Roque Corbalán, “el señor de las tijeras”, que amaba su oficio de peluquero

Presidió la Sociedad de Peluqueros de Tucumán. Falleció a los 79 años y dejó su legado entre los colegas tucumanos.

20 Ago 2019
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Roque Corbalán fue un referente entre los peluqueros de Tucumán.

Honda tristeza causó entre sus amigos y su familia la muerte del peluquero Roque Sarvelio Corbalán. Nacido en Luján (departamento Cruz Alta) el 13 de noviembre de 1939, desde muy joven llevaba la vocación de peluquero. A los 16 años, cuando venía a San Miguel de Tucumán, se paraba a mirar a través de la ventana cómo cortaban los ya famosos peluqueros, y soñaba con ser algún día como ellos.

Sus primeros pasos los dio en dos peluquerías de la calle San Martín, hasta que en 1967, un peluquero que vino de Francia le dio la gran oportunidad de su vida y no la desaprovechó. Junto a dos colegas abrió el primer salón de peluquería inspirado en los grandes salones de Buenos Aires, corte a navaja, con un trato personalizado y amplio a sus clientes: “Adán, nueva visión en peluquería masculina”, ubicada en calle Mendoza 449. Por cuestiones comerciales debieron cambiar el nombre por el de “Salón Apolo”, donde se convirtió en uno de los mejores estilistas en Tucumán.

Obtuvo menciones y premios en campeonatos en los que participó. Con el afán de perfeccionarse y revalorizar la profesión se integró a la Sociedad de Peluqueros de Tucumán, entidad que presidió entre 1976 y 1981. Se realizaban campeonatos a nivel provincial, pero no era suficiente quería que Tucumán y el noroeste pudiesen competir en campeonatos nacionales por lo que creó La Federación del Noroeste. Fue jurado en diversos campeonatos. Con esfuerzo e insistencia logró que la Unión de Peinadores Argentinos instalara en Tucumán una escuela para profesionales para ser formados como maestros, con una carrera de 5 años de duración, siendo él el primer Maestro Peluquero, egresado de ese establecimiento.

En Chacabuco 296, instaló su propio negocio: “Peluquería Roke” que continúa en actividad conserva su estilo clásico. En sus últimos diez años luchó con una penosa enfermedad, pese a la cual siguió trabajando en su amada profesión. Murió a los 79 años. A sus seres queridos y discípulos les dejó  como enseñanza, que con esfuerzo, convicción, constancia y amor, todo sueño es posible de concretar.

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