Ese soberano poder

16 Ago 2019 Por Álvaro José Aurane
1

Las PASO han llegado pero no han pasado. Las primarias, tan subestimadas y despreciadas como un gasto inútil, resultaron ser tan trascendentales que ahora, cuando se termina la semana, sus efectos siguen repercutiendo en los más diversos niveles (bursátiles, cambiarios, económicos, financieros, políticos y diplomáticos). Y reverberarán hasta octubre.

Los protagonistas del oficialismo y de la oposición dicen, y luego se desdicen, atendiendo obsesivamente por estas horas cómo repercuten sus posturas en el humor social, a pesar de que son horas post electorales. Es que durante el fin de semana el pueblo argentino les recordó a sus representantes que el poder verdadero es de los ciudadanos. Por eso se equivocaron las encuestas, fracasó la big data, no prosperaron los pronósticos de los politólogos y tampoco acertaron los análisis periodísticos: llegado el día, cada quien vota como se le da la gana. Y esa partitura indescifrable es la verdadera sinfonía de la democracia.

A partir de entonces, el macrismo y el kirchnerismo han elaborado dos diagnósticos. El Gobierno nacional entiende que ha plebiscitado “el ajuste”. Y, dado el desastroso resultado, ha resuelto dar por liquidado el acuerdo con el FMI: las medidas anunciadas representan una erogación de 40.000 millones de pesos de puro déficit. Así que para los “amarillos” la pelea no está terminada. Advierten que sus adversarios lograron el 47% de los votos del 75% de los ciudadanos que fueron a votar, de modo que si logran que vote más gente y recuperan algunos votos perdidos, hay chances de forzar en octubre una segunda vuelta para noviembre.

El peronismo, en cambio, asume que lo plebiscitado ha sido la gestión de Cambiemos. Por tanto, no importa lo que haga la Casa Rosada en la coyuntura, el resultado es irreversible. Sólo hay que dejar que las actuales autoridades sigan gobernando para que se sigan desgastando y esperar, en 72 días, el triunfo en primera vuelta.

Donde ambas lecturas se tocan es en el vértice económico. Es obvio que la larga recesión ha sido determinante en el resultado. Y lo ha sido en todos los niveles: a la crisis la sufren los pobres, como nadie. Y también la clase media, que vio hundirse sus ingresos y también sus inversiones en la epidemia de PyMes cerradas. Y también las clases acomodadas. La Unión Industrial de Tucumán ha comparado la política nacional sobre la industria sucroalcoholera con la crisis de los 60, que cerró la mitad de los ingenios. Los citricultores pasan por una coyuntura donde el commodity ha bajado de precio internacionalmente, los costos de exportación se mantienen y en dólares, y los costos de mano de obra han crecido exponencialmente.

Por esto, no puede caerse en el reduccionismo del “voto bolsillo”. La economía es, también, bienestar, previsibilidad, movilidad social, progreso. Y, por supuesto, es el diario vivir. Por eso resulta reveladora la ceguera de quienes exigían “no votar por la heladera”. Que haya sustento para una familia no puede ser una opción, salvo para quienes la realidad es secundaria.

Gatillos

El resultado de las PASO, y sus consecuencias, también cimbran en Tucumán.

Hay, por un lado, preocupaciones financieras. En el electoralísimo primer semestre, las paritarias estatales cerraron con “cláusula gatillo” que garantizan que los sueldos de los empleados públicos serán compensados hasta igualar la inflación. Con la devaluación de esta semana, las proyecciones en las cuentas públicas han empezado a provocar desvelos.

No menor es el hecho de que la Legislatura haya votado, ayer nomás, la ampliación del Presupuesto General de la Provincia. Esa medida solía concretarse a fines de septiembre o principios de octubre, cuando el último trimestre era previsible, y normalmente rondaba entre un 10% y un 15%. Esta vez fue en agosto y la variación fue del 30%: de los $ 96.000 millones originales a $ 125.000 millones. Para más angustias, puede que no sea el último reajuste, si las variables de la economía nacional no se acomodan. Cuando fue aprobado, el 30 de noviembre de 2018, el dólar cotizaba $ 38 y la Nación estimaba para este año una inflación por debajo del 40% y un crecimiento del PBI que rondaría el 1%.

