En Tucumán, la violencia tiene diferentes rostros y camina cancinamente por las calles de la provincia. Los 101 homicidios que se registraron en los primeros nueve meses de 2019 son una prueba irrefutable y les quita el sueño a las autoridades del Gobierno. Saben que este año el número de crímenes será superior al de 2018, por lo que es muy probable que la provincia continúe siendo la segunda más violenta del país, como quedó establecido semanas atrás en el informe del Ministerio de Seguridad de la Nación. Hasta ahora, el incremento interanual es del 20%, pero las condiciones sociales y políticas son muy diferentes.
La inseguridad sigue siendo el principal móvil de los asesinatos. Hasta aquí se produjeron 47 homicidios en situación de robo. En el primer trimestre se produjeron 27, en el segundo 9, y en el tercero 11. Pese a que la cantidad sigue siendo elevada, es inobjetable que produjo una notoria reducción. En este rubro las cifras hablan: hubo 22 personas que murieron al ser asaltadas y 19 fueron supuestos asaltantes que perdieron la vida en manos de sus victimarios, una peligrosa señal que indica que a un importante número de tucumanos no les importa estar fuera de la ley para defender lo suyo y su vida. También hubo tres ladrones abatidos por la Policía y tres personas perdieron la vida al quedar en medio de tiroteos iniciados por un robo.
Los conflictos intravecinales, con 33 casos, no sólo es la segunda causa de los crímenes, sino que en el segundo trimestre se duplicaron y, en el tercero, disminuyó, pero fue un 50% más que en los primeros 90 días. Mientras que los homicidios intrafamiliares aparecen, con 21 casos, como el tercer móvil y es el único que nunca paró de crecer. La suba acumulada en lo que va del año supera el 130%. Aquí, por ejemplo, los femicidios marchan al frente con 10 crímenes y quedó muy cerca de superar los 11 que se cometieron durante 2018.
Relaciones peligrosas
No falta mucho para que se conozcan los detalles de uno de los crímenes más aberrantes que se cometieron en la provincia: el de la joven trans Cynthia Moreira. Su cuerpo fue encontrado descuartizado en dos bolsas de consorcio en una casa deshabitada de Villa Alem. Después de 16 meses, surgió una pista. Integrantes de un clan que vende drogas en Villa Amalia la mataron como un mensaje mafioso. Su amiga y compañera se habría quedado con una carga de droga o el dinero de una cobranza. Todo el barrio debía saber que ellos no permitirían que se repitiera un episodio de estas características.
En materia de seguridad nada es casual. Todo se relaciona. San Cayetano, por ejemplo, es la jurisdicción más violenta de la provincia. Allí se registraron 10 homicidios (siete en situación de robo, dos casos de violencia intrafamiliar y uno intravecinal). Supera holgadamente a otros sectores conflictivos como Villa 9 de Julio, La Costanera, El Sifón y 11 de Marzo, por solo mencionar algunos. En este barrio, por ejemplo, la División Antidrogas Tucumán de la Policía Federal desarticuló un obsceno “quiosco” de venta de drogas. Los vecinos coinciden en señalar que la droga que se está comiendo a generaciones enteras. Que cada vez son más los jóvenes que lo único que hacen es robar (y hasta matar) para seguir consumiendo. Una realidad que se extiende a lo largo y a lo ancho de la provincia.
En Tribunales se percibe ese duro presente. Los detenidos por la Policía que prestan declaraciones por las causas que se iniciaron en su contra (especialmente robos) deben responder algunas preguntas casi obligatorias en algunas fiscalías. Según coincidieron en señalar los investigadores, el 85% confirma que consume drogas; el 95% que toma regularmente bebidas alcohólicas; el 80% que no terminó el secundario; y el 70% no cuenta con un trabajo estable. Estos son porcentajes duros que habla de una crisis que se solucionará sólo con más policías en la calle, sino con un trabajo integral que incluya a todo el Estado. Si no se cambia de política, estallarán las cárceles de presos, pero Tucumán seguirá siendo violento.








