Instantáneas de una ciudad dinámica y entrañable

Un colmado Centro Cultural fue el escenario de la presentación del libro que muestra escenas de la vida cotidiana de San Miguel de Tucumán, desde sus comienzos, elaborado por Carlos Páez de la Torre (h) y Sebastián Rosso.

11 Sep 2019 Por Roberto Delgado

Ese tenso equlibrio entre el cambio y la permanencia marca las páginas del libro “San Miguel de Tucumán. Una memoria de la ciudad entrañable”, de Carlos Páez de la Torre (h) y Sebastián Rosso, editado por LA GACETA. Se trata de una obra de 400 páginas por las que transcurre la vida cotidiana de una urbe que bulle y atrae, “que trata sobre nosotros, que al abordar lo que fuimos explica lo que somos y sugiere lo que podemos llegar a ser”, al decir de la periodista Irene Benito, que presentó a los autores ante un colmado Centro Cultural Virla. Con el entusiasmo y la nostalgia que deparan los textos y las imágenes del trabajo, Benito definió que “esta empresa del recuerdo” son “instantáneas que nos definen como vecinos de San Miguel de Tucumán” y que la obra “cobija emociones, guiños que el tiempo dejó convertidos en imágenes y palabras mientras los cambios parecían llevarse todo por delante”. Destacó que lo que los lectores van a encontrar son “transformaciones que no caben en los manuales de urbanismo ni de sociología” y que “esos rostros atesorados en el Archivo de LA GACETA expresan sensaciones que resultan familiares”.

Complementación creativa

“Confieso que al comienzo yo quería hacer un libro que tenga los frentes de las casas viejas de San Miguel de Tucumán ya desaparecidos. Sebastián dijo que iba a ser aburrido, que hay que meterlo dentro de la vida cotidiana de la ciudad, que es lo que realmente puede tener un interés mayor. Al final fue una brillante idea”, dijo Páez de la Torre, abriendo del diálogo y mostrando el tipo de complementación creativa. “Confieso que yo no soy hjjo de Tucumán, sino de Concepción. Pero soy una especie de hijo adoptivo de esta ciudad maravillosa”, añadió Rosso.

AUDITORIO. El gerente general de LA GACETA, José Pochat (centro), junto al intendente Germán Alfaro y su esposa, Beatriz Ávila.

Así comenzó un recorrido por imágenes -un mapa de la primera delimitación de la urbe y fotografías- que sugieren la riqueza de la vida cotidiana que atesoran las páginas, desde la foto de Ángel Paganelli de la urbe en 1870 (en la actual esquina de 25 de Mayo y Mendoza) hasta una impactante foto del carnaval, pasando por bailes, carteles, el trolebús, vendedores callejeros, el interior de lujosos palacetes, los edificios, las niñas que hacían “la vuelta del perro” en la plaza Independencia....

Los autores desgranaron la singularidad de que la capital no haya tenido imágenes sino hasta bien pasado el siglo XIX y la picardía de Paganelli de regalar fotos de la ciudad a quienes compraban retratos, con lo cual comenzó el registro de esa vida cotidiana. También señalaron la singularidad de que siendo una capital en la que palpitaron tantos lugares de encuentro social como los bares -Páez de la Torre mencionó El Condado- en muchos casos no hayan quedado fotos.

PARA ATESORAR. “Muñeca” Correa con su libro.

Hubo momentos de buen humor y de mucha nostalgia. Páez de la Torre recordó los bailes en el Jockey Club, los galanteos de los grupos de chicas y muchachos en “la vuelta del perro” y la bella imagen de un vendedor, don Camilo, a quien el historiador conoció allá por los 60 en la plaza Alberdi. Sólo lamentaron, entre risas, no haber incorporado al libro la foto del tren que salió de la estación en la plaza Alberdi.

Lo que el viento se llevó

El cambio constante fue uno de los temas que quedó latiendo en la sala. “En Tucumán la piqueta ha trabajado a destajo”, señaló Páez de la Torre. Rosso, en cambio, destacó que “hay algo que de entrada parece un disvalor porque parece que no respetamos el patrimonio, pero hay algo que tiene San Miguel de Tucumán, que no mira atrás, sino que está siempre pensando en lo que viene después, te guste o no te guste”. En este sentido, Páez de la Torre observó que la ciudad tiene algo misterioso: “en los 50 -dijo- por ella pasaba el meridiano de la arquitectura –estaba el famoso Vivanco- (...) y el meridiano de la plástica nacional -con el famoso Spilimbergo- (... ) y no quedó nada, se lo llevó el viento. No quedaron obras en cantidad suficiente”.

VALOR DOCUMENTAL. Rosso contó del trabajo del Archivo de LA GACETA.

Cuando se vio la imagen del trolebús en la plaza Independencia, y se habló de los vehículos atestados, Páez de la Torre dijo que “eso indicaría el nervio que tiene esta ciudad, la vibración que tiene. Es lo que la distingue de otras que son una especie de ficciones geográficas en nuestro mapa... acá hay una cosa que bulle, por eso la gente se engancha y se queda; por eso vivió 11 años Paul Groussac, cinco años Amadeo Jacques...”

El mensaje

Toda la presentación expresó el cariño hacia la ciudad... “No es el enemigo, como se la mira generalmente, como se la destruye”, dijo Páez de la Torre. “Creo que el libro, si de algo sirve, es para que la gente conozca la ciudad, porque uno quiere lo que conoce. Por eso decía don Zenón Santillán que lo más difícil era ser intendente porque siempre había una cosa rota. El mensaje es para que la gente aprenda a querer a su ciudad”.

OBRA ESPECIAL. El libro despierta emociones en los habitantes de San Miguel de Tucumán.

Mirada del intendente

“Somos una ciudad histórica y a la vez tenemos que crecer junto con el mundo”

Al pensar en la cita de Carlos Páez de la Torre (h) sobre Zenón Santillán, acerca de la complejidad de estar a cargo de una ciudad, el intendente  Germán Alfaro reflexionó que “es el cargo más difícil en ciudad porque está en primera línea. Es lo que tiene la gente como más inmediato como autoridad. Y es para dos períodos, no más, porque te exige que tengas la misma creatividad que al inicio de la gestión”. Coincidió, además, con Páez de la Torre “cuando dice que la ciudad no es el enemigo. Creo que tenemos que tener en claro los que vivimos en San Miguel de Tucumán”. Alfaro destacó que “el archivo que tiene el diario es impresionante. Además, no es lo mismo que te cuenten la historia de la ciudad que te la cuenten a través de dibujos, pinturas y fotos. Eso te obliga a imaginarte y te transportás a ese momento. Sin duda que para todos la ciudad no es la misma ¿no?” Consultado por las miradas de los autores que lamentan a la vez la urbe devorada por la piqueta y la que se modifica dinámicamente, reflexionó que “somos ciudad histórica... estamos obligados a preservar parte de nuestra historia. A la par de eso, a la vez, tenemos que crecer como va desarrollándose el mundo, con tecnología e infraestructura, y tenemos que saber combinar esos dos aspectos, lo que es nuestra historia al ritmo que va el mundo. Hay muchas ciudades que han hecho esto, como Cartagena de Indias, por ejemplo. Eso nos obliga a que seamos tolerantes quienes pretenden preservar nuestra historia y quienes quieren desarrollar la cudad”.

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