Torres en distintas ciudades

Sus obras enriquecieron las urbes y se integraron armónicamente.

21 Jul 2019 Por Daniel Dessein

“Todos están hablando de la Torre Pelli, pero creo que quienes la critican no entienden que es parte de la evolución urbanística”, me dijo el arquitecto Raúl Romero, en 2012, mientras recorríamos Sevilla. El edificio en construcción, de 178, metros había superado la altura de la Giralda, que es el campanario de la catedral y el gran monumento histórico de la ciudad. Eso generó una gran controversia. Sus detractores, entre los que se incluyó la Unesco, afirmaban que la Torre Cajasol -o Pelli, para la mayoría de los sevillanos- tenía un impacto negativo sobre los monumentos históricos de Sevilla.

“Cuando algunos sevillanos hablan de modernismo se refieren al siglo XVI. Hay quienes no quieren ningún cambio y esta es una actitud que me resulta muy simpática, aunque no la comparto. Hace una semana, el arzobispo apoyó la construcción de la torre y eso cuenta mucho en Sevilla. Dijo que si hubieran frenado este tipo de emprendimientos en el pasado, probablemente hoy no tendríamos la Giralda”, contestaba el autor de la polémica torre.

La solidez del razonamiento que exponía Pelli quedó demostrada por una larga serie de sus obras que se integraron armónicamente en diversas ciudades: las enriquecieron y, en muchos casos, se convirtieron en sus nuevos íconos.

HOLLYWOODENSE. La torre de Hong Kong apareció en “Batman”.

Uno de esos casos se encuentra en el extremo opuesto de España. El Museo Guggenheim, diseñado por Paul Gehry, y la Torre Iberdrola, de Pelli, son los edificios que definen a Bilbao. La Iberdrola obtuvo el LEED de platino, la máxima certificación mundial de sustentabilidad; o sea, en la capacidad de integrarse a un lugar sin desequilibrar el medio ambiente.

A mitad de camino entre Sevilla y Bilbao, se levanta uno de los edificios más celebrados de Pelli: la madrileña Torre de Cristal. El nombre y sus características remiten al Crystal Palace de Joseph Paxton (aunque el heredero más directo de esta obra es el jardín de invierno del World Financial Center). El Crystal Palace, construido en 1851 y desmontado un año más tarde, era -para Pelli- el edificio moderno más influyente que se haya creado y, no obstante, uno de los menos valorados.

La Torre de Pelli es un prisma irregular que genera contrastantes efectos de luz que impactan a todo aquel que la contempla. Es una suerte de escultura tallada en cristal que se levanta sobre la calle principal de Madrid y que, con sus 250 metros, sobresale junto a otros tres rascacielos que conforman un conjunto armónico. En la cúpula alberga un jardín vertical de 30 metros, el más alto de Europa.

Los edificios de Pelli aparecen en los más distintos rincones del mundo. El Two International Finance Center es un rascacielos de vidrio y acero de 415 metros y 185.000 metros cuadrados de superficie, terminado en 2003. Ese año se convirtió en el edificio más alto de Hong Kong, título que mantuvo hasta el 2010, año en que pasó al segundo lugar detrás del Internacional Commerce Center. Así como las Petronas “coprotagonizaron” una película con Sean Connery y Catherine Zeta Jones (La Trampa, 1999), el Two Internacional Finance Center tuvo un papel relevante en otras producciones hollywoodenses como Lara Croft o el segundo Batman, de Christopher Nolan.

Pelli tenía proyectos en otras 15 ciudades chinas. Algunas de ellas con nombres poco conocidos en Occidente, como Tianjín y Ningbó, donde se levantarán torres de más de 520 metros con el sello –ecléctico, elusivo, pero sello al fin- del genial tucumano.

La Gran Torre Santiago, de la compañía Cencosud, es el edificio más alto de Santiago de Chile. Con 300 metros también es el más alto de Sudamérica, el más grande edificio comercial de América latina (estiman que recibirán tres millones de visitantes mensuales) y un hito arquitectónico que refleja el desarrollo económico del país.

“Nadie construye en el mundo como los japoneses”, me dijo cuando le pregunté por las decenas de proyectos que tenía en los más diversos lugares del mundo. Me llamó la atención esa referencia asociada a un país azotado por sismos. “Con los avances de la ingeniería y con las nuevas tecnologías y materiales, hoy ha dejado de ser un problema. Cuando diseñamos edificios altos pensamos en la protección contra el viento. Esa protección es suficiente para resguardarlos de los sismos. Cuanto más altos son los edificios, menos los afectan los terremotos. Las Petronas, por ejemplo, pueden oscilar unos 30 centímetros. Un ingeniero de estructura que trabaja conmigo suele decirme ‘si viene un terremoto, hay que correr hacia el edificio más alto’”.

Más allá de los rascacielos, hay muchas obras que el tucumano quiere particularmente, como la Nueva Biblioteca de Minneapolis o el estadio Bok de Tulsa.

El proyecto más complejo de los últimos que encaró su estudio fue la nueva estación de ómnibus y trenes de San Francisco. Una enorme construcción revestida de vidrio, con gigantescos embudos que llevan luz natural a los subsuelos y un techo en el que se emplaza un parque público verde.

Y un proyecto que lo conmovió de manera especial: la construcción de dos nuevos edificios que complementaron su Pacific Design Center, edificio que diseñó en 1971 y que se terminó en 1974. “Se terminará pronto y, por lo tanto, me habrá llevado más de 40 años terminar la obra. Eso es lo bueno. Significa que uno no puede morirse porque tiene que terminar su trabajo”, bromeaba y soltaba una de sus carcajadas características que solían acompañar muchas de sus frases. Le pregunté si pensaba en la muerte. “No -contestó seco- porque no tiene sentido”.

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