RUBRO.“Gran orquesta” es el único filme de una tucumana que interviene en la Categoría Latinoamericana.

Hace casi dos décadas, la documentalista tucumana Peri Azar encontró en Buenos Aires un antiguo baúl en un contenedor de escombros. Adentro había carpetas con rótulos que decían “Héctor y su Jazz”. Eran las partituras de una orquesta dirigida por Héctor Lomuto, que junto a sus hermanos Enrique y Francisco, hicieron sus primeras incursiones en el mundo del jazz durante la década de 1930.
“Gran orquesta”, el filme que mereció el premio a la mejor directora en la reciente competencia latinoamericana del Bafici, se verá hoy a las 22 en la sala 1 del Solar, de Yerba Buena.
Con el pie derecho
En diálogo con LA GACETA, Azar mencionó que su obra recién está dando sus primeros pasos, pero ya despertó gran interés en el público. No sólo mereció buenas críticas en la Argentina sino también en España, donde batió récord de recaudación en el Festival de Huesca. En el cine Gaumont, de Buenos Aires, estuvo en cartelera durante dos semanas, algo que para un documental es infrecuente. En septiembre la presentarán en Piriápolis (Uruguay) y luego la llevarán a Italia.
Sobre el proceso de realización, la directora contó que fue complicado conseguir material de archivo sobre la banda, porque no hay instituciones que recopilen material sobre jazz en la Argentina.
De los seis años que le llevó terminarla, la mitad los ocupó reuniendo datos e investigando, a la vez que gestionaba el trabajo de resonorización de la música. El resultado, según la autora, fue “una película muy sencilla, con presupuestos muy reducidos y un esfuerzo personal enorme”. “Estoy muy contenta -afirmó- porque la película resulta muy estimulante para mucha gente que tiene archivos, cosas de sus padres o abuelos que fallecieron, y no sabe qué hacer con ellos. No saben que tienen un valor incalculable”.
Escasez de archivos
Cuando comenzó a investigar, no encontraba grabaciones de Héctor Lomuto, hasta que poco a poco comenzaron a aparecer en archivos privados y de otros investigadores. “Otra gran alianza fue la gente del tango -señaló-. Los que integraban la orquesta de Lomuto eran todos músicos muy profesionales que salían a tocar desde muy jóvenes y podían interpretar cualquier partitura que les pusieran delante. Desde los años 30 en adelante formaron parte de big bands, pero muchos de los músicos de la orquesta de Héctor también tocaron con Aníbal Troilo y otras agrupaciones”.
Motivación personal
“Gran orquesta” es el primer largometraje de Azar, que tiene una vasta producción de cortos. Al tema la acercó su afición por la música y también su apasionamiento por el archivo.
“Colecciono fotos y películas domésticas, y las partituras eran una plataforma increíble para repensar el pasado desde un archivo huérfano. Pero también tenía motivaciones personales con el jazz, antes de encontrar el baúl -reveló-. Mi abuelo, Alejandro Azar, fue baterista y líder de una jazz band en Tucumán, a principios de los años 30. Se llamaba ‘La banda de Alejandro’. Una banda bastante particular porque incluía violines... ¡y bombos! No sé cómo sonaba porque no quedan registros fonográficos, pero me imagino una cosa muy híbrida y divertida. Mi abuelo era muy amigo de Alejandro Romay, que como no sabía tocar ningún instrumento, cuenta la leyenda familiar que entraba a los bailes con la banda haciendo de presentador y así comenzó su carrera como locutor”.
Héctor Antonio Lomuto nació en 1914, en el porteño barrio de Boedo. Era hijo de un matrimonio italiano, el violinista Víctor Lomuto y la pianista Rosalía Narducci. Era el menor de diez hermanos, de los cuales cinco fueron músicos (Francisco, Víctor, Oscar, Enrique y Héctor). Desde pequeño estudió piano con su madre y con sólo 10 años debutó en la orquesta típica de su hermano Francisco. Pronto comenzaría a componer.







