidatura ante un buen equipo. Resumen del partido.

15 Oct 2019 Por Marcelo Androetto
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FIRME EN EL MEDIO. Los delanteros se llevaron los flashes pero en la mitad de cancha, Mercier marcó y contuvo a todo el frente de ataque de Quilmes. foto de matías nápoli escalero (especial para la gaceta)

San Martín demostró que no es pura espuma. Con Luciano Pons encendido, que hizo tres goles y se llevó la pelota a casa, el “Santo” vapuleó 4-1 a domicilio a Quilmes y lo dejó sin invicto. Lo más importante: quedó a tiro del líder Sarmiento de Junín, a solo dos puntos y con un partido menos disputado.

Bajo el resplandor de la luna llena, no solo “Lucho” -con siete tantos, solo superado por Pablo Magnín entre los artilleros del certamen- fue mágico. La alquimia la produjeron entre todos: el equipo fue sólido atrás, solidario en el medio y feroz en ataque.

En la gélida noche del sur del Gran Buenos Aires -siete grados de sensación térmica-, el equipo de Favio Orsi y Sergio Gómez convirtió cuatro goles a un equipo que solo había recibido tres en ocho fechas (y todos de pelota parada), a un rival que lo esperaba agazapado para dirimir en un mano a mano el lugar de escolta de los “Verdes” en la zona B, a un Quilmes que hacía casi un año que no perdía de local.

Está claro que juntos son dinamita. Hace tiempo ya, casi desde el inicio mismo de la Primera Nacional, la dupla técnica del “Santo” encontró su dupla de ataque. Y en el Estadio Centenario de Quilmes, Pons y Gonzalo Rodríguez demostraron que San Martín es muy fuerte arriba.

De arranque nomás, de cabeza tras centro del “Turbo”, Pons elevó su primer grito. Y media hora después, el referente de área le devolvió gentilezas a Rodríguez, que definió con certeza como si hubiera sido un nueve de toda la vida.

En el complemento, hubo un encuentro más, una contra muy bien manejada de tres cuartos hasta el área por el “Turbo”, quien abrió para la definición cruzada de “Lucho”. El cuarto, no tuvo participación de Rodríguez, sí un certero remate desde el borde del área del hombre de la fecha, el delantero centro que se inició en Argentino de Rosario.

En el medio, hubo una mala decisión de Pier Barrios que resucitó brevemente a Quilmes, cuando la amenaza de irse 2-0 abajo al entretiempo pendía como la espada de Damocles sobre su cabeza (y crispaba el ánimo de sus hinchas al extremo).

Una ingenuidad o un exceso de confianza: el lateral que quiso evitar un lateral, y quizá iniciar una contra, abrió las puertas al descuento del anfitrión. Federico Álvarez, el número tres que es el mejor delantero del “Cervecero”, hizo lo suyo, desborde, centro y golazo de cabeza de Alan Alegre. Pero la esperanza del “Cervecero” sí terminó siendo pura espuma. Se evaporó con el tercer gol de la visita.

San Martín ganó, gustó y goleó. Tuvo numerosos puntos altos: Juan Mercier, Nicolás Castro, Emiliano Amor, Ignacio Arce, incluso un ex Quilmes como Mauro Bellone -reemplazante de casi último momento del lesionado Matías Fissore- estuvo a la altura de lo que esperaba.

Un equipo sin complejos

Y su victoria comenzó a gestarse con su actitud habitual, de ir a buscar todos los partidos, en todas las canchas, no importa el rival que tenga enfrente. El “Santo” no tiene complejos en esta búsqueda de retorno a la Superliga. Esta vez, le agregó algo importantísimo a su juego, dos recursos hasta ahora no tan bien explotados: oportunismo frente al arco rival, máximo provecho a la velocidad de sus atacantes para el contraataque.

El travesaño devolvió un tiro libre del sustituto uruguayo Luis Aguiar. Antes, el horizontal había salvado a Arce tras un remate de Cristian Zabala. Para entonces, Quilmes ya se había ido consumiendo ante la resignación de sus hinchas. Al partido le sobró media hora, para entonces el “Santo” ya había puesto su rúbrica a un triunfo que en esta parte del Gran Buenos Aires se hizo esperar más de 31 años.

San Martín consiguió un triunfo que puede ser bisagra, que lo puede catapultar a lo más alto.

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