Dinastías “de fierro” que escribieron páginas imborrables

A lo largo de la historia del automovilismo en el mundo, hubo familias que escribieron páginas imborrables.

25 Ago 2019 Por Miguel Eduardo Décima

El automovilismo, a través de su historia, se encargó de albergar a familias que terminaron dejando un sello inextinguible. Pasa en Tucumán, en el país y en el mundo.

En el ámbito doméstico, los casos se multiplican y sólo citaremos algunos. Están las historias originadas en los albores del siglo XX, como la que escribió la familia Reginato. Quien abrió el camino de la velocidad fue Domingo, en Catamarca. Lo siguió Andrés, que en la década del 50 compitió en carreras zonales y en los grandes premios de Turismo Mejorado. Luego tomó la posta su hijo Miguel, que pasó por varias categorías y que incluso llegó a participar del Rally Dakar. Miguel (h) y Andrés fueron los naturales continuadores en aquello de acelerar.

Entre las familias “tuercas” más numerosas se encuentra la que integran los Rotondo. Juan tuvo hijos que aceleraron, y nietos que siguen la tradición; Miguel sentó a su lado como navegante de rally su hija Alejandra; y Jorge, como no podía ser de otra manera, también tuvo descendientes veloces.

TRIO. Miguel Reginato apuntaló la pasión de sus hijos Miguel (h) y Andrés.

Los Mohamed también escribieron grandes historias. “Lito” se especializó en motos, pero no les escapó a los autos; Lucas llegó alto: fue subcampeón del TN en 2014.

También están los Berral. Don Antonio se destacó en competencias del NOA. Luego vino su hijo Mario, que le siguió los pasos. La continuidad estuvo en Mario (h), aunque no corrió demasiado.

Los Chincarini son otro caso para mencionar. Rafael fue corredor y preparador. A la pasión la heredó su hijo Sebastián. Y recientemente apareció Tomás Aráoz, nieto de Rafael, un niño que corre en karting con mucho éxito.

De las dinastías tucumanas, hay una llamativa: los Ortega. Cabeza del grupo es Bernardo, protagonista a nivel zonal. Y, con los años, sus tres hijos llegaron a categorías nacionales: Bernardo (h), Juan y Pablo.

A nivel nacional, mucho se dijo y escribió del clan Di Palma. Una familia que desde Arrecifes se encargó de escribir páginas de glorias. Luis Rubén, el popular “Loco” fue el encargado de transmitirles su pasión a sus hijos Marcos, Patricio, José Luis y Andrea, que compitieron en distintas categorías nacionales. Quien hoy es figura es Luis José, “Josito”, hijo de José Luis que corre en Turismo Carretera, Súper TC2000 y en el Grupo 3 del Turismo Nacional.

¡DE TAL PALO..! Luis Rubén Di Palma junto con sus hijos, Marcos y Patricio.

“Josito” fue el más compinche de su abuelo. El “Loco Luis” lo llevaba a todos lados, en auto o en helicóptero, y varias veces le pasaba el comando de la nave, en pleno vuelo, como si fuese un juguete más. Aquella trágica jornada del 30 de septiembre de 2000, cuando el helicóptero que manejaba Luis Rubén y se estrelló en Carlos Tejedor (volvía de Santa Rosa, La Pampa, a su Arrecifes natal), “Josito” estuvo a punto de viajar con él, pero se retrasó tras una suspendida prueba en karting y llegó diez minutos después de aquel viaje sin regreso del abuelo. En esa familia, sin dudas, el más carismático de todos luego de Luis Rubén es “Marquito”, dueño de una personalidad desbordante que le permitió ser atracción, dentro y fuera de los circuitos. Se lo conoce mucho por sus “locuras”, esas que varias veces pusieron en peligro su vida. La más resonante fue aquella vez que, en 2017, protagonizó un accidente con su avión entre Arrecifes y Capitán Sarmiento, sin sufrir lesiones. Pero esta última ciudad se quedó sin luz por la situación. El más flamante integrante que da que hablar de la dinastía es Stefano, que corre en la Clase 2 del Turismo Nacional. El menor de los hijos de José Luis compite con un Chevrolet Onix del Pintó Touring car.

Esta historia de transmisión de pasión de padres a hijos tiene casos muy reconocidos. El varias veces campeón del TC, Oscar “Pincho” Castellano, se la pasó a Jonathan, que hoy integra el staff teceísta. Juan Antonio De Benedictis lo hizo con Juan Bautista y Franco, que compiten en TC y TC Mouras, respectivamente.

Reconocido es el caso de Vicente Pernía, el ex jugador de Boca que, al abandonar el fútbol, se dedicó con mucho suceso a competir en Turismo Carretera. A esta pasión la heredaron sus hijos Leonel, actual líder del campeonato del SúperTC2000 y Mariano, que también jugó profesionalmente al fútbol; inclusive al nacionalizarse español, estuvo en el Mundial 2006.

EXITOSOS. Agustín Canapino heredó de su padre la pasión por el automovilismo.

Entre los clanes que también se destacaron están el que integró el quíntuple campeón mundial de F-1 Juan Manuel Fangio con su hijo, Oscar “Cacho”, que fue uno de los miembros de aquel inolvidable equipo que corrió las “84 horas de Nürburgring” en 1969.

