El Día de la Impotencia Institucional

02 Sep 2019 Por Irene Benito

El Día del Abogado se encamina hacia una redefinición más ajustada al Estado de derecho vigente: un bromista con aptitud para captar los humores colectivos sugiere rebautizar el 29 de Agosto como el Día de la Impotencia Institucional. Hace tiempo que el cumpleaños del ilustrísimo Juan Bautista Alberdi cae en “mal momento” para la república, pero este 2019 directamente pareció un acontecimiento marciano, como si fuese extranjero -y no comprovinciano- el introductor de la división de poderes. Alguien recordó entonces que la Argentina devora a los soñadores de la libertad, la independencia y el progreso: por algo el propio Alberdi, San Martín, Borges y Sarmiento murieron en el extranjero. La institucionalidad es una foto en sepia. Lo prueba que sólo se habla de la Constitución para especular sobre las chances de extender los mandatos en curso, o de exterminar los principios democráticos de la periodicidad y la alternancia, como ya hizo la Formosa de Gildo Insfrán.

Basta con revisar el último discurso de Marcelo Billone, presidente del Colegio de Abogados de la Capital, para dimensionar la esterilidad. Ese texto sincera el agotamiento de la entidad que en las últimas décadas asumió como ninguna otra la defensa de la Justicia independiente en la provincia. La estrategia de judicializar las disputas ya no funciona. Ninguno de los juicios contra las “reformas” de los Tribunales impulsadas por este Gobierno lograron detener cambios que, según el Colegio, importan retrocesos. Los jueces no lucen dispuestos a las cruzadas de antaño: otro síntoma del fin de ciclo que se cierne sobre la Cámara en lo Contencioso Administrativo. El estrado que más límites impuso a los gobernantes aún no se recupera del golpe que implicó que, en el epílogo del Bicentenario, la Legislatura y el Poder Ejecutivo rechazaran la orden que colocó los hipotéticos recibos de los gastos sociales legislativos al cuidado del vicegobernador Osvaldo Jaldo. El Colegio guardó silencio ante esas circunstancias. Billone recién comenzaba su presidencia cuatrienal y se presentaba como un dialoguista contrapuesto a la conducción confrontativa que había desplegado su antecesor, Francisco García Posse. Ese cambio de estilo, sumado a otras carambolas, terminó por beneficiar al oficialismo.

La ausencia de condiciones para emitir pronunciamientos que irriten a las autoridades políticas “condena” a los litigios que cuestionan los mecanismos de dominación del Poder Judicial. “Nos comimos el estómago”, resumió un empresario acostumbrado al trato con poderosos de todos los pelajes. El Colegio insiste con amparos y acciones declarativas de inconstitucionalidad a sabiendas de que tiene al reloj en contra. Sin ir más lejos, cinco días después de las elecciones del 9 de junio la Corte Suprema de Justicia de Tucumán dio vuelta su sentencia firme sobre la competencia, y se desprendió de la causa que había iniciado la gestión de Billone para emplazar al gobernador Juan Manzur a designar jueces, fiscales y defensores oficiales surgidos de los concursos públicos que organiza el Consejo Asesor de la Magistratura. El giro mandó el caso a la Cámara en lo Contencioso Administrativo: en el meneo “perecieron” casi dos años de trámite.

El estancamiento de los procesos con repercusión institucional conspira contra la intención de algunos dirigentes de la abogacía de ofrendar sus reclamos en el altar de la Corte de la Nación. Sin perjuicio de que cuesta imaginar a ministros como Ricardo Lorenzetti en un fallo adverso a su anfitrión Manzur, máxime cuando este fue bendecido como líder de los gobernadores por el candidato presidencial Alberto Fernández, la realidad es que vale poco la sentencia que, equis años más tarde, por ejemplo dinamite al auxiliar de fiscal nombrado a dedo, figura que el Colegio considera un “fiscal encubierto” inconstitucional. Para entonces, el funcionario atacado ya habrá rendido los frutos cortoplacistas que motivaron su creación: el daño estará hecho en innumerables micro y macroactos de acusación, y la eventual sentencia que anule el desvío original no podrá repararlo. Será una reivindicación simbólica incapaz de sustituir el efecto inmediato de las medidas cautelares que antaño dictaba el Poder Judicial, pero ya no. Una de esas medidas precautorias impidió durante tres años al gobernador José Alperovich la cobertura de las vacantes de la Justicia. Sucedió entre 2006 y 2009 en un Tucumán que -¡ay!- se creía en el subsuelo de la decadencia.

Ante la desesperación que acarrean los pleitos eternos y diligencias inocuas como la presentación de un proyecto de ley de ética pública, Billone optó este Día del Abogado por pedir “gestos” que devuelvan la fe en la Justicia. Es un SOS que el principado del foro ni se detuvo a evaluar. Minutos después de la emisión de la señal de socorro y ante la tumba del autor de Las Bases ya había quienes descartaban cualquier magnanimidad de parte de un jefe del Poder Ejecutivo que superó con creces a sus predecesores en el afán de transformar la Corte en una extensión de la Fiscalía de Estado. En “Trucumán” no habría margen para decretos de autolimitación como el que firmó el ex presidente Néstor Kirchner a los fines de transparentar la designación discrecional de los integrantes de la cúpula judicial de la Nación. Es justamente ese “gesto” el que, en medio de la crisis argentina, propone el organismo que encabezan Billone y el vicepresidente Carlos Casal.

Pedir al poder que se restrinja a sí mismo es como pedir a los abogados que renuncien a sus honorarios: puede suceder, pero suena a poco probable. Si la lucha por las instituciones depende de un milagro, entonces no cabe más que rezar. Un dirigente profesional de otras épocas menos amargas dice que la caridad empieza por casa, y lamenta, por ejemplo, que varios de los que critican los nombramientos por amiguismo hayan festejado hace poco la designación dedocrática y secreta de Augusto Moeykens, un allegado al establishment del Colegio, como funcionario del Ministerio Público Fiscal. En el Día de la Impotencia Institucional otra colega fue más práctica y recomendó buscar confort espiritual en los lapachos en flor.

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