Puños de acero, corazones de oro: El taekwon-do tucumano va por la gloria

Desde el 24 al 31 de este mes, en Plovdiv, Bulgaria, se desarrollará el Mundial ITF. El esfuerzo de estos atletas amateurs no solo es en la cancha, también afuera, en su búsqueda de recursos.

16 Ago 2019 Por Leo Noli

En la base central de operaciones de la escuela Chong-Ji de taekwon-do, el maestro Rodolfo Castillo les habla, primero, a sus alumnos y después interactúa entre padres y presentes mientras desarrolla un monólogo en el que expresa lo orgulloso que se siente por ser parte de una familia que crece día a día. En realidad, él es la punta del iceberg, es el creador de todo lo que sigue hacia abajo. En el ITF la cosa es piramidal. Todos contentos.

Sonrisa mediante, el líder, 8° dan y a pasitos del noveno, como dicen varios de sus pupilos -“una patadita y ya está”-, sonríe constantemente. Los papis aplauden y sus alumnos gritan algo en coreano. Es un grito de guerra. Y ellos van a ir a la guerra, en breve.

Una guerra que lleva el título de guerra pero está lejos de serlo, porque si hay algo que este arte marcial pregona es luchar con respeto, sabiduría y, sobre todo, sabiendo controlar tu cuerpo. “Eso es clave, si no te pueden descalificar”, la que habla es Valeria Ale, la reina del ITF en la provincia, varias veces galardonada con el premio LA GACETA al mejor takwondista del año -“lo gané siete u ocho veces”- y próxima a encarar su noveno Mundial, la semana que viene en Plovdiv, Bulgaria, del 24 al 31. Valeria es palabra autorizada y una de los altos mandos en la Chong-Ji, podría decirse. Ella es 5° dan.

A esta altura del partido, Valeria asegura que sigue en pie porque le gusta viajar y porque la competencia la motiva. La subcampeona del mundo nos regala una confesión que sorprende: “empecé a entrenar taekwon-do a escondidas”, apa. ¿Por qué? Lo hice por un juego. Venía del karate y en mi casa no tenían que enterarse porque veían al taekwon-do como muy blandito. El karate es diferente. También hice jiu jitsu y demás. Creo que cada arte marcial tiene su belleza, no hay un arte marcial mejor que otra. Cada una es maravillosa”, sostiene quien irá por la gloria en una tierra que conoce. A Bulgaria viajó ya a dos mundiales.

Castillo viaja a Europa como autoridad -al igual que el maestro Adolfo Villanueva (9° dan)-. Su hijo Emilio (5° Dan) lo hará como coach de la delegación argentina, en sociedad con Enrique Romero, y Matías Ríos Olivero, de Santiago del Estero. Hay calidad y sabiduría en el team nacional. Y Tucumán vendría a ser el riñón y los pulmones del equipo argentino: 16 luchadores entre 50 y pico. “Eso habla del nivel que tenemos en la provincia”, festeja Ale, ya concentrada en lo que será esta nueva experiencia en suelo europeo.

TE TEAM. La familia de la escuela Chong-Ji despide a sus guerreros. FOTO GENTILEZA EMILIO CASTILLO

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Javier Sánchez tiene 23 años, es 3° dan y labura en una perfumería y le debe un gracias enorme a su jefe. “Gracias a que él me apoya puedo viajar. Me dio permiso para adelantar mis vacaciones de 2020. Si no, me quedaría afuera, como en 2017…”, entre este platinado y Ale hay risas de resignación. Sucede que en ese año iba a competirse en Corea del Norte, la meca y dueña del taekwon-do ITF, sin embargo con las tensiones por las nubes con Estados Unidos no hubo acción y los chicos perdieron lo invertido en el viaje. “Yo pude recuperar lo poco que quisieron devolvernos”, confiesa resignado Javier, “Y yo viajé igual, pero no entré a Corea, ja”, agrega Valeria.

Si hay algo que tienen estos chicos es que para llegar a donde llegaron hubo que invertir, además de dinero, y mucho esfuerzo. Javier entrena desde los 5. Eso lo dice todo.

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En tiempos donde el dólar se ha convertido para los tucumanos en el monte Everest, conseguir el dinero para viajar es una odisea. Igualmente, aseguran: “hay un compromiso”, y eso significa no claudicar. En el deporte amateur las batallas individuales y grupales siempre son dobles, porque se libran tanto dentro como fuera de la cancha. En fin…

Yamil Ahmad ha llegado a la meta, pero nos cuenta que vendió rifas y sacudió la billetera de sus viejos. Lo bueno, ya está del otro lado y contento porque será su primera experiencia en un Mundial. Tiene un viaje al exterior. “A Bolivia, como internacional. Salí primero en todo”, dice y se refiere a la lucha individual, por equipos y tul. Una bestia.

El peque del grupo es Jonathan Torres. Tiene 15 y una cara de inquieto... Es alumno de Valeria, un señorito. Lejos está de comportarse como a su maestra le disgusta. “Pasa que a veces a los argentinos nos ven mal y nos tildan de cualquier cosa porque siempre están los irresponsables que no saben comportarse. El Mundial pasado sufrimos a unos del centro, de Santa Fe, pero bueno, caemos todos en la bolsa por dos o tres que se portan mal. A veces piensan que viajaron a Bariloche y no a un Mundial. Cuando ves otras delegaciones notás que parecen estar en estado de guerra. Bueno, así hay que ir”, piensa ella. Igual aclara: “Yo soy muy especial para estas competencias”.

EN CASA. En la Sociedad Pan islámica se encuentra la base central de la escuela Chong-Ji

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Al Mundial se llega si ganaste en selectivos.

Al Mundial se llega si sos cinto negro. El resto, lo mira por TV.

La lucha. Uno que no sabe puede pensar que al momento del enfrentamiento gana el que pega más y más fuerte. No. “Hay que marcar puntos, tirando a la cabeza y a las costillas. Se puede noquear, sí, pero hay que saber cómo hacerlo. Está prohibido el uso desmedido de la fuerza”, me dicen a coro los chicos.

Los años de entrenamiento hacen que ellos sepan hasta dónde estirar el puño y con qué potencia. “Te pueden descalificar, si entienden que hubo uso desmedido de la fuerza. Y si hay sangre, también”, explica Javier. Valeria zafó el Mundial pasado. Le dio murra a una china, ella sangró, pero fue en un ataque en la que la asiática se le venía al humo y ella, con una patada descendente, la frenó. En el impacto, la china se abrió. “Yo avisé a los jueces. Zafé”. Lo mismo le pasó con una eslovena. La noqueó dos veces. “Si ella no se paraba y no seguía peleando me dejaban afuera”, uf.

Las reglas han cambiado. Cada participante se asegura un round contra cuatro países. No es una pelea y a la casa, si va mal. A Bulgaria viajan los tucumanos, a su guerra.

Fin.

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