Con ese mar de fondo, en las cimas del poder político se preparan para “cuatro meses largos y difíciles”. Y en ese contexto, que Macri se sostenga en el poder es toda una preocupación. Claro está, no lo es desde un sentimiento genuino. Juan Manzur como puntal de la campaña de Alberto Fernández en todo el país, y Osvaldo Jaldo como un entrenado cuestionador durante la campaña provincial, convirtieron a Tucumán en la provincia más antimacrista. La prevención del oficialismo tucumano, en realidad, pasa por el hecho de que aún no hay presidente electo en la Argentina. Las PASO, de no servir “para nada”, pasaron a ser decisorias en lo político, pero no definieron más que candidaturas. De modo que los “compañeros” quieren que se llegue en condiciones de institucionalidad a octubre. La angustia de estas horas, en todo caso, es que probablemente haya acuerdos políticos para tratar de garantizar cierta estabilidad, pero los entendimientos entre los factores políticos no tienen correlato con los factores económicos: el mercado subió de forma ditirámbica el viernes, pero cayó de manera infernal el lunes. Tampoco hubo acuerdo con las petroleras para congelar precios. Son horas de plena zozobra.

Permanece latente, además, la duda metódica respecto de si Manzur, ante un eventual triunfo del peronismo, se mudará a Balcarce 50 en la ciudad de Buenos Aires, para ocupar un cargo en el Gabinete nacional, o se quedará para llevar adelante su segundo mandato. El tucumano apostó todas sus fichas por Fernández en la ruleta de la política. El domingo salió “pleno” y fue el único gobernador que subió a festejar al escenario mayor del Frente de Todos. ¿Qué buscará Manzur si el 10 de diciembre Alberto se calza la banda presidencial? ¿Volver a la escena federal o convertirse en el gobernador mimado de la Casa Rosada? Es una decisión de implicancia política, pero de naturaleza personal. Por eso no aparece en las conversaciones con sus colaboradores. En ningún momento. Cuanto menos hasta ahora.

En el orden electoral, el oficialismo también se enfrenta a la posibilidad de incrementar su peso en el Congreso de la Nación. En octubre, pone en juego tres bancas (vencen los mandatos de Marcelo Santillán, Alicia Soraire y José Orellana) de las cinco que se renuevan (los dos restantes son del macrista Facundo Garretón y la radical Teresita Villavicencio). Sin embargo, los números del domingo pasado le alcanzan para consagrar cuatro miembros para la Cámara Baja. En el peronismo confían que ese será el resultado final.

Culatas

En el macrismo tucumano, en contraste, son optimistas. José Cano, como coordinador de la campaña, y Domingo Amaya como primer candidato, recibieron el lunes con gesto adusto por fuera tras el desastre federal de Juntos por el Cambio, pero con satisfacción por dentro por el resultado de las urnas. Sacaron un 23% de los sufragios (contra el 20% del 9 de junio). Y sostienen que, estadísticamente, desde que las PASO se estrenaron en 2011, en las elecciones generales logran más sufragios que en las primarias. En 2017, por caso, las PASO arrojaron un resultado por el cual el Gobierno sentaba tres diputados y Cambiemos sólo uno. Pero en las generales, el reparto quedó empatado en dos bancas para cada sector.

Proyectando los resultados del fin de semana hacia octubre, los macristas necesitan 30.000 sufragios más para obtener una segunda banca. Es un objetivo difícil, que necesita de una variable específica para hacerse realidad: el apoyo del intendente de la Capital, Germán Alfaro. El mismo al que ningunearon al negarle la posibilidad de competir con candidatos propios en las PASO. Y así como deben seducir al jefe municipal, también deben restañar las heridas que le provocaron al intendente de Yerba Buena, Mariano Campero, cuando le impidieron que llevase en la boleta el binomio Macri-Pichetto en las primarias.

Para más complicaciones, la visita a Tucumán de Nicolás Trotta, uno de los coordinadores de los equipos de Alberto Fernández, provocó un inusitado fervor en algunos connotados de la dirigencia tucumana identificada con el macrismo. Ayer, hubo gravitantes referentes que buscaban la manera de contactarse con el abogado. Y no precisamente para que les firmara un ejemplar de Latinoamérica piensa, el libro que vino a presentar...

Comentarios