Tucumán camina con la fuerza de la fe mariana

Tres grandes peregrinaciones, varias procesiones y fiestas multitudinarias se realizan en honor a la Virgen de La Merced, cuya festividadse celebra hoy.

24 Sep 2019 Por Magena Valentié
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DEVOTOS DE LA CRUZ DE ARRIBA. Desde Burruyacu vinieron caminando unas 650 personas, en la mayor peregrinación que se hace en Tucumán en honor a la Virgen de La Merced.

El llanto de los bombos y las flautas, interrumpido por el viento, se escucha en oleadas. La peregrinación de La Cruz de Arriba es todavía un punto celeste que se ve a lo lejos, a la orilla de la ruta 304, que conduce a Burruyacu. La columna de caminantes y carretas baja envuelta en banderas argentinas y papales, presidida por una antigua imagen de La Merced, cuyo origen ya nadie recuerda. Un rosario de pueblitos pequeños espera su paso para rendirle sus honores. 

La de La Cruz de Arriba es la peregrinación más grande de todas las que recorren como venas la provincia de Tucumán, en vísperas de la fiesta patronal, que concluye hoy. A lo largo de 45 kilómetros de caminata se van sumando los devotos y llegan a ser más de 650. Al llegar al río Salí, se arremangan los pantalones y cruzan tomándose de las manos, como lo hacían sus antepasados. Muchos pasan llorando y hay quienes van especialmente para ese momento porque es lo que le han prometido a la Virgen, a cambio de una gracia.

“Mi hija tenía 17 años cuando tuvo un accidente en la moto. Estuvo 35 días internada con respirador artificial. Me aferré tanto a la Virgencita para que no me la lleve, que Ella me escuchó. De eso hace 21 años”, cuenta Azucena Quinteros, vecina de La Cruz de Arriba.

“A mi hijo le habían pegado un tiro en el estómago. Le habían perforado los intestinos y el hígado, cuando tenía 14 años”, afirma Verónica Casares. “El doctor ya me había dicho que había que esperar nomás a que se corte. Yo no me resignaba. Y le pedí a la Madre que se apiade de mi hijo. Y ahí está mi Omarcito... ya ha cumplido 27 años y no tiene ninguna secuela”, sonríe.

Gloria y Alcira Toro son de Villa 9 de Julio. Todos los años acompañan la peregrinación desde donde la encuentran y cruzan el río. “Mi hijo tenía seis meses cuando le agarró la primera convulsión. El médico le dio un montón de remedios muy caros pero yo le hice la promesa y desde ese día nunca más volvimos al médico. De esto hace 32 años”, recuerda Gloria con el rostro castigado por el sol. “Yo todavía le pido a la Virgen que lo saque a mi hijo de la adicción”, confía Alcira.

Fernanda Gómez lleva flameando una bandera argentina con los nombres de su hijo, Ezequiel Sotelo, y sus nietos Kevin y Leonel. “A mi hijo lo iban a operar de la columna pero gracias a la Virgencita no hubo necesidad. Mis nietos estaban para nacer antes de tiempo, pero ella los hizo llegar a término; ahora tienen cuatro años, Kevin, y dos añitos Leonel”.

Sonia Madrid salió a las seis de la mañana del jueves desde La Cruz de Arriba. Pasaron por El Barco, La Ramada, Macomitas, Mariño, El Espinillo, El Chañar y otros parajes hasta llegar el viernes por la tarde a la ciudad. En cada pueblo la gente los recibió con pan casero y mate cocido, o empanadas y agua. “Mi hijo Gabriel estuvo internado por un choque en moto. El médico dijo que había que operarlo de la cabeza porque tenía un coágulo. Pero no hizo falta, la Virgen lo curó”, asegura Sonia.

La peregrinación acostumbra a llegar todos los años hasta la basílica de La Merced, pero esta vez fue la excepción. “En Villa 9 de Julio nos esperan con una gran fiesta para hacerle a la madrecita, así que para el año (2020) vamos a volver a la basílica”, promete Sonia.

Alfredo Godoy es zapatero y a los ocho años, su papá (que ahora tiene 81) lo trajo a peregrinar por primera vez. “Hace 45 años que vengo todos los años y me sigo emocionando al ver que la gente se acerca de rodillas cuando pasamos por algún pueblo, se santigua y nos cuenta los milagros que hace la Virgencita. Muchas familias ya nos esperan con comida. El viaje se hace largo porque, a veces, nos llaman para que nos acerquemos hasta alguna casa donde hay un enfermo y, entonces, nos tenemos que volver”.

