Quejas por el trato a los afiliados al PAMI

01 Ago 2019 Por LA GACETA

Con frecuencia, quienes han honrado largamente su vida laboral, sueñan con el merecido descanso de la jubilación, que les permitirá aprovechar todo el tiempo para sí mismos, sin necesidad de cumplir horarios o para encarar nuevos proyectos. Sin embargo, si se ha llegado en buenas condiciones a esa etapa, se debe enfrentar la declinación natural propia de la vejez que se aproxima y los problemas de salud se profundizan. Si a esta realidad se suman los magros haberes que percibirá, su vida se volverá penosa, especialmente si no puede costearse otra obra social diferente al Instituto Nacional de Servicios Sociales para Jubilados y Pensionados (INSSJyP) como se denomina ahora el Programa de Asistencia Médica Integral (PAMI), que lo mantendrá cautivo y a la que tendrá que seguir aportando.

Desde hace muchísimos años las quejas de sus afiliados se renuevan y parte de ellas son publicadas en nuestra Sección Cartas. En la edición de ayer, un lector comentó que una pariente mayor de 70 años con varios problemas de salud, por su gravedad, fue internada en el sanatorio que le asignó el PAMI. Contó que como era fin de semana no había quién le sacara sangre para hacerle los análisis y le dijeron que el lunes se los harían. Criticó la burocracia y la mala atención; en su opinión, todo está hecho a propósito para complicar cualquier trámite, “esperando que se muera el paciente, antes de gastar plata en tratar de curarlo o darle una mejor calidad de vida. ¿Cómo puede ser que uno de nuestros abuelos necesite realizarse un estudio o ver a un médico especialista y le den turno para semanas o meses después? Si tiene una enfermedad urgente de atender, ¿cómo pueden decirles ‘tiene turno con el médico el mes que viene’?”, dijo.

El 15 de julio, un lector dijo que se hallaba en estado de abandono por parte de las autoridades del PAMI. Contó que hace 40 meses, tramitó una silla de ruedas especial; le adeudan además el reintegro por un estudio que realizó en 2017, que el subsidio por transporte para ir a la Facultad es insuficiente y que no había trabajadora social para hacer nuevo informe sobre esta y otras prestaciones incumplidas. “Tengo discapacidad motriz y me manejo en silla de ruedas. Hace mucho tiempo que vengo luchando sin ser escuchado. Espero que aquellos que dirigen la obra social puedan resolver todas mis necesidades, que son mis derechos”, escribió. El 13 de julio, una lectora denunció el maltrato recibido por una empleada en la sede central de la calle Córdoba al 900, adonde había sido derivada por la sucursal de Yerba Buena.

El 10 de abril, un lector protestó porque las autoridades de PAMI en Tucumán adoptaron como norma producir cambios compulsivos de prestadores de la salud (clínicas y sanatorios), así como de los médicos cabecera de los afiliados, sin informarles de la nueva modalidad burocrática. Otras dos cartas en nuestra edición de hoy dan cuenta de más problemas de los afiliados.

El 13 de mayo, el PAMI cumplió 48 años y lo lamentable es que ningún gobierno ha sido capaz de solucionarles los problemas a los más de 4 millones de afiliados para que tengan una vejez digna, o que puedan elegir el médico y el sanatorio que quieran, como sucede en su vida activa. Curiosamente, las necesidades de los jubilados nunca constituyen una prioridad para los representantes de turno. Sería importante que los gobernantes entendieran alguna vez que la vejez no debe ser sinónimo de desdicha.

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