La lista puede hacerse interminable, pero bien vale hacer más nombres: José “Bocha” Ciantini y su hijo Diego (corre en el TC Mouras); Roberto Urretavizcaya, padre de Tomás, que corre en TC. Está el caso del preparador Alberto Canapino, cuya herencia tomaron Agustín y Matías. También el del actual presidente de la ACTC, Hugo Mazzacane, a quien lo siguió su hijo Gastón Hugo. Al fueguino Julio Catalán Magni le continuó los pasos Juan Tomás que corre en TC Mouras. Oscar Aventín, campeón del TC, ex presidente de la ACTC y hoy preparador de motores, es padre de Diego, que supo coronarse en el TC en 2013. Ernesto Bessone corrió en el TN en los 60; su hijo “Tito” (h) lo siguió y fue campeón en varias categorías. Hoy Ernesto III y Juan Pablo siguen la tradición, en TC Pista y TC Mouras.

HEREDEROS. Mario Andretti, a la par de su nieto Mario Jr. y de su hijo Michael.

Del mundo, también hay casos para hacerse un festín. Para muestra, tomamos a la F-1. Está el campeón 1978 Mario Andretti, padre de Michael, que corrió en F-1 y en Nascar, y abuelo de Mario (Jr), que compite en Indy; Keke Rosberg, papá de Nico (campeones en 1982 y 2016); Nelson Piquet, padre de Nelson Jr; Graham y Damon Hill (suman tres títulos entre los dos); Gilles y Jacques Villeneuve y Michael Schumacher, padre de Mick. Este último, a las puertas de la “máxima”.

PUNTOS DE VISTA

Nuestro padre nos transmitió toda su pasión

Juan Ortega - Llegó a correr en el Turismo Nacional

Entre 2000 y 2004 acompañamos con Bernardo y Pablo a papá a las carreras que se desarrollaban en la zona. Siempre nos apasionó estar junto con él y vivir con sensación de presencia las carreras de Fórmula 4, Fórmula Renault y algunas fechas de Turismo Nacional en que participó. Eran hermosas épocas, porque nos permitía compartir grandes momentos en familia. En lo personal, recién empecé a correr a los 20 años, pues hasta los 19 practiqué rugby en Lawn Tennis. Lo hice hasta la división M19 junto con unos amigos con los que veníamos jugando desde chicos. Al terminar el torneo de 2009, como se iba a disgregar el grupo y empezar a jugar en el plantel superior, con gente que no tenía mucha afinidad, es que decidí dejar de jugar al rugby y dedicarme al automovilismo.

TODOS UNIDOS. La familia Ortega tiene una fuerte relación con el automovilismo.

En los últimos tiempos, dejé de participar en competencias nacionales porque los constantes viajes hacia las sedes de las carreras me terminó cansando. Además, me dediqué a trabajar con mis padres con las empresas familiares. Igual seguimos al automovilismo a través de la televisión.

Mis mejores juguetes estaban el taller de mi viejo

Jorge Rotondo - Ex piloto de motonáutica

Somos una familia de varias generaciones que estuvo dedicada siempre al mundo “tuerca”. En mi caso, me crié en el taller que mi ‘viejo’ tenía en la calle Chiclana 350. Recuerdo que cuando tenía siete u ocho años solía subirme al catamarán que mi viejo tenía en el taller y simulaba pilotearlo. En mi infancia, mis juguetes preferidos estaban en el taller. Mi padre Juan era el encargado de preparar el auto Unión que en las décadas de los 60 y los 70; Jorge, mi tío, se encargaba de conducirlo en las carreras de Mecánica Argentina y Fórmula Uno zonal.

En lo personal, me dediqué decididamente a la práctica de la motonáutica a nivel regional y nacional. Entre 1987 y 1989 participé en los campeonatos de Turismo Nacional.

Desde chiquito, mi vida transcurrió en medio de la pasión que mi familia tenía por los “fierros”. Lo bueno fue que, en lo personal, siempre conté con el apoyo de ellos hasta que en la década del 90, por lo costoso que significaba tener una máquina competitiva es que decidí dejar de participar. Hoy, tengo continuidad en lo que hacen mis hijos Juan Pablo y Facundo en el Turismo Nacional.

Mi bisabuelo fue el primer corredor de la familia

Andrés Reginato - Piloto que corre en distintas categorías

Provengo de una familia “tuerca” hasta la médula. El primer corredor fue mi bisabuelo, Domingo, que vivía en Catamarca y que corrió entre 1920 y 1930. Esta pasión se las transmitió a su hijo Andrés y luego a toda la familia. Mi padre, Domingo Miguel Ángel, en un principio no quería que ni mi hermano Miguel ni yo fuéramos corredores. Pero al final terminó cediendo ante las ganas que veía en nosotros por el automovilismo. En lo personal, ahora corro cuando quiero o puedo. Los tres autos que tengo están listos para competir en cualquier momento. En esta temporada todavía no corrí ninguna competencia, pero en cualquier fin de semana me prendo en alguna.

Tuve una vida dedicada por entero al deporte

Domingo Miguel Ángel Reginato - Padre de Miguel y de Andrés Reginato

Recordar aquellos años de juventud cuando tenía toda adrenalina para practicar todos los deportes que me gustaban, me produce una tremenda emoción. Me considero un deportista mil por mil, pues a los cuatro años y hasta los 14 practiqué atletismo. A los 15 empecé a correr. Mi primera competencia fue las “24 horas de Citroën”, que en 1970 se corrió en el autódromo municipal que todavía no se llamaba “Nasif Estéfano”. Participé durante tres ediciones. Luego corrí con un Fiat 128 y durante cuatro años me dediqué al karting. También participé en competencias de Fórmula 4, Fórmula Renault y rally. Incluso hice el Dakar. Tuve una vida dedicada a lo que me desvive: el deporte.

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