Dos meses antes de la peregrinación la imagen comienza a recorrer los pueblos alentando a los vecinos a sumarse. “Durante el año nos piden el manto de la Virgen para algún enfermo que van a operar o para alguien que necesita alivio espiritual”, dice Godoy, cuya vida, a pesar de la entrega a la Virgen, no siempre fue color de rosas. Cuenta que una vez decidió dejar el “apostolado” de la peregrinación por “unas habladurías que había en el pueblo”. “Yo le había prometido a la Virgen que nunca la abandonaría, pero en ese momento de enojo me había olvidado. Y decidí que iba a dejar de acompañarla. Yo iba en la bicicleta, y me pegué un tropezón en una piedra que me tiró al suelo. Así la Virgen me hizo acordar de la promesa que le había hecho”, evoca.

“Nuestra sociedad necesita reconstruir los vínculos”

“María, acércanos a Jesús en el hermano’. Este es el lema que hemos elegido para esta fiesta de La Merced porque hoy nuestra sociedad necesita reconstruir los vínculos”, reflexiona el arzobispo de Tucumán, monseñor Carlos Alberto Sánchez. Recuerda que La Merced, como “redentora de cautivos”, sigue a la par de los tucumanos librándolos de las ataduras espirituales. Explica que así como hace 200 años la Virgen estuvo presente en la historia de la liberación del pueblo argentino, hoy “nos guía hacia una libertad basada en el respeto por el otro, por su dignidad. Una libertad que es no tratar de manipular al otro ni de comprarlo, sino de respetarlo en su integridad, y en su manera de vivir y de pensar”, señala el prelado, que encabezará los actos religiosos de esta tarde. 

LA GACETA / MAGENA VALENTIÉ

“Cuánto nos enseñan nuestros hermanos discapacitados. Yo los veo a los chicos de la Catequesis Especial y aprendo mucho de ellos, de su sencillez, de no hacer diferencia entre unos y otros. Esa es la frescura de Jesús, es la cercanía de Jesús en el hermano”, enfatiza.

“María de La Merced nos ha acercado a Jesús desde la fundación de Tucumán. De mano de los mercedarios, de los primeros misioneros, Ella vino a acercarnos a Jesús. Es la misma imagen que nos acompañó, justamente un 24 de septiembre, en el traslado de la ciudad a su nuevo emplazamiento, 120 años después de su fundación. María de la Merced nos llevaba de la mano caminando, todos juntos, como pueblo. Ella es la redentora de cautivos. Ha estado presente en la gesta por la Independencia porque Ella quería que vivamos esa libertad que se declaró cuatro años después de la Batalla de Tucumán. Por eso Belgrano le regaló su bastón de mando. Él lo hizo en un acto de fe, porque sabía que ganar la batalla sin la ayuda de la Virgen era humanamente imposible”, afirma.

“Hoy la Virgen quiere que nos tratemos como hermanos. Es lo quiere cualquier madre: que nos ayudemos entre nosotros, que nos corrijamos y nos protejamos. Por eso les aliento a mis hermanos tucumanos a que salgamos al encuentro del hermano especialmente al que está sufriendo. Por eso el lema de esta fiesta quiere ser una invitación a no pasar indiferente frente al otro ser humano, que es otro tucumano como yo. Y en este tiempo de crisis es cuando más tengo que levantar la mirada hacia el otro y tenderle una mano”, concluye.

El padre Néstor Álvarez, párroco de la Merced, convocó a todos a participar en la celebración que concluirá con una gran fiesta popular en la plaza Independencia.

La agenda de la fiesta

- Misas a las 6, 7, 8, 9 y 11 en la basílica de La Merced.

- A, las 12.15, traslado de la Virgen al colegio de las Hermanas Esclavas.

- A las 17, acto en plaza Belgrano por el 207°  aniversario de la batalla de Tucumán.

- A las 17.30, procesión por Alberdi y 24 de septiembre hasta la plaza Independnecia. A las 19, misa en plaza Independencia.

-  A las 20.|15, fiesta popular. Actuarán San Pedro grupo vocal, dúo El Reflejo, Héctor Saleme, Eduardo Ruiz, Los Cantores del Alba, Nando el Salteño, Jorge Mario Miguel el Niño canto y Andrés Miguel.

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