Marcelo Aguaysol
Por Marcelo Aguaysol 09 Agosto 2019

Pocas veces antes se vio un escenario tremendista previo a un turno electoral. La Argentina no está al borde del abismo ni del cataclismo por efecto del resultado de las primarias. Es el primer round de una pelea en la que primará el estudio más que la búsqueda del knock out. En un escenario de clara polarización, quien gane el domingo lo hará por puntos. Claro que la búsqueda será por el 45% de los sufragios, esos que garantizan una victoria en primera vuelta. Eso sí puede ser determinante para el rumbo político, institucional y económico del país. El caos no le sirve a nadie. Ni a Mauricio Macri; ni a Alberto Fernández, ni a Roberto Lavagna. Ni a ninguno de los otros postulantes a la Presidencia de la Nación.

Los caminos y las propuestas entre los contendientes se bifurcan, pero el país es el mismo. Macri aplica recetas que al kirchnerismo le han venido al dedillo, como el aliento al consumo en tiempos electorales -sin emisión monetaria- y, a la vez, Fernández está expuesto al pragmatismo; de otro modo, no le queda margen de maniobra si no acuerda con los actores económicos. Se trata de una cuestión de matices. Eso es lo que se expondrá en las Primarias Abiertas, Simultáneas y Obligatorias (PASO) del domingo en los comicios presidenciales. Será una elección para mirar con lupa cada movimiento que se realice y para corregir los errores hasta el próximo turno electoral: las generales del 27 de octubre que viene. Todos quieren hacer el mejor comicio posible.

Juan Manzur está en medio del fuego cruzado de la polarización. El gobernador tucumano se encolumnó tras la fórmula Alberto Fernández-Cristina Fernández de Kirchner. El diálogo es más fluido con el ex jefe de Gabinete que con la ex presidenta de la Nación. La relación con la precandidata a vice por el Frente de Todos pasa por un período de pruebas. En Rosario ha quedado eso en evidencia. El Acta Compromiso que se firmó en Santa Fe es parte de la estrategia que el tucumano diseñó para los Fernández. Si bien Manzur sostiene que no tiene previsto dejar la gobernación, en Buenos Aires siguen especulando con un eventual desembarco del reelecto gobernador, pero no como jefe de Gabinete si los Fernández recuperan el poder. Muchos lo ven como un potencial ministro del Interior.

El mandatario provincial, sin embargo, cree que es más conveniente quedarse por estas tierras para que, en caso de que los Fernández asuman el 10 de diciembre, capitalice las primeras obras que podría ejecutar si el Partido Justicialista asume la conducción de la Argentina.

La foto del acto de Rosario es un indicio que a Manzur le brinda cierta tranquilidad. Cristina Fernández asomó en esa postal como una primus inter pares, una más de la fuerza opositora que quiere arrebatarle a Macri la Presidencia. Todo parece indicar que ella no tendrá un rol preponderante en el armado de un eventual gobierno justicialista, que sólo se dedicará a la tarea legislativa.

Alberto Fernández, al mismo tiempo, trata de mostrar que su fortaleza política está dada en los gobernadores que acompañan su proyecto. Pocas veces antes los gobernadores peronistas han tenido tanta influencia en el armado de una coalición. La idea de un cogobierno asoma como una probabilidad en caso de una victoria justicialista.

Pero el apellido Manzur no sólo se lo menciona insistentemente en ámbitos peronistas. Cuentan que ayer, antes de emprender vuelo a Tucumán, la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, mencionó al presidente Macri que tenía previsto una escala electoral en territorio manzurista. “No entiendo la lógica de ese gobernador”, dicen que lanzó el jefe de Estado nacional a algunos de los miembros de su gabinete. Las relaciones siguen siendo frías entre el tucumano y el Presidente. Y nada parece indicar que se modifiquen en el corto plazo. Incluso, algunos macristas sostienen que hay mandatarios provinciales como el santiagueño Gerardo Zamora o el formoseño Gildo Insfrán, que profesan la fe justicialista, pero que tienen abierto el teléfono al llamado de la Casa Rosada.

Al descubierto

Las semanas previas a las primarias sirvieron para alimentar una inédita polémica: la del manejo financiero de las provincias y de los grandes municipios del país. En medio de la campaña se conoció que, al cierre de junio pasado, Tucumán atesoraba cerca de $ 4.800 millones en cuentas bancarias, de los cuales, unos $ 1.500 millones correspondían a depósitos en plazos fijo, mientras que otros $ 2.700 millones eran por cuentas sin especificar. La difusión de este dato puso nervioso al equipo económico de la Casa de Gobierno tucumana que negó inmediatamente la disponibilidad de ese dinero.

Cada vez que el Estado debe reunir fondos para abonar sueldos (el cronograma salarial de julio se saldará hoy), los funcionarios del Ministerio de Economía transpiran. Desde hace varios meses vienen utilizando lo que se denomina un descubierto ante el faltante de fondos constantes y sonantes. Según trascendió, el Poder Ejecutivo solicita préstamos a corto plazo por entre $ 500 millones y $ 800 millones que, al finalizar el período, son cancelados con los excedentes de los giros por transferencias de recursos de coparticipación federal de impuestos.

Manzur sostiene que las finanzas provinciales se sostienen en un precario equilibrio fiscal. Más bien, el panorama se presenta algo complicado para el mediano plazo, cuando se anualicen los incrementos salariales otorgados a los más de 100.000 empleados de la administración pública provincial, incluyendo las cláusulas gatillos. A prima facie, los $ 5.000 millones en promedio que el Estado tucumano destina para cubrir los compromisos salariales mensuales se incrementarán a $ 7.000 millones hacia 2020, más allá de la pauta inflacionaria. Esa es una preocupación mayor para lo que se viene.

El 12A, sin embargo, encontrará a la Argentina, en general, y a Tucumán, en particular, con la reacción natural de un mercado que actúa por emociones. Puede que el dólar se ajuste un poco más, y eso dependerá del resultado de las PASO.

Aún prevalece una extrema cautela entre los operadores, y ante ello las lecturas que dejen las primarias hacia la siguiente escala del 27-O elevarían la reacción inversora y la volatilidad, advierte el analista Gustavo Ber. En especial en el actual ambiente de hiperpolarización entre las principales fuerzas políticas se monitoreará ya no sólo la diferencia de votos sino también la cercanía al 45%, sumado a las implicancias que podrían derivarse por el actual desafiante clima externo, completa el economista.

Esa es la percepción generalizada que existe en el mercado, la de una Argentina que sigue siendo volátil, en la que los empresarios y los industriales reclaman -a viva voz- que bajen las tasas de interés para alcanzar el deseado financiamiento. Muchos de ellos han quedado en el camino porque no pueden cumplir sus compromisos financieros. Ese escenario trasunta en una menor oferta laboral y, en muchos casos, en un achique de la planta de personal hasta tanto pase la tormenta.

La sensación que queda es que hay una Argentina que debe continuar su curso, más allá de las PASO. Por esa, y por muchas otras razones, el caos no le sirve a nadie. Al fin y al cabo, alguna vez tendría que primar el sentido común y buscar soluciones entre todos los sectores para que los 44.938.712 argentinos no paguen las consecuencias de las pujas políticas y electorales.

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